Visita fhi.org en: English | Français | Русский | عربي
 Búsqueda en fhi.org:
 
portada de la edición

Salud reproductiva

Las relaciones sexuales no consensuales minan la salud sexual

Los jóvenes y los viejos, los hombres y las mujeres corren riesgo.

Network en español: 2005, Vol. 23, No. 4

Envíe un correo electrónico a un(a) amigo(a)
Leer esta página en:
English  | Français

Qué hay de nuevo en fhi.org

Currículo de Capacitación sobre Ética de la Investigación para los Representantes Comunitarios.
Lea más...
Versión en portugués

También:

Programas VIH/SIDA de FHI en todo el mundo.
Ordene nuestras publicaciones acerca de la salud reproductiva.
Publicaciones de YouthNet

Busque documentos relacionados a éste

A menudo y por una variedad de medios, a los niños, los adolescentes y los adultos — tanto hombres como mujeres — se les presiona para que tengan relaciones sexuales que no desean. Con demasiada frecuencia, se tolera el comportamiento de los perpetradores, el cual está fuertemente entrelazado con tradiciones y costumbres de muchos años. Entretanto, el estigma del que muchas víctimas son objeto las sumerge en un silencio de resignación que les impide obtener ayuda y oculta el alcance del problema.

Puntos clave

  • El coito forzado se asocia a problemas graves de salud reproductiva.
  • Muchas víctimas son jóvenes y mujeres, pero las personas de más edad y los hombres también corren riesgo.
  • Las relaciones sexuales no consensuales constituyen un problema mundial que suele arraigarse en normas sociales de muchos años.

Por lo tanto, las relaciones sexuales no consensuales — aceptadas o sólo pasadas por alto — siguen ocurriendo. Mientras tanto, todavía no se entienden bien su magnitud total, los factores de riesgo y las consecuencias que tienen para la salud física y mental, particularmente en el mundo en desarrollo (véase Se necesita más investigación, pero ¿qué tipo?). Aunque se han determinado asociaciones fuertes entre diversas formas de coacción sexual y consecuencias adversas para la salud reproductiva, el diseño de los estudios generalmente imposibilita determinar una relación directa entre causa y efecto. En realidad, los mismos factores que hacen aumentar los riesgos para la salud también pueden hacer aumentar los riesgos de que ocurran relaciones sexuales no consensuales.

Pero los expertos advierten que este tipo de relaciones pueden ser la base de algunos de los problemas de salud reproductiva más persistentes de nuestro tiempo y que a menudo pueden ser mortales: el embarazo no intencional (y sus complicaciones) y la transmisión no sólo de la infección por el VIH sino también de otras infecciones de transmisión sexual (ITS) que pueden causar cáncer cervicouterino e infertilidad.1 La práctica generalizada del coito forzado significa que las estrategias comunes de prevención de las ITS y de la infección por el VIH que hacen hincapié en la abstinencia, la fidelidad en las relaciones y el uso de condones no puede proteger a todas las personas contra estas infecciones.

Las definiciones de las relaciones sexuales no consensuales varían, lo cual complica los intentos de medir su prevalencia general o de comparar su prevalencia en diversos entornos. Sin embargo, todas las definiciones tienen una base común: la ausencia de una opción plena y libre en las decisiones relativas a tener relaciones sexuales. La fuerza física o la amenaza de usar dicha fuerza puede impedir que las víctimas tengan una opción. Pero la presión intensa psicológica, emocional y financiera o el miedo a las consecuencias sociales también puede obligar a las personas a renunciar a su derecho de oponerse a las insinuaciones sexuales no deseadas. Aunque la violación es una de las formas más extremas e inmediatamente traumáticas de las relaciones sexuales forzadas (véase Violación por desconocidos: Castigo, humillación y terror), otras formas pueden tener mayores repercusiones en la salud.

