La calidad de la vida de una persona depende no sólo de la buena salud y del bienestar físico, sino también de muchas otras circunstancias. Entre ellas figuran la estabilidad y la armonía familiar, el bienestar de los hijos y la libertad para disfrutar de diversas actividades, como tener tiempo libre, recibir educación o realizar actividades comunitarias.
Según las investigaciones realizadas por el Proyecto de Estudios de la Mujer de FHI (WSP) en 10 países, la planificación familiar puede influir en casi todos esos aspectos de la calidad de la vida. Sin embargo, el grado de influencia de la planificación familiar a menudo depende de las creencias y las prácticas que definen las funciones de género, las normas religiosas que pueden desalentar el uso de anticonceptivos y las condiciones económicas y políticas.
Por ejemplo, una mujer cuyos suegros desean tener muchos nietos y cuyo esposo tiene otras mujeres que tienen otros hijos de él puede decir que la buena vida para ella es tener muchos hijos. En cambio, otra mujer puede pensar que la buena calidad de la vida significa tener sólo uno o dos hijos para lograr que reciban buena alimentación y educación. Y otra puede darle valor al tiempo que dedique a lograr metas profesionales o de educación.
Las diversas formas en que el uso de la planificación familiar influye en la calidad de la vida varían desde las que son estrictamente personales, como el estado de salud de una persona, hasta factores configurados por las relaciones con las demás personas.
Beneficios de salud
La planificación familiar ofrece a las mujeres beneficios de salud evidentes. En los países en desarrollo, las complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto son causas frecuentes de muerte. Al permitir que haya un adecuado espaciamiento entre los nacimientos; prevenir el embarazo muy temprano o muy tardío en la edad de procrear de las mujeres, cuando los riesgos son mayores; y evitar embarazos involuntarios que pueden conducir a abortos ilegales y peligrosos, la planificación familiar puede proteger la salud de las mujeres.
Las investigaciones indican que muchas mujeres reconocen esos beneficios. En Malí, donde menos del 5 por ciento de las casadas en edad de procrear usan un método anticonceptivo moderno, las nuevas usuarias de anticonceptivos en Bamako dijeron que habían decidido usar la anticoncepción principalmente porque deseaban recuperar o mantener su salud. Una mujer que participó en un estudio de 55 usuarias de anticonceptivos realizado por el WSP declaró: "Quiero descansar. Esta es la primera vez que he destetado a un bebé antes de quedar embarazada de nuevo". Otra explicó: "La mujer que tiene embarazos muy seguidos vive agotada. Pero cuando se espacian los nacimientos, se vive en paz y se evitan las enfermedades".1
En un estudio de aproximadamente 800 mujeres realizado por FHI en Lampung y Sumatra del sur, Indonesia, las mujeres que tenían sólo uno o dos hijos notificaron que sentían más vitalidad (definida como la ausencia de problemas de salud y una sensación de bienestar) que las que tenían más de dos hijos. Las mujeres también notificaron que se sentían más atractivas. Una mujer de Indonesia explicó: "Si siempre estamos teniendo hijos, el cuerpo se nos encoge. Adelgazamos más rápido y envejecemos más rápido".2
También se consideró que el alivio de la carga de tener hijos y de criarlos tenía beneficios psicológicos. En las charlas de grupos de opinión de más de 130 mujeres y hombres de la provincia de Mashonaland oriental, Zimbabwe, tanto los hombres como las mujeres definieron la calidad de la vida como la paz y la felicidad en el hogar, y dijeron que la planificación familiar era un elemento importante de la calidad de la vida. Las mujeres apreciaban en particular tener tiempo para ocuparse de su familia.3
Los estudios realizados con mujeres que usaban la anticoncepción en El Alto y Cochabamba, Bolivia, revelaron que los métodos anticonceptivos modernos se relacionaban con un mayor placer sexual, probablemente porque hacían reducir el temor de un embarazo.4 No obstante, parece que la anticoncepción hacía reducir el deseo sexual en otras mujeres. Los efectos colaterales de los anticonceptivos, así como el temor de quedar embarazada, pueden hacer disminuir el deseo sexual de una mujer.
