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La experiencia de un niño: Avergonzado y temeroso

Dr. Surinder Jaswal, profesor adjunto, Instituto de Ciencias Sociales Tata, Mumbai, India

Mukesh (nombre ficticio) de 13 años de edad estaba visitando a su tía cuando un muchacho mayor que él del vecindario lo llevó a un lugar aislado y lo obligó a tener relaciones sexuales. Avergonzado y temeroso de las consecuencias de informar acerca del incidente, Mukesh no dijo nada a sus padres. Ni tampoco le dijo a nadie que el abuso había ocurrido más de una vez. Pero es probable que así haya sido, teniendo en cuenta el hecho de que sufrió heridas anales dolorosas y lesiones sintomáticas de una infección de transmisión sexual. Perturbado por esos síntomas, Mukesh informó a su hermano, quien lo llevó a un hospital para que recibiera tratamiento.

La experiencia de Mukesh ocurre con demasiada frecuencia. En estudios realizados con hombres jóvenes de zonas urbanas, semiurbanas y rurales en India, en entornos tanto institucionales como comunitarios, estos notifican con cierta frecuencia que son víctimas de coerción sexual por compañeros de sexo masculino, muchachos de más edad y hombres.1 Aproximadamente un cuarto de los 23 pacientes que solicitaron tratamiento por abuso sexual en un establecimiento de asistencia de salud en la zona urbana de la Ciudad Thane, India, eran niños de 6 a 16 años de edad.2 Y un tercio de 811 estudiantes mayores de escuelas secundarias semiurbanas y rurales (con una media de edad de 16 años) que participaron en un estudio urbano de Goa, India, notificaron por lo menos un tipo de abuso sexual ocurrido en el año anterior. Fueron comunes tipos múltiples de experiencias sexuales de abuso, que incluían perpetradores de sexo masculino y femenino.3

Las normas de género de India crean una situación que conduce a ese tipo de coerción sexual masculina. Comparados con las niñas, a los niños se les da mucha más libertad de movilidad y se les pregunta poco acerca de dónde han estado. No existen tabúes sociales contra los niños que se reúnen en "adaas" (guaridas locales donde se reúnen los niños).

No obstante, la coerción sexual que es más probable que ocurra en estas condiciones se asocia con diversas consecuencias perjudiciales para muchos hombres jóvenes. La índole de la asociación no está muy clara pero, comparados con niños que no son víctimas de relaciones sexuales de coerción, los niños que se han visto obligados a tener relaciones sexuales tienen un desempeño educacional más deficiente, tienen una salud física y mental más precaria, abusan más de las drogas, tienen peores relaciones con sus padres y tienen más relaciones sexuales consensuales.4 En algunos hombres jóvenes, el abuso sexual se ha asociado con preocupación acerca de su sexualidad, su identidad sexual y la manera en que los compañeros los perciben. Muchos adoptan comportamientos perjudiciales (como de abuso de drogas y alcohol) o incurren en comportamientos sexuales peligrosos (por ejemplo relaciones sexuales ocasionales sin protección), aparentemente para comprobar su masculinidad.5

Dada la alta prevalencia de victimización sexual de los hombres en algunos entornos, son esenciales los programas educacionales que promueven las actitudes y desarrollo sexuales saludables para los hombres jóvenes. También se necesitan talleres dirigidos por pares, consejeros y asistentes sociales capacitados, para abordar las ansiedades de los muchachos acerca del comportamiento sexual e informarlos acerca de los riesgos que plantean para la salud las relaciones sexuales forzadas, como las infecciones de transmisión sexual, incluida la infección por el VIH.

En los entornos escolares se debe evitar enérgicamente la intimidación y la violencia, y los maestros y otras personas allegadas a los muchachos deben aprender a ser sensibles a las necesidades y las inquietudes de salud sexual de los adolescentes y los hombres jóvenes. Se debe informar a los estudiantes varones acerca del riesgo del abuso sexual y enseñarles que dicho abuso es inadmisible. Es necesario alentarlos a entablar y mantener relaciones saludables con sus pares.