Los tipos y las características de las relaciones sexuales no consensuales que se han notificado en diversos entornos de todo el mundo cubren un amplio espectro. Pero las siguientes tendencias son claras:

  • Los entornos que parecerían proporcionar la protección mayor contra el abuso, como los hogares, las escuelas e incluso los establecimientos de asistencia de salud, suelen presentar un riesgo considerable.
  • La mayoría de las víctimas conocen a sus agresores.
  • Una proporción considerable de víctimas son jóvenes.
  • La mayoría de las víctimas son mujeres o niñas.
  • Tales formas de coacción sexual como abuso sexual infantil o matrimonial están ocurriendo y pueden empeorar con el transcurso del tiempo.2

Niños y adolescentes jóvenes

El abuso sexual de los niños y adolescentes de corta edad está generalizado en todas las sociedades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que la prevalencia general es de 25 por ciento respecto a las niñas y 8 por ciento a los niños,3 aunque estas cifras varían según la población estudiada y las definiciones usadas. El padre u otro pariente de sexo masculino es el perpetrador más común, pero también hay abuso por parte de compañeros, maestros, encargados del cuidado de los niños, amigos de la familia, líderes religiosos y vecinos. Los niños y las niñas entre las edades de 7 y 13 años son los que corren más riesgo.4

Son muchas las asociaciones entre el abuso sexual en la niñez y numerosos efectos adversos a corto y largo plazo que éste tiene en la salud física y mental. Por ejemplo, los estudios han observado que el abuso sexual en la niñez se asocia no sólo con el embarazo de adolescentes5 y la infección por el VIH,6 sino también con una tendencia en las víctimas de obligar después a otra persona a tener relaciones sexuales7 y con una variedad de problemas de salud ginecológica y reproductiva, incluido dolor pelviano crónico, problemas premenstruales y aumento de peso prenatal inadecuado o excesivo. Otros efectos adversos físicos y mentales incluyen problemas emocionales como depresión y ansiedad, comportamiento sexualizado, trastorno por atracón en las mujeres y abuso de drogas.8

Todavía no está claro si el abuso sexual en la niñez causa directamente problemas de salud reproductiva y de otra índole ya que muchos de los factores que hacen que un niño corra riesgo de abuso sexual también hacen que un niño corra riesgo de resultados de salud adversos en etapas posteriores de su vida. Estos factores incluyen inestabilidad familiar, psicopatología de los padres, negligencia y abuso físico infantiles, clase social baja, desempleo, abuso de alcohol y drogas por parte de los padres y pobreza.9 Como resultado de ello, la interrelación del abuso sexual en la niñez y las múltiples experiencias adversas en la niñez deben considerarse al diseñar estudios, tratamientos y programas para prevenir el abuso sexual en la niñez.10

El abuso sexual en los adolescentes de corta edad puede producir directa e inmediatamente un embarazo no intencional o la transmisión de ITS y de la infección por el VIH. A largo plazo, el abuso sexual en la niñez parece asociarse con estos mismos resultados adversos mediante dos mecanismos. El primero es que dicho abuso se ha vinculado a una tendencia a exponerse a riesgos. El segundo se ha asociado con la victimización sexual posterior de las mujeres.11

En ambos casos, el daño emocional causado por el abuso sexual en la niñez parece minar el desarrollo psicológico normal y saludable que podría mejorar la capacidad de las víctimas para proteger su salud sexual. En numerosos estudios, las víctimas han notificado que sienten culpabilidad, ansiedad y depresión; sentimientos de inutilidad e impotencia; incapacidad de distinguir entre un comportamiento sexual y un comportamiento afectuoso; dificultad de mantener límites personales apropiados; e incapacidad de rechazar las insinuaciones sexuales no deseadas.12

La tendencia a exponerse a riesgos sexuales asociada con el abuso sexual en la niñez se manifiesta de varias maneras. Comparados con los que no han sido víctimas, los que sí lo han sido tienen más probabilidades de comenzar a tener relaciones sexuales voluntarias a una edad más temprana; tener relaciones sexuales con varios compañeros; abusar del alcohol y usar otras drogas; intercambiar relaciones sexuales por dinero o medicamentos; y no usar la anticoncepción, incluidos los condones.13 Todos estos comportamientos pueden hacer aumentar el riesgo del embarazo no intencional y de contraer ITS, incluida la infección por el VIH.

