El estigma es algo que señala con vergüenza o desdén a una persona o grupo, y puede expresarse en una variedad de formas, desde ignorar las necesidades del grupo o la persona, a inflingirles daño físico o psicológico.
El VIH/SIDA es una enfermedad que ha dado lugar a mucho estigma por estar relacionada con comportamientos sexuales o de consumo de drogas, y por el hecho de que en muchos lugares afecta desproporcionadamente a las personas que están a fuera de lo que se considera la sociedad normal (como los hombres que tienen relaciones sexuales con varones, las trabajadoras sexuales, los usuarios de drogas inyectadas y las poblaciones migrantes).
Dicho estigma puede llevar a percibir a las personas con VIH o en riesgo de contraer la infección como “los demás”, lo que refuerza la creencia de que el VIH “no puede pasarle a uno.” Si no se combate dicho estigma, se puede desalentar la búsqueda de asesoramiento y pruebas voluntarias de detección del VIH, y la debida atención médica. Incluso llevar condones consigo es algo que puede verse con desprecio, como prueba de falta de moral.
El estigma también puede perpetuar hábitos dañinos, como malos tratos o discriminación en contra de las personas que viven con el VIH/SIDA, los hombres que tienen relaciones sexuales con varones, los usuarios de drogas inyectadas o las trabajadoras sexuales, por lo que los programas que no combaten dicho estigma contribuyen a perpetuar leyes y costumbres discriminatorias y en algunos casos incluso llevan a la impunidad legal.