En cierto modo, Mukesh tuvo suerte. Los médicos del departamento de consulta externa del hospital habían recibido capacitación relativa a pruebas de detección de abuso sexual y estaban preparados para prestar apoyo y servicios de remisión inmediatos para servicios adicionales de orientación y de salud sexual en el centro para adolescentes del hospital.

Mukesh solicitó servicios ambulatorios y se le aconsejó que los aprovechara. Sin embargo, como muchos adolescentes que se encuentran en su situación, no regresó para el seguimiento. Como resultado de ello, el trastorno médico que padecía nunca se diagnosticó ni se trató en el hospital. Quizás no regresó por razones económicas o — lo que es más probable — por vergüenza y miedo al estigma asociado con ese tipo de abuso. Como ocurre en la mayoría de las culturas, para Mukesh, admitir que había sido víctima de abuso sexual por otro hombre bien podría poner en tela de juicio su masculinidad. Al igual que muchos hombres jóvenes, tal vez estaba más dispuesto a arriesgar su salud que a permitir que otros dudaran de su masculinidad.6

Referencias

  1. Andrew G, Patel V. Gender, sexual abuse and risk behaviours in adolescents: a cross-sectional survey in schools in Goa. Natl Med J India 2001;14(5):263-67; Andrew G, Patel V. Sex, studies or strife? What to integrate in adolescent health services. Reprod Health Matters 2003a;11(21):120-29; Andrew G, Patel V. Health Needs of Adolescents: A Study of Health Needs of Adolescents in Higher Secondary Schools in Goa. Research Report. Second Edition. Sangath, India: Resource Centre for Adolescent and Child Health, 2003b; Jaswal S. Child and Adolescent Sexual Abuse in Health Facilities in Thane. Research Report. Mumbai, India: Tata Institute of Social Sciences, 2002; Jaswal S. A Study on Male Sexual and Reproductive Health in Thane City. Research Report. Mumbai, India: Tata Institute of Social Sciences, 2004.
  2. Jaswal, 2002.
  3. Andrew and Patel, 2001; Andrew and Patel, 2003a.
  4. Andrew and Patel, 2001; Andrew and Patel, 2003b; Durham A. Young men living through and with child sexual abuse: a practitioner research study. Br J Soc Work 2003;33:309-23.
  5. Durham; Jaswal 2004; Verma RK, Rangaiyan G, Singh R, et al. A study of male sexual health problems in a Mumbai slum population. Cult Health Sex 2001;3(3):339-52.
  6. Rivers K, Aggleton P. Working with Young Men to Promote Sexual and Reproductive Health. London, UK: Department for International Development, 2002.

La violencia sexual matrimonial es una 'experiencia aterradora'

Por Faizal Haque, Director de Comunicaciones y Capacitación, Centro de Operaciones de Investigación y Capacitación, Vadodara, India; Dr. M.E. Khan, Director Asociado Regional, Asia y Cercano Oriente, Programa FRONTERAS, Population Council, Nueva Delhi, India; y Dr. John Townsend, Director, Programa FRONTERAS, Population Council, Washington, D.C.

"Fue una experiencia aterradora. Cuando traté de resistir, me sujetó los brazos por encima de la cabeza. Fue tan doloroso y sofocante que me desmayé, porque sólo me acuerdo que me levanté en la mañana y encontré manchas de sangre en la sábana. Mi esposo ya no estaba en la habitación. Me levanté lentamente y me dirigí al inodoro, sintiéndome enferma y deprimida".

Así es como Laxmi (nombre ficticio), de 32 años de edad, se acuerda de la primera experiencia sexual que tuvo a los 13 años. Como ocurre con muchas de las mujeres casadas entrevistadas en un estudio cualitativo realizado en 1996 en dos pueblos de Uttar Pradesh, India,1 Laxmi tuvo una experiencia sexual matrimonial forzada y aterradora. El estudio, realizado por el Centro de Operaciones de Investigación y Capacitación (CORT), con sede en India, con mujeres casadas de 15 a 44 años de edad, reveló que las novias jóvenes en Uttar Pradesh — donde casi la mitad de las adolescentes se casan antes de los 15 años de edad — a menudo no estaban preparadas para tener relaciones sexuales y se sentían incapaces de prevenirlas. A muchas jovencitas simplemente se les dice uno o dos días antes de casarse: "no rechaces a tu esposo, deja que haga lo que quiera".