Con demasiada frecuencia, los embarazos involuntarios ocurren porque la anticoncepción se usó incorrecta o no sistemáticamente, se discontinuó el uso de un método antes del momento indicado o porque el método elegido no era eficaz. En un estudio realizado por el WSP entre 1995 y 1998 en colaboración con los investigadores de la Universidad Xavier, el 31 por ciento de aproximadamente 1.250 mujeres de las Filipinas que habían usado alguna vez la planificación familiar notificaron haber tenido un embarazo mientras usaban anticonceptivos, particularmente DIU y píldoras.5
En cambio, una encuesta de 236 mujeres que se habían sometido a la ligadura de trompas en Campinas, São Paulo, Brasil, reveló un porcentaje considerablemente elevado (90 por ciento) de satisfacción con este método sumamente eficaz. Sin embargo, ya que este método de esterilización es permanente, es posible que no sea la mejor opción para algunos hombres y mujeres, especialmente los que son muy jóvenes, puesto que sus decisiones acerca de tener hijos puede cambiar más tarde. En este estudio, las mujeres que eran menores de 25 años en el momento de la ligadura tuvieron más probabilidades de arrepentirse más tarde por haberse esterilizado, que las mujeres que eran mayores.6
Influencias de la prestación de servicios
La forma en que se prestan los servicios de anticoncepción influye en la manera en que las parejas perciben los beneficios de la planificación familiar, y por lo tanto, influye también en la calidad de la vida.
Muchas clientas de El Alto, Bolivia, estaban insatisfechas con el trato que recibían en los consultorios, incluidos el tiempo de espera, consultas demasiado cortas, discriminación contra las mujeres que usaban vestidos típicos del Altiplano y la falta de acceso a los anticonceptivos reversibles.7 En toda Indonesia, las mujeres se quejaron de los servicios, particularmente de las grandes distancias entre sus hogares y el lugar de prestación de servicios, esperas demasiado largas, proveedores poco amigables y la falta de métodos convenientes.
Además, las molestias de los efectos colaterales se agravaban cuando los sistemas de remisión eran inadecuados. En Bangladesh, las mujeres se quejaron de que la distribución de anticonceptivos de casa en casa implicaba que rara vez se prestara ayuda cuando ocurrían efectos colaterales.8
Incluso las mujeres que reconocen los beneficios de la planificación familiar se quejan de que no reciben suficiente información acerca de los efectos colaterales de los anticonceptivos. Muchas mujeres dicen que generalmente los proveedores minimizan dichos efectos. Los efectos colaterales que ocurren más tarde hacen que las mujeres dejen de usar la anticoncepción.
Los efectos colaterales constituyen una grave preocupación para las mujeres que usan la anticoncepción. En un estudio realizado por FHI en Lampung y Sumatra del sur, Indonesia, el 31 por ciento de las mujeres que usaban la anticoncepción notificaron haber sufrido un problema "grave" relacionado con el método. Una queja frecuente era el dolor de cabeza, que ocurría con mayor frecuencia en las usuarias de las píldoras, los inyectables y los implantes. Las irregularidades menstruales afectaban con frecuencia a las usuarias de inyectables o DIU, y podían perjudicar la calidad de la vida de las musulmanas pues su religión les enseña que las mujeres que están menstruando no deben ayunar, orar, tener relaciones sexuales ni tocar libros sagrados.
El asesoramiento adecuado acerca de los efectos colaterales también ayuda a abordar los conceptos erróneos, que pueden hacer que las mujeres no se animen a usar la planificación familiar. En Cochabamba, Bolivia, el 95 por ciento de aproximadamente 600 parejas entrevistadas en un estudio realizado por el WSP estaban satisfechas con el método anticonceptivo que estaban usando (generalmente DIU o condones), pero aproximadamente el 15 por ciento creía en varios mitos relacionados con las píldoras, la ligadura de trompas, los DIU y los condones.9
Armonía familiar
Con frecuencia, las mujeres equiparan su propia felicidad con la de su familia; por consiguiente, la influencia que tiene la planificación familiar en su hogar es esencial.
Las usuarias de anticonceptivos en Malasia tenían considerablemente menos probabilidades que las no usuarias de notificar problemas matrimoniales, tal vez debido a una mejor comunicación en la pareja.10 Las parejas que usaban la anticoncepción y que participaron en el estudio de Zimbabwe notificaron más paz y felicidad en sus hogares que las parejas que no usaban la anticoncepción. En el estudio realizado en Cochabamba, Bolivia, las que usaban anticonceptivos en ese momento tenían más probabilidades que las no usuarias de notificar mejores relaciones con su compañero.
