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Salud reproductiva

Claves para la prevención de relaciones sexuales no consensuales

Las intervenciones prometedoras incluyen estrategias multifacéticas y objetivos concretos.

Network en español: 2005, Vol. 23, No. 4

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Es indispensable apoyar fuertemente los servicios de salud y medicolegales para las víctimas de la violencia sexual, pero también es prudente pensar en apoyar económicamente las iniciativas de prevención y su evaluación rigurosa.

Puntos clave

  • Se necesita que más intervenciones para prevenir las relaciones sexuales no consensuales en el mundo en desarrollo se documenten y se evalúen bien.
  • Se recomienda una estrategia multifacética para la prevención.
  • Las intervenciones deben tener objetivos concretos y abordar factores de riesgo particulares.

Ya se han ejecutado algunas actividades de prevención, principalmente en los Estados Unidos y otros países industrializados. El doctor Alexander Butchart, coordinador de la prevención de la violencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) opina: "Parecería que también hay muchos programas dirigidos a la prevención de las relaciones sexuales no consensuales en los países en desarrollo, pero la mayoría de estos programas no están documentados, lo cual dificulta describir la variedad actual de intervenciones que ofrecen y los factores de riesgo y los grupos destinatarios en los que procuran ejercer influencia. Dado que se han evaluado tan pocos programas, también es difícil decir cuánto éxito tienen".

No obstante, basándose en análisis de programas evaluados en todo el mundo y en los diálogos entre los expertos en la prevención, se han determinado algunas características generales que al parecer ayudan a que la labor de prevención tenga éxito.

Muchos factores contribuyentes y estrategias

A nivel individual, cuando un hombre joven abusa del alcohol o de las drogas, esto puede aumentar las probabilidades de que obligue a una mujer a tener relaciones sexuales. O es posible que una mujer no se dé cuenta de que las relaciones sexuales no consensuales son inapropiadas. Tal vez opine que son normales o que incluso se las merece. Pero las relaciones sexuales no consensuales no son de ninguna manera un problema individual. Las pruebas indican que también contribuyen factores que tienen que ver con la relación, la comunidad y la sociedad.1 Y la mayoría de las causas subyacentes del coito forzado, que parecen relacionarse con la baja condición de la mujer y con inequidades por razón de género,2 están profundamente arraigadas.

Dados estos factores contribuyentes múltiples, las actividades de prevención deben aplicarse en muchos niveles. Como consecuencia de ello, se ha documentado una variedad de estrategias generales e intervenciones preventivas particulares (véase el gráfico de abajo).

Estrategias para prevenir la violencia sexual
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Dentro de una actividad particular de prevención, se pueden emplear ya sea una sola estrategia o varias de las estrategias. Los beneficios posibles de aplicar — pero también las posibles dificultades de evaluar — una estrategia multifacética se han demostrado en un estudio para prevenir la violencia, incluidas las relaciones sexuales no consensuales, realizadas con revendedoras jóvenes en Nigeria.3

La reventa, que es común en África Occidental entre las mujeres de todas las edades, es una manera informal de ganar dinero negociando con alimentos, ropa y otros enseres domésticos. El estudio se realizó entre abril de 2000 y agosto de 2001 en seis de los parques más grandes de vehículos automotores donde se practica la reventa en el sudoeste de Nigeria. La investigación, financiada por el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), incluyó en el momento inicial 345 entrevistas semiestructuradas con revendedoras, una intervención de cinco meses y una evaluación mediante entrevistas con 374 revendedoras un año más tarde.

La intervención de cinco meses consistió en la distribución de más de 1.000 copias de materiales didácticos relativos a diversas formas de violencia contra la mujer. Seis talleres de tres días para casi 600 revendedoras (y un taller de un día para miembros de la comunidad que estaban interesados en prevenir la violencia en los parques de vehículos) incluían información acerca de la definición y las consecuencias de la violencia, desarrollo de aptitudes de confianza en sí mismas y atención y apoyo para las víctimas. Finalmente, un grupo de revendedoras seleccionadas recibió préstamos de US$20 para finalidades personales o educacionales, con miras a promover inversiones sólidas y la responsabilización.

