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Salud reproductiva

Lo que la gente espera de los servicios

El interés en los efectos colaterales de los anticonceptivos indica que el asesoramiento es muy importante.

Network en español: Verano 1998,
Vol. 18, No. 4

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En los programas de planificación familiar es posible que haya brechas entre los servicios ofrecidos y los servicios que los clientes necesitan.

Comprender mejor lo que las mujeres y los hombres esperan de los programas de planificación familiar puede ayudar a salvar esas brechas. Los estudios realizados por el Proyecto de Estudios de la Mujer de FHI (WSP) revelan que los clientes tienen una idea clara de lo que esperan de los programas de salud reproductiva. Por ejemplo, desean recibir información explícita acerca de los efectos colaterales de los métodos anticonceptivos. Además, también desean que se presten servicios a los hombres.

Los estudios indican que la gente desea estar en un entorno cómodo en el que pueda hablar de sus necesidades personales de atención de salud. Los clientes desean programas que se centren en la calidad, lo cual incluye una variedad de opciones anticonceptivas, asesoramiento a fondo dado por los proveedores capacitados y que tengan conocimientos, y un entorno privado durante el asesoramiento y los exámenes. Ante todo, las mujeres y los hombres dicen que desean que se los trate con dignidad y respeto.

El diseño de los servicios teniendo en cuenta las diferencias de género, es decir, las funciones que la sociedad ha establecido para las mujeres y los hombres, puede ayudar a que los programas logren algunas de esas expectativas importantes.

Una mujer de El Alto, Bolivia, describe un consultorio lejano al que acude, y opina: "Prefiero ir allí, a pesar de que queda lejos, porque me tratan amablemente. Me hablan y me explican cosas. Y cuando no entiendo algo o no lo sé, él [el médico] me lo explica. Yo le agradezco mucho a este médico porque, aunque el consultorio queda lejos, otras personas no me tratan como él. Aunque tengo que pagar, no importa".1

Efectos colaterales

A los clientes les preocupa especialmente los efectos colaterales de los anticonceptivos. Es posible que los proveedores minimicen la importancia de los efectos colaterales porque no ponen en peligro la vida, pero los clientes dicen que estos efectos sí tienen consecuencias en su vida cotidiana. Ya sean reales o no, los efectos colaterales son la razón por la que muchas parejas dejan de usar la anticoncepción o se niegan a usarla. Las investigaciones realizadas por el WSP observan que los efectos colaterales eran una preocupación importante para las mujeres y los hombres.

En un estudio realizado por el WSP en Zimbabwe, las mujeres y los hombres opinaron que la planificación familiar era un elemento importante en la calidad de la vida. Sin embargo, las mujeres también señalaron consecuencias negativas de la planificación familiar: fracaso del método, dolor de cabeza y sangrado menstrual prolongado. Pidieron que los proveedores de atención de salud ofrecieran más información acerca de los métodos y que se incluyeran a los hombres en el asesoramiento. Un hombre opinó: "La pareja puede decidir conjuntamente cómo puede resolver los problemas. Puede decidir usar métodos tradicionales para el espaciamiento de los hijos o ponerse de acuerdo en que el esposo use condón".2

En Indonesia, el 31 por ciento de las 180 usuarias de anticonceptivos en Sumatra del sur y Lampung notificaron lo que consideraban problemas "graves" relacionados con el uso de anticonceptivos. Entre ellos figuraban: aumento o pérdida de peso, dolor de cabeza, amenorrea, sangrado menstrual irregular y fatiga. Una mujer de Lampung dijo que los anticonceptivos orales causaban muchos problemas, incluida la pérdida de deseo sexual.3

Otra mujer de Indonesia, de 44 años de edad y madre de cuatro hijos, dijo que no estaba contenta con el "sistema safari" de la planificación familiar, en el que los trabajadores de salud visitan una aldea para proporcionar métodos, pero se marchan al poco tiempo y no están allí para asesorar a las mujeres acerca de los efectos colaterales. "La persona que acepta el método tiene que correr el riesgo" y no recibir ayuda fácilmente, declaró. Y agregó: "Protestar? Esta es una aldea. Es mala educación protestar".4