No obstante, en Malí, el uso de la planificación familiar frecuentemente causaba desacuerdos. Un estudio observó que en aproximadamente el 20 por ciento de las parejas el esposo desaprobaba pero la esposa aprobaba el uso de anticonceptivos.11
La reacción de los demás parientes puede ser crucial para las decisiones de planificación familiar y para la manera en que tales decisiones influyen en la calidad de la vida. Los esposos, los parientes políticos y otras personas pueden tener opiniones muy arraigadas contra el uso de anticonceptivos, pues consideran que éste constituye un obstáculo para el crecimiento del linaje de la familia o un desafío para las opiniones tradicionales de la autoridad familiar. En muchas culturas, la condición de la mujer mejora al tener hijos. Así mismo, tener muchos hijos representa seguridad en la vejez, cuando los hijos mantienen a sus padres. En otro estudio que FHI realizó en Zimbabwe, la mayoría de las mujeres de edad, particularmente en las zonas rurales, querían que sus hijos tuvieran familias numerosas no sólo para que ayudaran con los quehaceres domésticos sino para que las cuidaran en la vejez.12
La seguridad económica influye en las decisiones de planificación familiar en otras formas. Algunos participantes en un estudio de FHI señalaron que los ingresos, y no el tamaño de la familia, determinaban el bienestar general de una familia. En un estudio realizado por el WSP en colaboración con el Centro de Estudios de Población de la Universidad Gadjah Mada, en Java central y oriental, una indonesia de 32 años de edad y madre de dos hijos comentó: "No importa cuántos hijos tengamos. Todo depende de si trabajamos fuertemente para conseguir el sustento. Eso [tener muchos hijos] no es un problema si los ingresos son elevados".13 Sin embargo, otras personas sí relacionan las posibilidades de recibir educación con el tamaño de la familia. Un hombre de la zona rural de Chivi, Zimbabwe, opinó: "Me gusta la idea de usar un método de planificación familiar porque cuando crecí éramos muchos en la familia y en parte por ese motivo no pude recibir más educación. Por lo tanto, si se tienen uno o dos hijos que están bien espaciados, uno puede por lo menos arreglárselas para educarlos".14
Educación y trabajo
Un beneficio claramente atribuible a la limitación del tamaño de la familia es que las mujeres pueden tener más tiempo libre, el cual pueden aprovechar para dedicar más cuidados a la familia, trabajar y satisfacer otros intereses. De las 871 mujeres que usaban la anticoncepción y que se encuestaron en el estudio realizado en Java central y oriental, Indonesia, aproximadamente el 86 por ciento de ellas dijeron que el uso de la planificación familiar les permitía tener más tiempo libre. Un estudio efectuado en Filipinas explica parte de la razón por la que eso ocurre: considerando a todos los hijos menores de 18 años, cada uno hacía aumentar el trabajo doméstico de las mujeres en aproximadamente 16 minutos por día. Cuanto menor era el hijo, mayor era la carga doméstica, y los lactantes requerían más de dos horas diarias.15
El uso de anticonceptivos se relaciona claramente con los logros obtenidos por las mujeres en materia de educación. En un estudio realizado en Mutare, Masvingo y Harare, Zimbabwe, muchas estudiantes notificaron que tenían grandes ambiciones académicas y vocacionales, pero con frecuencia las puertas de la educación se cerraban cuando las jóvenes quedaban embarazadas. De las 27 jovencitas que participaron en el estudio que quedaron embarazadas durante la escuela primaria o secundaria, 67 por ciento abandonó los estudios; de las 36 jóvenes que quedaron embarazadas cuando estaban en la universidad, 78 por ciento abandonó los estudios.16

En Corea del Sur, donde se puso en práctica un programa de planificación familiar en 1962 y donde la anticoncepción se usa ampliamente, las jóvenes han recibido mucha más educación que sus madres o sus abuelas. En 1960, las mujeres habían recibido un promedio de sólo tres años de educación formal, comparado con un promedio de más de ocho años en 1990.17 Las matrículas de las mujeres en escuelas secundarias en Corea del Sur, Japón, Taiwan, Singapur, Tailandia e Indonesia aumentaron considerablemente entre 1960, cuando las mujeres tenían un promedio de seis hijos, y 1990, cuando tenían un promedio de dos hijos o menos.18
Cuando las mujeres reciben más educación y capacitación y cuando progresan en el empleo o en el campo profesional, es posible que los ingresos del hogar aumenten. Sin embargo, las formas en que la planificación familiar influye en las oportunidades de trabajo, los ingresos y el poder de las mujeres varían notablemente de un lugar a otro.
En un estudio realizado por el WSP en Zimbabwe, la mayoría de las mujeres de edad, ya fuesen de las zonas rurales o urbanas, dijeron que el número de hijos no influía en la capacidad de una mujer de recibir educación. Las suegras, particularmente las de zonas rurales, dijeron que ellas podían ocuparse de los nietos mientras las nueras seguían recibiendo educación o capacitación en el empleo.19 Pero este mismo estudio también reveló que a menudo los hombres apoyaban la idea de que su esposa recibiera educación y el uso de la anticoncepción para el logro de esa meta. Un hombre de la zona urbana opinó: "En el entorno económico actual, si una mujer ha recibido educación, es bueno que reciba más educación. Si no lo hace, se habrá perdido la oportunidad de prosperar".