La tasa notificada de relaciones sexuales forzadas disminuyó de 11,3 por ciento en el momento inicial a 1,9 por ciento después de la intervención, y la tasa notificada de violación disminuyó de 5,5 por ciento a casi 0 por ciento. Las tasas de acoso sexual y de intento de violación también disminuyeron considerablemente.

Sin embargo, el equipo de estudio del Hospital del Colegio Universitario de Ibadán, Nigeria, y FHI reconocen que el estudio tiene ciertas limitaciones. Estos afirman que la reducción de la violación debe interpretarse con cuidado porque la subnotificación de la violación es común en los parques de vehículos y debido al corto intervalo transcurrido entre la intervención y la evaluación. Además, las poblaciones entrevistadas en el momento inicial y en el momento de la evaluación de un año no fueron idénticas. Esto es porque no todas las revendedoras participaron necesariamente en las entrevistas y es posible que algunas revendedoras hayan entrado en la zona, mientras que posiblemente otras hayan dejado de revender o se hayan mudado a otro sitio después de la intervención.

"Las revendedoras son un grupo muy móvil, pero esperamos que los conocimientos y las aptitudes que adquirieron durante la intervención les queden cuando se vayan a otro sitio e influyan en sus decisiones futuras", opina el investigador principal del estudio, doctor Olufunmilayo Fawole del Hospital del Colegio Universitario. No se ha llevado a cabo una reevaluación prevista de la intervención debido a la falta de financiamiento, pero el doctor Fawole y sus colegas pusieron en práctica recientemente un proyecto similar entre aprendices vulnerables del sector de la peluquería, la costura y la venta de medicamentos en el sudoeste de Nigeria. Se espera tener los resultados en 2005.

Objetivos apropiados

Los expertos tienden a estar de acuerdo en que las estrategias de prevención multifacética como la descrita deben tener objetivos muy concretos. En un análisis internacional reciente de la violencia interpersonal, la OMS recomienda encarecidamente actividades de prevención en entornos de bajos recursos para beneficiar a las subpoblaciones que corren el riesgo más alto.4

Existen muchas poblaciones en alto riesgo porque las relaciones sexuales no consensuales se perpetra en tantos entornos y en diversas circunstancias. En muchos países, una población que corre alto riesgo es la de las mujeres casadas. Las relaciones sexuales no consensuales en el matrimonio a menudo ocurren debido a una suposición fundamental, reforzada por normas sociales, leyes y políticas, de que un hombre no necesita el consentimiento de su esposa para tener relaciones sexuales con ella. CHANGE, organización no gubernamental internacional con sede en Londres, está trabajando para cambiar esta suposición mediante actividades dirigidas a promover los derechos sexuales y humanos de las mujeres en el matrimonio y ayudar a los hombres a reconocer y respetar tales derechos.5

En la labor de prevención realizada en Nigeria, se eligió a las revendedoras como población objetivo porque "son vulnerables debido a su edad, condición socio- económica baja y, en último término, su pobreza", declaró el doctor Fawole. Por lo tanto, la intervención incluía actividades para reducir los riesgos de las mujeres de tener relaciones sexuales no consensuales ofreciéndoles oportunidades educacionales y económicas.

Otro factor de riesgo de las revendedoras era el entorno en el que trabajaban. Los parques de vehículos son frecuentados por camioneros, conductores de autobús, mecánicos de autos y otros trabajadores predominantemente de sexo masculino a quienes se suele acusar de faltas graves sociales y morales, incluida la explotación sexual de las revendedoras jóvenes.6