Las mujeres del estudio que habían estado casadas menos de tres años tendían a resistir las relaciones sexuales menos que las mujeres que ya llevaban tres o más años de casadas. Según las mujeres, en los primeros años de matrimonio doblegarse a las exigencias sexuales del esposo era la única forma que ellas conocían de fomentar una relación matrimonial estrecha u obtener algún poder para negociar los asuntos familiares.

Cuando las mujeres se resistían a tener relaciones sexuales, su razón frecuente era el temor a un embarazo no deseado. Irónicamente, el rechazo a las relaciones sexuales llevaba con frecuencia a la coerción sexual y al resultado mismo que temían. La mayoría de las mujeres del estudio que notificaron violencia sexual en sus matrimonios habían tenido uno o dos embarazos no intencionados.

En el estudio, dos tercios de unas 100 mujeres notificaron coerción sexual matrimonial. Cuando las mujeres se negaban a tener relaciones sexuales, la mayoría de los esposos les recordaban con enojo: ¿"Para qué más me casé contigo?" O bien: ¿"Para qué sirves si no me puedes hacer esto?" Algunos esposos las amenazaban diciéndoles que iban a tener relaciones sexuales con otras mujeres o les exigían que se regresaran a casa de sus padres.

Estos resultados son similares a los de los estudios realizados por el Population Council en Bangladesh y por CORT en Gujarat, India. En el estudio de Bangladesh, 71 por ciento de 160 mujeres cuya edad estaba entre 15 y 35 años informaron que en su matrimonio habían sido objeto de coito forzado.2 En cambio, el estudio en Gujarat, India, realizado con hombres y mujeres recién casados, reveló que sólo 16 por ciento de 25 habían tenido relaciones sexuales matrimoniales no consensuales, mientras que cerca de un tercio de 25 hombres casados confesaron que habían obligado a sus esposas a tener relaciones sexuales con ellos.3

En estos estudios, el coito forzado había tenido consecuencias adversas inmediatas en las mujeres: depresión, pérdida de autoestima y embarazos no intencionados. Además, el estudio de Bangladesh reveló que en comparación con otras mujeres, las que experimentaban violencia doméstica y sexual no usaban anticonceptivos orales tan sistemáticamente y no usaban anticoncepción de emergencia con la misma frecuencia para prevenir el embarazo no deseado después de haber tenido relaciones sexuales sin protección. Muchas mujeres del estudio de Bangladesh también informaron que temían contraer infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH. Dado que a menudo no tenían la capacidad de negociar las relaciones sexuales sin riesgo en sus matrimonios y probablemente serían objeto de coito matrimonial forzado, dejaban todo al azar. "Sé que mi esposo va donde las trabajadoras del sexo comercial", dijo una mujer de 25 años de edad madre de tres niños. Y agregó: "Pero, ¿qué puedo hacer? Ni él deja de ir donde otras mujeres ni yo puedo convencerlo a que use el condón. Sé que un día me infectará con el SIDA... Ese es nuestro destino".

¿Cómo se puede abordar esta violencia a la que se enfrentan las mujeres en sus propios hogares? A largo plazo, se deben abordar y eliminar las causas fundamentales de inequidad por razones de género. También hay que promover una defensa sistemática y persistente para movilizar a la comunidad contra la violencia por razones de género. Hacer cumplir en India la ley que prohibe el matrimonio antes de los 18 años de edad protegería a más mujeres jóvenes contra el matrimonio temprano y la impotencia sexual que sienten en tales arreglos. A corto plazo, la introducción de la educación familiar en las escuelas y el asesoramiento de los trabajadores de planificación familiar a las parejas de recién casados pueden poner freno a la violencia sexual en el matrimonio al preparar a las adolescentes para la vida matrimonial y al ayudarles a desarrollar actitudes positivas hacia la sexualidad. El estudio de Bangladesh reveló que las mujeres jóvenes que fueron informadas acerca de asuntos sexuales y que se casaron cuando ya tenían más edad (19 años o más) tenían más probabilidades de negociar las relaciones sexuales con sus parejas y que su vida sexual matrimonial era mejor que la de las jóvenes de menos edad y que estaban menos informadas.