En Iloilo, Filipinas, la eficacia y la ausencia de efectos colaterales fueron el primer y el segundo factor más importante que señalaron 1.100 mujeres respecto al uso de la planificación familiar. Cuando se preguntó a las usuarias por qué deseaban seguir usando el método que usaban en ese momento, aproximadamente la cuarta parte de ellas indicaron la ausencia de efectos colaterales. Cuando se preguntó a las personas que no usaban la planificación familiar por qué estarían dispuestas a elegir un método en particular en el futuro, el 12 por ciento de ellas dijeron que la ausencia de efectos colaterales era importante.5

Un estudio realizado por el Instituto de Investigación para la Cultura de Mindanao (RIMCU) en Filipinas, con la atención del Population Council, encuestó a 400 mujeres casadas que habían comenzado a usar la anticoncepción en 1992 y observó que se había registrado una tasa de abandono de 31 por ciento en los programas públicos o del gobierno en el primer año. Más de la mitad de las personas que habían abandonado los métodos dijeron que lo habían hecho por los efectos colaterales. El 71 por ciento de las 96 usuarias de píldoras dijeron que los efectos colaterales habían sido el motivo por el que habían dejado de usar el método.6

cuadro - Perspectiva de las clientas

En Bangladesh, el 40 por ciento de las 104 mujeres entrevistadas dijeron que habían sufrido problemas de salud a causa del uso de anticonceptivos. En muchas de ellas, los efectos colaterales causaron problemas físicos y también emocionales porque el esposo se preocupaba por la incapacidad de las mujeres de trabajar o por el costo del tratamiento de los efectos colaterales. "Mi esposo se enojó mucho y me regañó fuertemente cuando me enfermé a causa de la T de cobre. Me dijo: 'No me ocuparé de ti si algo te ocurre ni te daré dinero para pagar el tratamiento'."7

El miedo a los efectos colaterales hace que algunas personas no se animen a comenzar a usar la planificación familiar. En un estudio realizado por el WSP en Cebú, Filipinas, se observó que a casi el 40 por ciento de las 296 mujeres que no usaban anticonceptivos les preocupaban los efectos colaterales.8 Además, muchos hombres y mujeres basan su decisión de no usar la planificación familiar en información incorrecta o engañosa. Para algunas usuarias, incluso las que han recibido asesoramiento, es difícil aceptar la realidad de los efectos colaterales. Una mujer de Malí que sufrió amenorrea declaró: "Aunque me lo habían dicho Pasaba tanto tiempo sin tener el período Bueno, en realidad no me lo esperaba".9

El asesoramiento a fondo puede ayudar a las clientas a decidir cuáles síntomas son causados por la anticoncepción y cuáles indican otros problemas de salud. Los científicos del WSP han recomendado que los proveedores reciban capacitación especial en cuanto al manejo de los efectos colaterales; por ejemplo, recomendar el uso de ibuprofeno o un estrógeno para controlar el sangrado menstrual. Los científicos también recomiendan que los proveedores de atención de salud trabajen con los que promueven los intereses de la mujer para establecer redes de compañeras, en las que las usuarias que tienen experiencia puedan aconsejar a las nuevas usuarias acerca de los posibles efectos colaterales y las estrategias prácticas para su manejo. También son importantes las investigaciones para elaborar métodos que tengan menos efectos colaterales. Edna Roland, de FALA PRETA! [Habla, morena!], que es un grupo que promueve los intereses de la mujer en el Brasil, opina: "No debemos contentarnos con que las mujeres decidan cuáles efectos colaterales van a elegir".

Participación de los hombres

En muchas culturas, se considera que el uso de la anticoncepción está a cargo de las mujeres. No obstante, se considera que las decisiones relativas al tamaño de la familia y la planificación familiar están a cargo de los hombres. Un estudio realizado en Zimbabwe, en el que participaron 711 hombres, observó que el 39 por ciento de ellos pensaban que los hombres deberían tomar decisiones acerca de la planificación familiar y el 54 por ciento de ellos pensaban que los hombres deberían tener la última palabra en cuanto a las decisiones relativas al tamaño de la familia; sin embargo, el 60 por ciento pensaba que las mujeres deberían estar a cargo de obtener los métodos anticonceptivos.10 A pesar de que frecuentemente los hombres son los que tienen mayor poder de decisión, reciben poco asesoramiento, si es que lo reciben, que les permita tomar decisiones informadas o ayudar a la esposa a decidir acerca del uso de anticonceptivos.