En general, los hombres son un grupo especialmente importante que se debe incluir en la labor de prevención ya que son "los perpetradores principales de la mayoría de los distintos tipos de violencia", dice el doctor Butchart. Los hombres mismos pueden actuar como defensores de las políticas o las leyes que desalientan o sancionan las relaciones sexuales no consensuales. También pueden participar en programas y organizaciones para aumentar la concienciación o realizar cambios (a nivel individual, familiar o social) en cuanto a normas de género, percepciones y creencias que toleran el coito forzado.7 Una de esas organizaciones es la Campaña de la Cinta Blanca, la iniciativa mundial más amplia de hombres que trabajan para poner fin a la violencia contra la mujer. Los miembros trabajan para aumentar la concienciación acerca del problema, apoyar los grupos de mujeres locales y recaudar dinero para actividades educacionales internacionales. Establecida hace más de un decenio en Canadá, la campaña se realiza ahora en más de 30 países, incluido Brasil, Camboya, China y Filipinas.8

Algunos programas de prevención secundaria también se han dirigido a los hombres mediante el establecimiento de programas de tratamiento para los que cometen actos de violencia (véase Los hombres renuncian a la violencia). Pero para ser eficaz, opina el doctor Butchart, la prevención primaria debe abordar los factores de riesgo fundamentales del comportamiento de los hombres y de las mujeres, como por ejemplo las experiencias durante el desarrollo temprano, las prácticas de crianza deficientes y la disfunción familiar, la pobreza y el aislamiento social, y las normas sociales y culturales que mantienen o aumentan las desigualdades económicas y sociales.

Trabajo con los jóvenes

Los jóvenes son otra meta general pero importante, dado que las investigaciones indican sistemáticamente que los jóvenes corren mayor riesgo de victimización sexual.9 El trabajo con los jóvenes también brinda la oportunidad de cambiar completamente las normas de género que fomentan la violencia sexual al enseñar maneras más igualitarias en que los hombres y las mujeres jóvenes pueden interactuar y al introducir conceptos de equidad, respeto y justicia social.

Un análisis reciente acerca de la prevalencia, los factores de riesgo y las consecuencias de la agresión sexual entre los jóvenes destaca la necesidad de que las intervenciones empiecen a educar a los niños, incluso antes de la pubertad, respecto a cuestiones relacionadas con las relaciones sexuales no consensuales.10 "La intervención temprana puede ayudar a configurar las actitudes, los conocimientos y el comportamiento de los niños cuando éstos son más receptivos a las influencias positivas y puede influir en su comportamiento a lo largo de su vida", opina el doctor Butchart.

Sin embargo, la mayoría de las intervenciones se han realizado entre jóvenes de más edad. Muchas de ellas han tenido lugar en entornos educacionales, quizás porque la investigación es más conveniente en esos sitios.11 No obstante, las escuelas son un entorno ideal para la labor de prevención ya que muchas jóvenes son víctimas de relaciones sexuales no consensuales allí.12 Las escuelas también son "lugares donde los estudiantes aprenden valores, y obtienen la información y las aptitudes necesarias para aprobar exámenes", dice Judith Mirsky, codirectora del Programa de Salud Reproductiva y Género del Instituto Panos, en un informe reciente acerca de cómo abordar la violencia sexual en el sector educacional.13 Y agrega: "Como tales, las escuelas pueden ayudar a romper el ciclo de la violencia. Deben abordarlo enérgicamente donde esto ocurra, y cerciorarse de que las oportunidades curriculares y extracurriculares preparan a los jóvenes para vivir su vida sexual sin violencia".

En 1996, el proyecto TANESA de la infección por el VIH/SIDA en Tanzanía puso en práctica un programa para proteger a los estudiantes de 185 escuelas primarias contra la explotación sexual, y una evaluación del programa efectuada ese año demostró que desde su inicio éste había tenido éxito.14

En cada escuela, se eligió y se capacitó como "guardiana" a una maestra con quien los estudiantes podrían consultar acerca de violencia sexual, acoso sexual y otras cuestiones de salud reproductiva y sexual. Las entrevistas estructuradas realizadas con estudiantes de sexo femenino, guardianas y otras maestras de 40 escuelas que tenían guardiana y 22 escuelas que no la tenían revelaron que tener a una guardiana había hecho aumentar considerablemente las probabilidades de que las niñas estudiantes solicitaran ayuda de las guardianas o de otras maestras en cuanto a violencia sexual, acoso sexual y otras cuestiones.