Referencias

  1. Khan ME, Townsend J, Sinha R., et al. Sexual violence within marriage. Seminar 1996;447:32-35.
  2. Khan ME, D'Costa S, Rahman M. Prevalence and nature of violence against women in Bangladesh. The 129th Annual Meeting of the American Public Health Association, Atlanta, GA, October 21-25, 2001.
  3. Khan ME, Barge S, Sadhwani H, et al. Reflections on Marriage and Sexuality: Experience of Newly Married Men and Women in Gujarat, India. Vadodara, India: Centre for Operations Research and Training, 2004.

'Estaba viva pero sin vida . . .'

Por Trish Hiddleston, Directora de Protección, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)/República Democrática del Congo

"Fue en abril de 2002. Llamaron a la puerta de nuestro hogar y abrimos porque pensamos que serían los vecinos que habían venido a saludarnos. Pero no eran los vecinos. Eran seis hombres armados. Se metieron a la fuerza en nuestro hogar con sus armas de fuego… Me obligaron a tener relaciones sexuales con ellos muchas veces". Luego los hombres se llevaron a Safi (nombre ficticio), de 19 años de edad, a su campamento en el bosque donde la tuvieron durante más de un año. "Durante todo ese tiempo sentí que me estaba enloqueciendo. Estaba como inconsciente. Estaba viva pero sin vida… Me violaron todos los días. Me violaban antes de salir para ir a robar o a matar — a veces un solo hombre, a veces todos ellos . . ."1

Durante más de cinco años de guerra total en la República Democrática del Congo (RDC), la violación y otras formas de abuso sexual aumentaron enormemente a medida que los grupos armados recurrían a la violencia sexual para debilitar a las comunidades y forzarlas a someterse. Y, a pesar de la creación de un gobierno transitorio en 2003, el conflicto y la violencia sexual continúan, en particular en el oriente de la RDC.

Las mujeres violadas en esta situación de conflicto han sufrido muchas consecuencias inmediatas graves para la salud y a veces potencialmente mortales. Safi quedó embarazada de uno de sus violadores. En un hospital de Goma donde recibió tratamiento después de escaparse de sus apresadores, otras jovencitas y mujeres han dado a luz a bebés concebidos en una violación. Pero un número considerable de pacientes atendidas en el hospital, que está administrado por los Médicos de Turno para Prestar Servicios y recibe apoyo significativo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), han acudido para someterse a operaciones quirúrgicas para reparar una lesión que es motivo de estigma. La lesión, denominada fístula, es un orificio producido por un desgarre entre la vejiga y la vagina o entre el recto y la vagina, que hace la mujer sufra de incontinencia.

Muchas jovencitas y mujeres jóvenes de la RDC son propensas a sufrir de una fístula por varias razones. Dado que por lo común tienen mala salud y se han casado antes de que el cuerpo se haya desarrollado plenamente, las paredes vaginales o rectales pueden debilitarse o dañarse incluso al tener relaciones sexuales matrimoniales que no son violentas. La violación repetida y violenta (a veces por la inserción de objetos punzantes en la vagina) puede exacerbar este daño, si es que no lo causa directamente. Además, a las jovencitas que quedan embarazadas durante una violación y dan a luz antes de que su cuerpo se haya desarrollado plenamente se les puede formar una fístula como resultado del parto. Entre abril y septiembre de 2003, más de 150 operaciones de fístulas se realizaron en jovencitas y mujeres referidas al hospital en Goma. En particular, durante ese período, el hospital registró a 973 pacientes de sexo femenino que habían sido víctimas de violencia sexual, que iban desde niñas de 7 años de edad hasta bisabuelas de 80 años de edad. Doce por ciento de las pacientes del hospital se habían infectado con el VIH, y casi 40 por ciento de ellas tenían otras infecciones de transmisión sexual.2

La anticoncepción de emergencia puede ayudar a prevenir el embarazo no deseado y la profilaxis de posexposición puede ayudar a prevenir la infección por el VIH. Sin embargo, rara vez hay tratamientos disponibles en la RDC. Y aun cuando se disponga de ellos, los médicos de allí rara vez saben cómo proporcionarlos. Además, muchas víctimas de violación no están al tanto de los beneficios de estos tratamientos. Y aunque lo estén, obstáculos como el conflicto en curso, la falta de transporte o la incapacidad de pagar impiden que muchas de las víctimas tengan acceso a los servicios disponibles a tiempo para que éstos sean eficaces. (La anticoncepción de emergencia debe proporcionarse antes de que transcurran 120 horas; la profilaxis de posexposición debe administrarse en un plazo de 72 horas).