El doctor Firman Lubis, de Yayasan Kusuma Buana (YKB), organización de planificación familiar que presta servicios y realiza investigaciones en Indonesia, opina: "Cuando comenzó la planificación familiar, ésta formaba parte de la salud maternoinfantil. Una de las desventajas es que la planificación familiar se centra en las mujeres y en la anticoncepción. Realmente necesitamos cambiar los programas para que se centren en los hombres y respondan a su situación".

Los hombres dicen que desean más información acerca de los métodos masculinos y los efectos colaterales, acerca de los métodos femeninos y los efectos colaterales, y acerca del acceso a los servicios. En una encuesta realizada en Kenia con "clientes anónimos", en la que los hombres se hicieron pasar por clientes para ayudar a evaluar los servicios, éstos fueron tratados con cortesía y recibieron rápidamente orientación privada acerca de la vasectomía. Sin embargo, no había materiales educacionales para los hombres y las mujeres proveedoras se sentían incómodas al hablar con ellos.11

En la China, las investigaciones realizadas por el WSP y financiadas por la Fundación Rockefeller, revelaron que la mayoría de las personas encuestadas dijeron que los servicios de anticoncepción masculina se prestaban en los consultorios locales de planificación familiar. No obstante, por lo general los hombres no solicitaron servicios de anticoncepción. Un hombre de 40 años de edad de Jiangsu del sur explicó que los métodos masculinos tienen menor acogida porque "los hombres asumen menos responsabilidades acerca de la planificación familiar. Su responsabilidad principal es el trabajo físico La publicidad de la planificación familiar siempre está dirigida a las mujeres".12

Se preguntó a las mujeres de Yakarta y Ujung Pandang, Indonesia, cómo podrían los servicios de planificación familiar hacer participar a los hombres. Entre sus sugerencias figuraban: más información y asesoramiento; más publicidad acerca de los métodos masculinos; información dada en el lugar de trabajo; y más servicios y métodos masculinos. También mencionaron horarios especiales en el consultorio que fuesen convenientes para los hombres y estrategias para hacer sentir a los hombres más cómodos.

No todas las mujeres desean que los hombres participen en la planificación familiar. El mismo estudio observó que el 39 por ciento de las mujeres de Yakarta y el 11 por ciento de las de Ujung Pandang preferirían que los hombres no participaran en los programas de planificación familiar.13

Sensibilidad a las diferencias de género

Para atender mejor a las mujeres y a los hombres, los proveedores deben considerar formas de hacer que los programas sean más "sensibles a las diferencias de género", es decir, considerar la forma en que las funciones establecidas por la sociedad influyen en los hombres y en las mujeres de forma distinta en cuanto a las necesidades de salud, el acceso a la información y el acceso a los servicios.

En Bolivia, el WSP está elaborando directrices para ayudar a comprender cómo las funciones de género influyen en los servicios de planificación familiar. Basándose en un examen detallado realizado en varios consultorios, un comité de profesionales de la salud, activistas, promotores de los intereses de la mujer e investigadores compartirán ideas relativas a cómo hacer que los programas sean más sensibles a las diferencias de género, mediante la elaboración de un manual que los proveedores puedan utilizar para incorporar la sensibilidad a las diferencias de género en sus programas.

Por ejemplo, muchas mujeres entrevistadas en Bolivia dijeron que no hablaban del uso de anticonceptivos con el esposo porque eran demasiado tímidas. La poca disposición a hablar de ello aumentaba cuando estaban con un proveedor de salud, quien a menudo era un extraño y un hombre.

Las mismas normas de género que hacen que las mujeres sean sumisas y guarden silencio con el esposo, y las normas que equiparan los conocimientos de las mujeres acerca de la sexualidad con la promiscuidad, también influyen en la capacidad de las mujeres de hablar abiertamente con los proveedores de atención de salud del sexo masculino acerca de cuestiones sexuales íntimas. Para algunas mujeres, los servicios de salud reproductiva prestados por hombres son inaceptables.

Las mujeres de Yakarta y Ujung Pandang, Indonesia, dijeron que no aceptarían ciertos servicios prestados por proveedores de atención de salud del sexo masculino. Por ejemplo, aproximadamente el 40 por ciento de las mujeres de Yakarta opinaron que se negarían a recibir asesoramiento de un trabajador del sexo masculino, y más de la mitad dijo que no dejaría que él les hiciera exámenes mamarios y pélvicos y frotis de Papanicolaou, que les insertara DIU, les diagnosticaran enfermedades de transmisión sexual o les aplicaran inyecciones en el glúteo. Más de la mitad de las 500 mujeres entrevistadas sugirieron que los consultorios contrataran a más proveedoras.