Las guardianas notificaron a las juntas de educación, a los tribunales o a las autoridades distritales acerca de casos de violación, la mayoría de los cuales fueron perpetrados por maestros y hombres de la comunidad. Aunque a menudo el castigo era leve y los perpetradores supuestos no siempre fueron atrapados, las autoridades educacionales sí impidieron que por lo menos dos maestros siguieran enseñando en sus escuelas después de haber sido acusados de violar a estudiantes. Uno de los efectos iniciales más importantes del programa, al parecer, fue que el "abuso sexual de niñas estudiantes por parte de maestros es algo que se guarda menos en secreto y puede que ahora sea más difícil que en el pasado, y que la publicidad negativa acerca de ese tipo de actos tal vez ha tenido un efecto preventivo", informó el equipo del estudio.

En lo relativo a casos de acoso sexual, la mayoría de los cuales fueron perpetrados por muchachos, las guardianas conversaron en privado con los estudiantes afectados, y a menudo se castigó a los muchachos apaleándolos o se les amenazó con suspenderlos de la escuela. La investigación realizada en Nigeria indica que la violación tiende no a ser un incidente aislado; más bien, a menudo va precedido de acoso sexual y un comportamiento cada vez más violento15 Por lo tanto, es posible que el programa de guardianas haya impedido violaciones al aumentar la concienciación de la escuela respecto al acoso sexual y al castigar a los perpetradores antes de que sus actos se agravaran.

Evaluaciones

En la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, EE.UU., la doctora Vangie Foshee y sus colegas han realizado el primer ensayo controlado aleatorizado para determinar los efectos a largo plazo de una intervención escolar que es un componente del programa denominado Citas Seguras, a fin de prevenir las relaciones sexuales no consensuales y otras formas de violencia durante citas con un compañero.16

El componente escolar incluye una producción teatral, clases y un concurso de carteles para cambiar las normas relativas al abuso durante las citas con un compañero y para enseñar las aptitudes de manejo de conflictos para prevenir la violencia. También se alienta a todos los participantes a que soliciten ayuda si son víctimas de violencia. El programa Citas Seguras también tiene un componente comunitario que mejora los servicios a fin de prevenir la violencia durante las citas, como servicio de consulta telefónica directa en caso de crisis y grupos de apoyo. El componente comunitario también incluye capacitación para proveedores locales a fin de que ayuden más eficazmente a los perpetradores adolescentes y a las víctimas de abuso durante las citas con un compañero.

Entre octubre de 1994 y marzo de 1999, se realizó el ensayo controlado aleatorizado con casi 2.000 estudiantes de octavo y noveno grados (aproximadamente de 13 y 14 años) de 14 escuelas públicas de la zona rural de Carolina del Norte. Los estudiantes de siete escuelas asignadas aleatoriamente estuvieron expuestos a actividades escolares y comunitarias, mientras que los estudiantes de otras siete escuelas estuvieron expuestos sólo a actividades comunitarias y sirvieron de grupo testigo. Luego se evaluó el proyecto varias veces durante cuatro años para determinar resultados que incluían tasas de relaciones sexuales forzadas.

Los análisis revelaron que los adolescentes que habían estado expuestos a actividades escolares y comunitarias del programa Citas Seguras notificaron menos perpetración de violencia sexual durante las citas al cabo de uno, dos, tres y cuatro años después del programa, que los adolescentes del grupo testigo. Sin embargo, entre las limitaciones posibles del estudio estaban la alta deserción escolar de los estudiantes participantes y la dependencia de la autonotificación de actos de violencia durante las citas. Esto ilustra la dificultad considerable de evaluar rigurosamente tales intervenciones.