Hay otras razones por las que muchas víctimas no solicitan ayuda médica, ni mucho menos ayuda legal. Es posible que teman que los perpetradores tomen represalias contra ellas. Y, dado que la violación acarrea un estigma enorme en la RDC, las víctimas tratan de mantenerla en secreto. La revelación puede hacer que la familia y la comunidad las haga objeto de ostracismo.

Una combinación de factores mantiene la violencia sexual en este entorno. En primer lugar, el desplazamiento, la separación familiar y la desintegración de la comunidad producidos por el conflicto debilitan mecanismos protectores tradicionales tales como pedir ayuda a familiares, vecinos, jefes o ancianos. Y, por norma, la guerra establece violencia. Como resultado de ello, ha aumentado la violencia sexual por parte de los que ocupan cargos de relativo poder y fuerza — soldados, la policía, maestros y criminales comunes.

Sin embargo, la violación — que rara vez se notifica en la RDC debido, en parte, a la existencia de un sistema judicial ineficaz y a normas de género que mantienen la condición baja y la falta de poder de la mujer — está atrayendo cada vez más atención. Y se están emprendiendo estrategias para prevenirla y aliviar sus consecuencias. Dichas estrategias incluyen lo siguiente:

  • Se están estableciendo colaboraciones de vigilancia de vecindarios.
  • El Gobierno de la RDC, las Naciones Unidas y organismos no gubernamentales se han sumado a una iniciativa nacional para luchar contra la violencia sexual.
  • Cuando se desplazan poblaciones, el personal del UNICEF y los organismos no gubernamentales tratan de evitar la separación familiar, reunificar rápidamente a las familias y hacer que el diseño de los campamentos no facilite la violación.
  • El UNICEF, el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud y organismos no gubernamentales están proporcionando estuches de posviolación a unos cuantos centros de salud. Se están creando equipos móviles para atender a las víctimas cuando las áreas de conflicto se hacen accesibles.

Referencias

  1. Page K. Safi's Story: A Courageous Young Woman Moves Beyond Her Past Experience of Sexual Violence. Democratic Republic of Congo: United Nations Children's Fund, 2003.
  2. Page.

Examen de la virginidad plantea muchos interrogantes

Por Cleopatra Ndlovu, Funcionaria de Comunicaciones, Grupo de Acción de la Mujer, Zimbabwe

Imagínese que usted es Sekai (nombre ficticio), adolescente de 16 años de edad que vive en un área de Zimbabwe donde se hacen exámenes para comprobar la virginidad de las jovencitas.

Le llega el turno a Sekai para examinarse. Una anciana le pide que se acueste y abra las piernas, y luego le inserta en la vagina un dedo — dedo que ya ha insertado en las partes íntimas de otras jovencitas ese día — para determinar si todavía es virgen. ¿Cómo cree usted que se siente Sekai?

Lamentablemente, la práctica del examen de la virginidad ha revivido en el transcurso de los años; la gente alega que éste protege su identidad africana, su cultura. Diversos grupos — a veces tribus, iglesias o familias — realizan el examen de la virginidad en Malawi, Sudáfrica, Swazilandia, Zimbabwe y otros países africanos. El examen puede efectuarse en niñas de hasta 5 años de edad. Si se determina que una niña no es virgen, el precio que un hombre paga por ella como comprometida será inferior, o puede negarse a casarse con ella. Aunque el hombre acceda a casarse con ella, la niña y su familia a menudo son objeto de deshonra y burla.

A los muchachos, en cambio, no se les hace someterse a tales exámenes íntimos. De los muchachos y de los hombres ni siquiera se espera que se abstengan de las relaciones sexuales antes del matrimonio ni que sean fieles. Su "pureza" sexual no se pone en tela de juicio.

