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Salud reproductiva

Opinión: La necesidad de evaluar programas para jóvenes

Por la doctora Nancy E. Williamson, Colaboradora principal en la investigación de operaciones mundiales, Fronteras en Salud Reproductiva
 

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Los jóvenes adultos de hoy día son nuestro futuro. Sus energías, lide- razgo y sabiduría configurarán el mundo en este nuevo siglo. Se ocu- parán de nuestra generación a medida que envejecemos más y sustentarán a la siguiente generación.

Por consiguiente, la protección de su buena salud tiene vital importancia para todos nosotros. En todo país se necesitan programas y estrategias eficaces para proteger la salud reproductiva de los adultos jóvenes, pero son especialmente urgentes para los jóvenes de los países en desarrollo.

En todo el mundo, millares de mujeres jóvenes mueren cada año por complicaciones debidas a embarazos no planificados, y muchas de esas muertes se deben a abortos clandestinos. Y en 18 países africanos, se prevé que una tercera parte de las quinceañeras actuales se infectarán con el VIH durante sus vidas adultas y morirán a causa de esta terrible enfermedad.

fotografía - Nancy Williamson

Las adolescentes de los países en desarrollo necesitan información exacta para evitar embarazos no planificados, enfermedades y otros problemas graves de salud reproductiva y servicios. Necesitamos una serie de programas escolares diseñados cuidadosamente, esfuerzos comunitarios y mensajes responsables transmitidos por los medios de información que ayuden a educar a los jóvenes.

En abstracto, es fácil saber lo que los jóvenes necesitan para una buena salud reproductiva. Los adultos jóvenes necesitan conocimientos básicos relativos al funcionamiento de su cuerpo y las inquietudes que tienen acerca de la salud reproductiva, que se pueden proporcionar mediante la educación para la vida en familia . Necesitan medios para desarrollar aptitudes interpersonales más fuertes (por ejemplo, cómo evitar las relaciones sexuales sin protección). Los jóvenes deben saber cuáles son los servicios de salud que tienen expresamente a su disposición (tratamiento de enfermedades de transmisión sexual, anticoncepción y atención en el postaborto) y cómo obtener productos (condones y otros anticonceptivos, medicamentos para recibir tratamiento y materiales educacionales). Deben saber que las decisiones que tomen hoy podrían ayudarlos o perjudicarlos a ellos mismos y a sus seres queridos, y quizás con consecuencias duraderas.

Sin embargo, los métodos concretos para satisfacer las necesidades de salud reproductiva de los adolescentes varían considerablemente. Algunos programas adoptan un enfoque holístico respecto al desarrollo de los jóvenes, mientras que otros favorecen un enfoque más directo de la salud reproductiva. Entre esos enfoques figuran la educación para la vida en familia impartida en las escuelas, las campañas de los medios de información (prensa, radio y televisión), los programas educacionales impartidos por compañeros, los centros para los jóvenes, las líneas telefónicas directas, los grupos teatrales y los programas de postaborto y postparto. Algunos programas religiosos y deportivos participan en estrategias de salud reproductiva para los jóvenes, y también en una variedad de otros proyectos, por ejemplo: mercadeo social de condones para los jóvenes, exámenes y asesoramiento relacionados con el VIH, esfuerzos para evitar que los jóvenes abandonen la escuela, capacitación laboral, consejos para que no se casen tan jóvenes y asesoramiento premarital entre ellos. La mayoría de los programas actuales se realizan en pequeña escala. (Judith Senderowitz, consultora que ha escrito extensamente acerca de los adolescentes, ha preparado un estudio reciente de los programas para los jóvenes en los países en desarrollo.)1

Sólo un porcentaje ínfimo de los recursos mundiales se dedican a ayudar a los jóvenes en los países en desarrollo para que aprovechen todo su potencial. Ante el enorme número de jóvenes y la gravedad de los problemas, existe la tentación de asignar todos los recursos disponibles a los programas de acción y simplemente «seguir adelante». La evaluación podría parecer un lujo.

Recursos limitados

Pero, ¿seguir adelante con qué? Se deben tomar decisiones difíciles relativas a la forma de asignar recursos muy limitados. Numerosos programas llegan a los jóvenes mucho después de que necesitan la información, en vez de llegarles cuando ésta es más crucial. Es posible que otros programas no aborden las cuestiones que más inquietan a los jóvenes. Los directores de programas y los profesionales de la salud no están bien informados respecto a las formas eficaces, en función de los costos, de beneficiar al mayor número de jóvenes de ambos sexos, a los diferentes grupos de edades, a los jóvenes en la escuela y a los que no asisten a ella, y a los jóvenes solteros y casados.