El doctor Butchart dice: "Sea cual sea la estrategia, sea cual sea la intervención y sea cual sea el sector que participe en la ejecución, todo programa de prevención debe proporcionar respuestas basadas en datos para tres preguntas clave: '¿Cuál es el problema? ¿Cuáles son las causas? Y ¿qué sirve para prevenir la violencia?' Los programas responden a la tercera pregunta al indicar cómo se diseñan, se someten a prueba y se evalúan las intervenciones en cuanto a su eficacia. De esta forma, las evaluaciones de la eficacia se basan en pruebas empíricas sólidas".

Kerry Wright Aradhya

Referencias

  1. Butchart A, Phinney A, Check P, et al. Preventing Violence. A Guide to Implementing the Recommendations of the World Report on Violence and Health. Geneva, Switzerland: World Health Organization, 2004.
  2. Jewkes R, Abrahams N. The epidemiology of rape and sexual coercion in South Africa: an overview. Soc Sci Med 2002;55(7):1231-44.
  3. Fawole OI, Ajuwon AJ, Osungbade KO, et al. Interventions for violence prevention among young female hawkers in motor parks in south-western Nigeria: a review of effectiveness. Afr J Reprod Health 2003;7(1):71-82.
  4. Krug EG, Dahlberg LL, Mercy JA, et al., eds. World Report on Violence and Health. Geneva, Switzerland: World Health Organization, 2002.
  5. CHANGE. Non-consensual Sex in Marriage: A Worldwide Programme. Information sheet. London, UK: CHANGE, 1998.
  6. Fawole.
  7. Lang JL. Working with men to end gender-based violence: lessons for the South Asian context. In Elimination of Violence against Women in Partnership with Men. Gender and Development Discussion Paper Series No. 15. Bangkok, Thailand: United Nations Economic and Social Commission for Asia and the Pacific, 2003.
  8. Kaufman M. Speech to White Ribbon Campaign Public Meeting in Beijing. Toronto, Ontario: The White Ribbon Campaign, 2002.
  9. Danielson CK, Holmes MM. Adolescent sexual assault: an update of the literature. Curr Opin Obstet Gynecol 2004;16(5):383-88.
  10. Danielson.
  11. Bennett LR, Manderson L, Astbury J. Mapping a Global Pandemic: Review of Current Literature on Rape, Sexual Assault and Sexual Harassment of Women Consultation on Sexual Violence against Women. Geneva, Switzerland: Global Forum for Health Research, 2000.
  12. Krug.
  13. Mirsky J. Beyond Victims and Villains: Addressing Sexual Violence in the Education Sector. London, UK: The Panos Institute, 2003.
  14. Mgalla Z, Schapink D, Boerma JT. Protecting school girls against sexual exploitation: a guardian programme in Mwanza, Tanzania. Reprod Health Matters 1998;6(12):19-30.
  15. Ajuwon AJ, Olley BO, Akin-Jimoh I, et al. Experience of sexual coercion among adolescents in Ibadan, Nigeria. Afr J Reprod Health 2001;5(3):120-31.
  16. Foshee VA, Bauman KE, Ennett ST, et al. Assessing the effects of the dating violence prevention program "Safe Dates" using random coefficient regression modeling. Article scientifique non publié. University of North Carolina at Chapel Hill, 2004; Foshee VA, Bauman KE, Ennett ST, et al. Assessing the long-term effects of the Safe Dates program and a booster in preventing and reducing adolescent dating violence victimization and perpetration. Am J Public Health 2004;94(4):619-24.

 

Hincapié en la prevención primaria

La labor de prevención se divide en dos categorías principales que son la prevención primaria y la secundaria. La prevención primaria procura intervenir antes de que puedan ocurrir las relaciones sexuales no consensuales; por ejemplo, poniendo en práctica campañas comunitarias para modificar las normas de género. La prevención secundaria procura prevenir los actos posteriores a las relaciones sexuales no consensuales o reducir al mínimo sus consecuencias adversas mediante la prestación de servicios de rehabilitación para los perpetradores y los servicios de atención y apoyo para las víctimas. 