En Egipto, muchas mujeres que participaron en un estudio relativo a la calidad de la atención se negaron a recibir servicios de proveedores del sexo masculino y citaron las tradiciones de la religión islámica como motivo de ello. Una egipcia de edad afirmó: "Lo más importante para mí es que sea una médica quien me examine. Una vez acudí a un consultorio para que me insertaran un DIU. Pagué y esperé, y cuando me llegó el turno entré a la sala de exámenes y era un médico quien iba a atenderme. Por supuesto, me negué a que me insertara el DIU. Dejé el dinero que había pagado y regresé a mi casa. Después quedé embarazada".14

Los hombres egipcios dijeron que el elemento más importante de la calidad de la atención para la esposa era que fuese una médica quien la atendiera. "Especialmente en las enfermedades ginecológicas, la mujer desea que sea una médica quien la examine, para que ésta sepa lo que la clienta siente, pues es muy importante comprender el dolor. La situación es muy distinta si es un médico quien la atiende Él no le dará la misma importancia y su diagnóstico no será 100 por ciento correcto", opinó un esposo.

En Egipto e Indonesia, los investigadores de FHI recomendaron que se contrataran más médicas en los programas de planificación familiar. Pero esto no siempre ha sido una tarea fácil. Con frecuencia, las normas de género limitan el acceso de las mujeres a la educación y capacitación necesarias para trabajar, limitan el traslado fuera del hogar o la comunidad y las hace cargo de los cuidados infantiles y los quehaceres del hogar, incluso si ganan un sueldo.

Un estudio realizado por el WSP en Egipto observó que el 82 por ciento de los 19.610 empleados de la planificación familiar son mujeres. Sin embargo, sólo el 48 por ciento de los médicos son mujeres. Según el Ministerio de Salud y Población, el principal proveedor de servicios de planificación familiar del país, sólo el 27 por ciento de los ginecólogos son mujeres.15

La presencia de proveedoras no garantiza servicios mejores, ni promueve la equidad de los géneros. En Bangladesh, el programa nacional de planificación familiar ha empleado a aproximadamente 30.000 trabajadoras de salud a nivel nacional para que presten servicios de anticoncepción a las mujeres en sus hogares, a fin de adaptarse al purdah, que exige que las mujeres se aíslen en sus hogares o aldeas. Sin embargo, algunos investigadores han concluido que, a pesar de la ventaja de una mayor accesibilidad, este sistema en realidad puede reforzar la subordinación y el aislamiento de las mujeres. Sugirieron que los consultorios autónomos podrían animar a las mujeres a aventurarse a salir de sus hogares y proporcionarles una variedad más amplia de servicios de atención de salud, especialmente tratamiento para los efectos colaterales.16

El género no es el único factor que crea un desequilibrio de poder entre la clienta y el proveedor. La clase social, la raza, el grupo étnico, la edad y la educación también pueden influir en la comunicación entre el proveedor y la clienta. El doctor Aníbal Faúndes, de la Universidad Estatal de Campinas, Brasil, opina: "Existe un desequilibrio de poder entre el proveedor y la clienta. Esto puede ocurrir con las proveedoras también. El proveedor es la persona que decide qué información dar, cuáles métodos están indicados o contraindicados, cuándo y cómo tratar los efectos colaterales e incluso el número de pacientes que va a atender en un día determinado. El género es sólo uno de los factores que influyen en el equilibrio de poder entre la clienta y el proveedor".

Por ejemplo, en Bolivia, las mujeres que usaban polleras, que es el vestido tradicional de las mujeres del Altiplano, dijeron que eran discriminadas cuando solicitaban servicios de los proveedores de la zona urbana de El Alto.

Satisfacción de las clientas

Las clientas desean servicios de calidad y los proveedores se esfuerzan para ofrecer calidad. Sin embargo, las definiciones de calidad pueden ser diferentes.

En El Alto, Bolivia, los investigadores del WSP exploraron tres aspectos de la calidad de los servicios: relaciones interpersonales entre clientas y proveedores, disponibilidad de métodos anticonceptivos y aceptabilidad de los servicios basándose en las perspectivas de 217 clientas, 85 proveedores y 215 personas que no eran clientas.17 Los hallazgos demuestran que las clientas y los proveedores solían tener diferentes puntos de vista.