¿Por qué se hace el examen de la virginidad? Primero, su objetivo es determinar la pureza sexual de las jovencitas cuando contraen matrimonio. Segundo, su meta es desalentar a las adolescentes de tener relaciones sexuales antes del matrimonio y, por lo tanto, puede considerarse una manera de combatir la propagación del VIH/SIDA.

Este es el caso en Zimbabwe, que registra una de las tasas más altas de infección por el VIH en el mundo. Por ejemplo, el Jefe Naboth Makoni, del distrito Makoni, a 180 kilómetros de Harare, incluye el examen de la virginidad como parte de su campaña contra el SIDA. Ha dicho que este examen de las jovencitas ayuda a prevenir el VIH en su distrito (el cual, irónicamente, tiene la tasa más alta de VIH en el país) al hacer que las relaciones sexuales prematrimoniales sean vergonzosas, y esto pone freno a dichas relaciones. Miles de jovencitas han sido objeto del examen en la región del Jefe Makoni.

Es cierto que la abstinencia de las relaciones sexuales — tanto de las jovencitas como de los muchachos — hasta el momento de un matrimonio mutuamente monógamo protege contra la transmisión sexual del VIH. Pero el examen de la virginidad no es necesariamente una manera eficaz de lograr ese objetivo. Ni es justo tampoco. Por ejemplo, algunas adolescentes no pasan el examen porque han sido víctimas de violación o incesto. Cuando la pérdida de la virginidad se descubre durante el examen, las jovencitas son objeto de estigma, mientras que a menudo los perpetradores quedan impunes. En otros casos, es posible que las jovencitas se hayan visto obligadas a tener relaciones sexuales a cambio de alimentos sólo para poder sobrevivir. Asimismo, es posible que el himen de una niña se haya roto naturalmente.

Finalmente, la práctica del examen de la virginidad implica que la sexualidad de las jovencitas, y no la de los muchachos, es la causa fundamental de transmisión del VIH.

Es probable que el examen de la virginidad sea perjudicial para muchas jovencitas, independientemente de si lo pasan o no. En primer lugar, este examen íntimo despoja a una niña de su dignidad. Se dice que el examen es voluntario, pero los padres, presionados por la sociedad, pueden obligar o convencer a sus hijas para que se sometan a la práctica. Las jovencitas que no pasan el examen a menudo son objeto de estigma por parte de sus familias y la comunidad durante meses o años, y su valor matrimonial disminuye. Para preservar su virginidad, las adolescentes y mujeres jóvenes a veces tienen relaciones sexuales anales, las cuales — si el compañero sexual es VIH infectado — entrañan más riesgo de infección por el VIH que las relaciones sexuales vaginales.

Algunas jovencitas dicen que se sienten felices cuando pasan el examen de la virginidad. En una entrevista publicada en un periódico, una joven estudiante de Zimbabwe dijo: "Si se es virgen, una se siente orgullosa y tiene autoestima y confianza en lo que está haciendo". Sin embargo, algunas jovencitas que pasan el examen corren riesgos: pueden casarse con hombres mayores cuya virginidad y estado relativo al VIH no se han determinado y que ya pueden estar infectados por el VIH. En realidad, es posible que los hombres infectados por el VIH busquen vírgenes jóvenes para casarse con ellas porque creen en el mito de que tener relaciones sexuales con una virgen puede curar la infección.

El examen de la virginidad en Zimbabwe es objeto de controversia, y las personas tienen diferentes opiniones al respecto. Pero preguntémonos lo siguiente: ¿Es el examen de la virginidad realmente una buena manera de frenar la propagación del VIH/SIDA? ¿No viola los derechos de la joven y la priva de poder y control en cuanto a su cuerpo y su sexualidad? ¿Qué riesgos para la salud entraña el uso en varias jovencitas de los mismos guantes o los mismos dedos que necesariamente no se han lavado bien? ¿Con quién se hacen casar estas jovencitas después del examen? ¿Son sus esposos VIH negativos? ¿Por qué la virginidad de los muchachos no se pone en tela de juicio?

Tantas preguntas. Pensemos en ellas.