Recurso en la Web

Este sitio en la web del Departamento de Prevención de Lesiones y de la Violencia, parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS), da acceso a nueve publicaciones relacionadas con la prevención de la violencia, incluidas las relaciones sexuales no consensuales. También proporciona enlaces a hojas informativas de prevención y boletines informativos y a información sobre la Campaña Mundial de Prevención de la Violencia, de la OMS.

El doctor Alexander Butchart, coordinador de la prevención de la violencia en la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma: "Hasta la fecha, en lo relativo a la violencia sexual, se ha hecho hincapié en la prevención secundaria. La prestación de tales servicios siempre será esencial, pero las pruebas indican que los servicios en sí para los perpetradores y las víctimas tienen un valor limitado cuando se trata de reducir el número de nuevos casos de comportamiento violento. Por lo tanto, no está de más volver a afirmar lo importante que son las estrategias de prevención primaria".

La OMS recomienda priorizar las siguientes actividades de prevención primaria:

  • los programas de prevención en las comunidades, las escuelas y los entornos donde hay refugiados
  • los programas que abordan las causas socio-económicas fundamentales de la violencia sexual, reducen la vulnerabilidad de las mujeres y promueven entre los hombres las normas equitativas de género
  • los programas que abordan la prevención de la violencia sexual mediante la promoción de la igualdad entre los géneros
  • los enfoques sensibles desde el punto de vista cultural y participativos para el cambio de actitudes y comportamiento.

Entretanto, la OMS recomienda que el problema de las relaciones sexuales no consensuales también se aborde mediante estrategias que traten de modificar los factores sociales, conductuales y ambientales causantes de la violencia mediante reformas legales o normativas, y tratados internacionales que establezcan normas para una legislación nacional que sancione la violencia sexual.1

Kerry Wright Aradhya

Referencia

  1. Krug EG, Dahlberg LL, Mercy JA, et al., eds. World Report on Violence and Health. Geneva, Switzerland: World Health Organization, 2002.

 

Programas para los perpetradores

La idea de prevenir las relaciones sexuales no consensuales al rehabilitar a los perpetradores está empezando a difundirse de los países industrializados al mundo en desarrollo. Por lo tanto, las recomendaciones sobre cómo hacer estos programas de tratamiento más eficaces no podían ser más oportunas.

Se desconoce en gran parte la eficacia de la labor para rehabilitar a los perpetradores de las relaciones sexuales no consensuales. Pero la mayoría de los esfuerzos se centran en debatir las funciones de género en la sociedad y enseñar a los perpetradores cómo asumir la responsabilidad de sus acciones, hacer frente a la ira y el estrés y sentir empatía por los demás.1 Según un examen internacional reciente que realizó la Universidad de Londres,2 las evaluaciones de los programas de tratamiento indican que estos dan mejores resultados si también:

  • continúan por más tiempo en vez de períodos más cortos;
  • cambian las actitudes de los hombres lo suficiente para que puedan hablar acerca de su comportamiento;
  • mantienen la participación de los hombres; y
  • colaboran con los sistemas de justicia penal.

Un programa piloto prometedor del mundo en desarrollo que incorpora estas recomendaciones es el de los Hermanos por el Cambio, establecido en la parroquia de la Bahía de St. Ann, Jamaica, en 1999, por la Asociación de Planificación de la Familia de Jamaica (FAMPLAN).

La idea de los Hermanos por el Cambio se concibió después de que los proveedores de planificación de la familia en la Bahía de St. Ann notaron reiteradamente que las clientas habían tenido infecciones de transmisión sexual, embarazos no intencionales y otros trastornos ginecológicos que tenían que ver con las relaciones sexuales no consensuales y otras formas de violencia en el hogar. En respuesta, FAMPLAN empezó a colaborar con los oficiales locales de libertad condicional, los servicios correccionales y jueces para ofrecer orientación en grupos a los perpetradores que habían sido referidos al programa por los tribunales.3 Se esperaba que todos los hombres asistieran a las sesiones de orientación dirigidas por el personal de FAMPLAN y los oficiales de libertad condicional por lo menos una vez a la semana durante 20 semanas. Durante las sesiones, las películas y las charlas sirvieron para que los hombres se dieran más cuenta de las consecuencias de sus acciones y para determinar las mejores maneras de comportarse, informa Pauline Pennant, anterior coordinadora del programa.