La influencia en la toma de decisiones en el hogar que tienen las mujeres que usan la anticoncepción comparada con la de las que no usan la planificación familiar varía considerablemente. Con frecuencia, la toma de decisiones se relaciona con tener un empleo o no. Por ejemplo, en Egipto, las trabajadoras de la planificación familiar dijeron que su trabajo les permitía tener conocimientos y experiencia que les ayudaban a tomar decisiones con el esposo, incluidas las decisiones relativas al uso de anticonceptivos y a la edad en que las hijas debían casarse.20 Un estudio realizado por el WSP en colaboración con los investigadores de la Universidad Central de Filipinas observó que en las Visayas occidentales, Filipinas, más usuarias que no usuarias de la planificación familiar compartían con el esposo la toma de decisiones en cuanto a si la mujer podía trabajar fuera del hogar, viajar fuera de la comunidad, usar la planificación familiar y tener otro hijo.21
Sin embargo, en Zimbabwe, las mujeres, los hombres y las suegras estuvieron unánimemente de acuerdo en que el número de hijos que tenía una mujer no influía en su capacidad de decidir acerca de los gastos del hogar. Una mujer de la zona rural opinó: "Tomar decisiones depende de la inteligencia de una y la inteligencia no tiene nada que ver con el número de hijos que una tenga". Un hombre de la zona rural de Chivi señaló que "depende de cómo se lleva la pareja desde que se casó. Si uno domina a la esposa y no le permite tomar decisiones en el hogar, eso nunca va a cambiar. Por lo tanto, dará lo mismo".22
Vida comunitaria
En repetidas ocasiones, las mujeres dijeron a los investigadores que sus funciones de madres no sólo las hacían sentirse realizadas sino que les hacía ganar el respeto y la aprobación de sus familias y amistades. En Zimbabwe, según la tradición, el desarrollo espiritual de la mujer va unido a tener hijos. En Malí, los hijos son considerados riqueza social.
El uso de anticonceptivos entre las solteras a menudo se equipara con inmoralidad o promiscuidad. Los investigadores de la Universidad de las Antillas y FHI observaron que en charlas de grupos de opinión los adolescentes jamaiquinos expresaban actitudes positivas acerca de la anticoncepción y estaban de acuerdo en que su uso indicaba un comportamiento responsable, pero dijeron que el uso de anticonceptivos también implicaba actividad sexual, lo cual está prohibido para las adolescentes jóvenes.23
Las normas religiosas, culturales o de género definen la vida comunitaria y pueden influir en las decisiones acerca del uso de anticonceptivos. Los jóvenes chinos, a pesar de la larga historia de uso de la anticoncepción en ese país, se adhieren a las normas y las funciones tradicionales de género cuando hablan de la futura esposa. Las jóvenes chinas dicen que una mujer debe tener una carrera antes de casarse, porque los quehaceres del hogar y los cuidados infantiles están a cargo de la mujer. En Bangladesh, las mujeres siguieron supeditadas a los hombres y socialmente aisladas incluso después de que aumentara el uso de anticonceptivos. En Corea del Sur, las mujeres han logrado obtener una educación y oportunidades de trabajo mucho mejores, pero no ha habido cambios en las funciones tradicionales de género que definen a los hombres como los encargados de sostener la familia y a las mujeres como las encargadas de las labores domésticas y del cuidado de los hijos. En Indonesia, la ley estipula las funciones de género.
Al permitir a las mujeres tener más tiempo para otras actividades que no sean el cuidado de los hijos, la planificación familiar puede hacer aumentar las oportunidades de participar en actividades cívicas. Pero la participación de las mujeres depende en gran medida de las normas culturales. Por ejemplo, un estudio realizado por el WSP en Zimbabwe observó que las presiones sociales desanimaban la participación de las mujeres en la política. Una madre joven de la zona rural de Chivi opina: "Nadie escucha a una líder. Siempre estamos supeditadas a los hombres". Los hombres de las zonas urbanas de Zimbabwe generalmente tendían a oponerse a que las mujeres casadas asistieran a reuniones políticas, pues creían que sería difícil controlarlas y tendrían más probabilidades de tener relaciones extramatrimoniales.
Incluso cuando las mujeres consideran que el uso de anticonceptivos es una forma de mejorar la calidad de sus vidas, los estudios realizados por el WSP indican que la planificación familiar, y la familia más pequeña que resulta de su uso, rara vez se considera como una meta por sí misma. Más bien, el control del tamaño de la familia es simplemente un paso en un largo proceso continuo de factores sociales y económicos que pueden mejorar la calidad de la vida de todos los miembros de la familia.
-- Kim Best
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