Tomemos el ejemplo de los centros para los jóvenes, que son lugares donde los adolescentes se reúnen para divertirse y donde también tienen acceso a información o servicios de salud reproductiva. A primera vista, esta estrategia parece razonable. Pero una evaluación reciente de 14 centros en África reveló que los centros para jóvenes suelen atender a números reducidos de ellos (con frecuencia, a los varones de más edad), no son especialmente buenos lugares para ofrecer servicios e información relacionados con la salud reproductiva, y son relativamente caros. 2

Otros investigadores han observado que los centros de jóvenes de México eran menos eficaces en función de los costos que un programa comunitario para jóvenes en atraer a usuarios de planificación familiar.3 Por otra parte, programas de postparto como uno en Jamaica y otro en México han tenido mucho éxito en animar a las madres adolescentes a posponer un segundo embarazo.4 Lamentablemente, no hay datos de la eficacia en función de los costos relativos a la mayoría de los programas para adolescentes en los países en desarrollo.

¿Cómo pueden los directores de programas vigilar los resultados de diferentes estrategias y los recursos requeridos? ¿Cómo se pueden elegir las estrategias que son más eficaces y que deben ampliarse? A continuación se presentan preguntas clave que los directores pueden plantearse:

  • ¿Cuáles comportamientos está el programan tratando de cambiar? ¿Es el programa preventivo, curativo o ambos? Una vez que se hayan determinado estas características clave, se podrán elaborar indicadores básicos útiles.
  • ¿Están las actividades programadas dirigidas hacia el cambio de dichos comportamientos?
  • ¿Está el programa dirigido a todos los jóvenes de una zona geográfica o se ha centrado en un grupo especial (por ej., jóvenes de más o menos edad, varones o jovencitas, jóvenes en la escuela o los que no asisten a ella, jóvenes casados o solteros)? ¿Beneficiará sólo a los jóvenes que acuden al sitio?
  • ¿Tiene el programa efectos que van más allá de los cambios que se esperan a medida que los jóvenes maduran?
  • ¿Tiene el programa otros efectos además de los cambios que ocurren en la zona del proyecto? (Para saber esto, se puede comparar la zona atendida con una zona parecida que no se está atendiendo y que sirva de «control».)
  • ¿Qué otros gastos serán necesarios para ejecutar el programa?
  • ¿Se aprovecharía mejor el dinero en otro tipo de programa?
  • Si el programa da resultados, ¿se podrá sostener?
  • Si el programa tiene éxito, ¿puede ampliarse?

El Proyecto Fronteras en Salud Reproductiva del Population Council y sus socios, FHI y la Universidad de Tulane, están abordando estas cuestiones en programas para jóvenes en México, Bangladesh, Kenia y Senegal. Se está comparando una estrategia dirigida a mejorar el entorno para la salud reproductiva de los adolescentes y a hacer que los servicios sean más amistosos para los jóvenes, con una estrategia que incluye esos dos elementos y un programa escolar. La eficacia en función de los costos de ambas estrategias se incluyen en la evaluación.

Se necesitan urgentemente la supervisión y la evaluación cuidadosa precisamente porque las necesidades de nuestros jóvenes son tan importantes.

FHI recomienda a la doctora Williamson al Population Council para que trabaje en el Proyecto Fronteras en Salud Reproductiva, con sede en Washington. La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional apoya este proyecto mundial de investigación de operaciones.

Lecturas adicionales

Las siguientes dos publicaciones recientes son útiles para evaluar los programas para jóvenes: A Guide to Monitoring and Evaluating Adolescent Reproductive Health Programs, por Susan Adamchak, Katherine Bond, Laurel MacLaren et al. y Getting to Scale in Young Adult Reproductive Health Programs, por Janet Smith y Charlotte Colvin. Ambas pueden obtenerse del Proyecto FOCUS on Young Adults, Pathfinder International, Attn: Communications Advisor, 1201 Connecticut Avenue NW, Suite 501, Washington, DC 20036; o por correo electrónico dirigido a: focus@pathfind.org.

Referencias

  1. Senderowitz J. A review of program approaches to adolescent reproductive health. Unpublished paper. U.S. Agency for International Development, 2000.
  2. Erulkar AS. Overview of youth centre assessments in Kenya, Zimbabwe, and Ghana. Unpublished paper. The Population Council, 2000.
  3. Townsend JW, Díaz de May E, Sepúlveda Y, et al. Sex education and family planning services for young adults: alternative urban strategies in Mexico. Stud Fam Plann 1987;18(2):103-8.
  4. Chávez N, Schenkel P, Vernon R. Postpartum Education for Adolescents: Evaluation and Refining of a Model for Institutionalization. Mexico City: Centro de Orientación para Adolescentes and The Population Council, 1992.