Más de 40 perpetradores participaron en el programa de Hermanos por el Cambio entre 1999 y 2000, afirma Pennant. Mediante una campaña comunitaria, FAMPLAN también ha llegado a otros 3.000 adolescentes y hombres en escuelas, grupos de jóvenes, iglesias, establecimientos correccionales y otros puntos de reunión.4

Mediante una evaluación del programa basada en encuestas, los asistentes sociales de FAMPLAN determinaron varios indicadores según los cuales el programa estaba dando resultado para los participantes regulares. Por ejemplo, las compañeras de los hombres informaron que éstos eran menos violentos. Además, los hombres fueron cada vez más capaces de detectar diversas formas de violencia, controlar su ira y asumir la responsabilidad de sus acciones. Según Pennant, los resultados de la evaluación también indicaron que el programa podría mejorarse al colaborar más ampliamente con el sistema de justicia penal y, con más recursos, al trabajar con las compañeras y los familiares de los perpetradores y al aumentar la vigilancia y evaluación de sus actividades.

El financiamiento inicial para los Hermanos por el Cambio concluyó en 2002, y desde entonces los oficiales de libertad condicional en la Bahía de St. Ann se han hecho cargo del componente de orientación del programa. "Opinamos, sin embargo, que éste es un programa muy necesario en vista de los niveles cada vez mayores de violencia en el hogar en Jamaica," dice Peggy Scott, directora ejecutiva de FAMPLAN.

— Kerry Wright Aradhya

Referencias

  1. Krug EG, Dahlberg LL, Mercy JA, et al., eds. World Report on Violence and Health. Geneva, Switzerland: World Health Organization, 2002.
  2. Mullender A, Burton S. Reducing Domestic Violence: What Works? Perpetrator Programmes. London, UK: Policing and Reducing Crime Unit, Home Office, 2000.
  3. International Planned Parenthood Federation. Brothers for Change: working with male perpetrators of violence in Jamaica. Forum 2001;15(1):2-3.
  4. International Planned Parenthood Federation.

 


Los hombres renuncian a la violencia

Por los Dres. Carlos F. Cáceres y Miguel Ramos, profesores de salud pública, Universidad Cayetano Heredia, Lima, Perú

Un número cada vez mayor de hombres en el Perú aparentemente desea cambiar su vida porque maltratan física o sexualmente a sus compañeras y so ha creado una crisis en su vida: esas compañeras ya los han dejado o se proponen hacerlo.

Reconociendo el daño que su comportamiento ha causado, estos hombres buscan modelos de masculinidad que no incluyan violencia contra sus compañeras. Y, por primera vez en el Perú, se está ejecutando un programa para apoyar los esfuerzos de esos hombres. Iniciado por la Universidad Cayetano Heredia en junio de 2004 en dos lugares de Lima, el programa alienta a los hombres a reflexionar acerca de sus experiencias personales y a comprometerse a no ser violentos en su hogar. Aprenden técnicas para evitar la violencia y resolver conflictos con sus compañeras y sus hijos. También se anima a los hombres a explorar maneras de expresar su masculinidad al tiempo que tratan a sus compañeras con afecto, respetando los derechos de la mujer y valorando la igualdad en la relación íntima.