Casi todos los proveedores dijeron que habían explicado los procedimientos antes de realizar los exámenes físicos, pero sólo el 70 por ciento de las clientas dijeron que habían recibido explicaciones. Además, los suministros de anticonceptivos solían ser limitados. Quince de los 36 centros de salud encuestados no disponían de métodos no reversibles.

Los investigadores recomendaron que los centros de salud aumentaran el acceso a los métodos anticonceptivos, que los proveedores recibieran capacitación para mejorar sus interacciones con las clientas y que los proveedores recibieran capacitación para actualizar sus aptitudes clínicas y conocimientos médicos. Además, los investigadores recomendaron que los proveedores aconsejaran a los clientes en privado para que tanto los hombres como las mujeres se sintieran más cómodos al hacer preguntas.

cuadro - Perspectivas de las clientas en Bolivia

En un estudio del Population Council en Kenia, las clientas dijeron que el asesoramiento acerca de los efectos colaterales y el método de elección era un elemento importante de los servicios de calidad, como también los costos y el acceso. Las clientas dijeron que estaban insatisfechas cuando recibían información sobre un solo método o un número limitado de métodos. Irónicamente, cuando a los proveedores se les preguntó acerca de la calidad, no mencionaron el asesoramiento como algo importante.18

El WSP observó que la mayoría de los clientes de planificación familiar decían que estaban satisfechos con los servicios, pero esos clientes también daban sugerencias para que hubiese mejoras.

En Indonesia, donde los servicios públicos de planificación familiar han estado ampliamente disponibles desde los años 70, las mujeres dicen que la anticoncepción les ha ayudado a mejorar la calidad de sus vidas, aportado paz y armonía en el hogar y ayudado a ser más eficaces en el trabajo, además de ayudarles a ganar más dinero. Sin embargo, a pesar de que las mujeres tienen acceso a los métodos, con frecuencia quieren más información.

En Lampung y Sumatra del sur, el 69 por ciento de las casi 600 mujeres entrevistadas dijeron que estaban satisfechas con sus métodos de planificación familiar más recientes.19 Sin embargo, cuando se les preguntó si recibían suficiente información dijeron que no.

En Java central y oriental, más de las tres cuartas partes de las 900 mujeres entrevistadas estaban satisfechas con los servicios de planificación familiar. No obstante, el 20 por ciento señaló problemas relativos a la prestación de servicios, incluidas las largas distancias hasta los consultorios, los largos períodos de espera, los proveedores poco amistosos, la falta de acceso a los métodos deseados, los proveedores sin capacitación y la información insuficiente.20 Cuando se les preguntó qué información adicional les gustaría tener para ayudarles a tomar decisiones acerca de anticonceptivos, más de una tercera parte dijo que quería información relativa a los efectos colaterales, mientras que el 23 por ciento quería información relativa a la seguridad del método y el 21 por ciento relativa a la eficacia.

La falta de información fue una inquietud que expresaron las mujeres en el estudio realizado en Egipto acerca de la calidad de la atención.21 Una clienta joven de planificación familiar explicó por qué estaba poco dispuesta a usar Norplant: "Dicen que las cápsulas se insertan bajo la piel --nadie sabe lo que hacen-- de modo que a las mujeres se les pueden insertar sin que sepan lo que les va a ocurrir".

Las clientas en el estudio egipcio también dijeron que hay otros elementos importantes de la calidad: que los proveedores las traten con respeto, sin importar su nivel de educación o ingresos; que los servicios de planificación familiar estén integrados con otros servicios de salud; que los servicios sean asequibles y accesibles; y que tengan varios métodos de dónde escoger.

Una de las participantes dijo: "Lo importante es que el médico se siente y hable con la mujer acerca de lo que le conviene, y no que le diga simplemente, justo después de examinarla, que necesita un DIU. El médico debe hablar con la paciente acerca de los métodos y considerar el método con el que la mujer se sienta cómoda."

Otra mujer egipcia, que no usa los servicios de planificación familiar, expresó sus necesidades de forma más sencilla: "Quiero ser tratada como a un ser humano. Los proveedores no deberían rechazarnos".

-- Barbara Barnett

Referencias

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  4. Dwiyanto A, Faturochman, Suratiyah K, et al. Family Planning, Family Welfare and Women's Activities in Indonesia, Women's Studies Project Final Report. Research Triangle Park, NC: Family Health International and Gadjah Mada University, 1997.
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