El programa peruano se basa en otros programas, como el Colectivo de Hombres para Relaciones Igualitarias de México, que trabajan directamente con agresores de sexo masculino para afrontar y desalentar las actitudes tradicionales relativas a las funciones de género que pueden tolerar la violencia contra la mujer. Dichas actitudes tradicionales a menudo se arraigan tan profundamente durante el proceso de socialización que los hombres las consideran "naturales". Las consecuencias de estos puntos de vista se reflejan en los informes de violencia contra las compañeras: en un estudio reciente, hasta 51 por ciento y 69 por ciento de 1.090 mujeres de Lima y 1.536 mujeres de Cuzco, respectivamente, informaron haber sido víctimas de violencia física o sexual por parte de sus compañeros por lo menos una vez. La violencia sexual, en particular, la notificaron 23 por ciento y 46 por ciento de las mismas mujeres de Lima y Cuzco, respectivamente.1

El programa del Perú consta de sesiones semanales de dos horas durante aproximadamente un año, en el cual los hombres pasan por tres niveles de cuatro meses cada uno. El primer paso consiste en asistir a una sesión inicial para recibir información acera del programa. Ochenta hombres, de 25 a 55 años de edad, ya lo hicieron. Dieciséis hombres — la mayoría de los cuales viven en la pobreza — se unieron luego al grupo de primer nivel, en el cual los participantes examinan su comportamiento violento, consideran las consecuencias y reconocen su responsabilidad del comportamiento. En este nivel, también consideran la posibilidad de no volverse violentos en situaciones de conflicto y se familiarizan con técnicas para evitar la violencia. Ocho hombres principalmente de clase media también acaban de empezar este nivel.

Entretanto, los 16 participantes iniciales han avanzado al segundo nivel, en el cual reflexionan acerca de sus experiencias personales desde que eran niños y cuestionan sus creencias, valores y actitudes. Los participantes que pasan al tercer nivel tratarán de establecer relaciones equitativas y de encontrar soluciones no violentas a los conflictos con sus compañeras.

Kim Best/FHI
 foto de un hombre andando hacia una bicicleta en las colinas peruvianas
Un hombre descansa brevemente de montar en bicicleta por el altiplano Peruano.

¿Son eficaces esos esfuerzos para ayudar a los hombres a renunciar a la violencia contra sus compañeras? Todavía no se conoce la respuesta a esta pregunta. El Colectivo de Hombres para Relaciones Igualitarias de México, no tuvo recursos financieros para evaluar formalmente la repercusión de su programa. Pero la entrada de más hombres en el programa como resultado de la recomendación de participantes anteriores que sentían que el programa les había ayudado a controlar su comportamiento violento se consideró una medida de éxito suficiente para justificar que organizaciones no gubernamentales e instituciones públicas repitieran la iniciativa en seis o siete estados mexicanos.

Es demasiado temprano para evaluar plenamente el programa recientemente ejecutado en el Perú. Pero la remisión de más hombres al programa por otros hombres o por organizaciones feministas indica que está teniendo una repercusión social. Y, a corto plazo, la repercusión del programa en cada hombre se está midiendo con registros de asistencia, autoevaluaciones mensuales, observaciones por los facilitadores y seguimiento de los hombres que abandonan el programa. Antes de que los hombres pasen al segundo nivel, los cambios de conducta que se producen después de la participación en el primer nivel serán evaluados por las compañeras que siguen con los hombres. Cabe señalar, sin embargo, que cerca de 70 por ciento de los hombres ya han sido abandonados por sus compañeras.

A veces los cambios de actitud o comportamiento no son ambiguos. "He aprendido a valorarme y a detectar y controlar mi comportamiento violento", dijo claramente un hombre de 35 años de edad del grupo de primer nivel en una autoevaluación. Pero el cambio incluso gradual puede ser prometedor. Un participante de 32 años de edad del grupo de segundo nivel opinó: "Comencé a hacer algún trabajo doméstico al comienzo de este programa, aunque sentía que ese trabajo no me correspondía. Pero la última vez que la ayudé sentí que el trabajo doméstico no le correspondía necesariamente sólo a mi esposa y me sentí bien acerca de ese cambio en mi actitud".

Referencia

  1. Guezmes A, Palomino N, Ramos M. Violencia Sexual y Física contra las Mujeres en el Perú. Estudio Multicéntrico de la Organización Mundial de la Salud. Lima, Perú: Universidad Peruana Cayetano Heredia, 2003.