Entornos escolares

La escuela, como el hogar, debe ser un refugio seguro para los jóvenes. No obstante, muchas jovencitas y — en menor grado, muchachos — son víctimas de acoso sexual y relaciones sexuales forzadas en ese lugar.14 Se ha notificado que algunos maestros han dado buenas notas o notas para aprobar el curso a jovencitas a cambio de relaciones sexuales.15 Con frecuencia, compañeros y estudiantes de más edad se aprovechan de las jovencitas cuando éstas van a la escuela a pie o cuando están en los dormitorios escolares. Y los viejos adinerados abordan a las jovencitas en los alrededores de las escuelas y las engatusan para que tengan relaciones sexuales con ellos a cambio de regalos y dinero. Muchas jovencitas consideran que su supervivencia depende de ese tipo de arreglos.16

La investigación realizada en las escuelas de penúltimo año de educación secundaria en Ghana, Malawi y Zimbabwe ha revelado que el abuso sexual de jovencitas por parte de maestros, estudiantes de sexo masculino de más edad y viejos adinerados se acepta en gran medida. Es posible que las autoridades no hagan nada contra ello. Por lo general los maestros se muestran renuentes a notificar la mala conducta sexual de otros maestros. Y no todas las jovencitas o no todos los padres se oponen necesariamente a las relaciones sexuales entre maestros u hombres de más edad y las adolescentes.17 Se han notificado tendencias análogas de acoso sexual y violación perpetrados por maestros o compañeros en entornos universitarios en regiones tan diversas como China, Etiopía, Malawi, Sri Lanka, Sudáfrica, Tanzanía y Zimbabwe.18

Muchachos y hombres jóvenes

Aunque la investigación relativa al abuso sexual de los muchachos es escasa y los tamaños de la muestra de los estudios son reducidos, entre 4 por ciento y 20 por ciento de los adolescentes de sexo masculino estudiados en los países en desarrollo notifican haber sido víctimas de agresión sexual. En la mayoría de los casos, los perpetradores son compañeros; ocasionalmente son hombres de más edad. Como ocurre con las víctimas de sexo femenino de abuso sexual en la niñez, las víctimas de sexo masculino tienen probabilidades de sufrir consecuencias psicológicas como ansiedad y depresión.19 En gran parte debido al estigma del que pueden ser objeto si se sabe que han sido víctimas de este tipo de abuso, pocas víctimas del sexo masculino solicitan ayuda y la mayoría tiende a sufrir en silencio. En algunos casos, su sufrimiento puede hacer que tiendan a exponerse a más riesgos sexuales (véase La experiencia de un niño: Avergonzado y temeroso).

El abuso sexual de los muchachos se ha asociado con una tendencia posterior a dejar embarazadas a las jovencitas. Encuestas efectuadas con unos 54.000 estudiantes de escuela secundaria de Minnesota, EE.UU., de sexo femenino y masculino que habían tenido relaciones sexuales, observaron que dejar embarazadas a las jovencitas y tener comportamientos de riesgo asociados (por ejemplo, usar condones con poca frecuencia o no usarlos en absoluto; consumir regularmente alcohol u otras drogas antes del coito) ocurrían con una frecuencia por lo menos dos veces superior en los muchachos que habían sido víctimas de abuso que en los que no lo habían sido.20 Una encuesta en la que participaron unos 1.600 adolescentes de Massachusetts, EE.UU., que habían tenido relaciones sexuales reveló que los adolescentes de sexo femenino y masculino que tenían antecedentes de abuso sexual notificaban una tendencia más fuerte a exponerse a riesgos sexuales que los que no tenían dichos antecedentes; sin embargo, la repercusión del abuso sexual en la tendencia a exponerse a riesgos sexuales parecía ser mayor en los muchachos. En particular, los investigadores señalaron que los muchachos notificaron entornos familiares aún más disfuncionales que las jovencitas, y que la falta de una familia que ofreciera apoyo sumada al abuso mismo podía hacer a los niños más propensos a comportamientos que los exponía a riesgos.21

En estudios realizados en entornos tan variados como India, Filipinas, Tailandia, Colombia, Kenia y Brasil, el coito forzado en los hombres jóvenes en particular lo que viven en la calle se ha asociado con el hecho de que ellos mismos obligan a otras personas a tener relaciones sexuales con ellos, o con la práctica de las relaciones sexuales de transacción (tener relaciones sexuales a cambio de dinero, regalos o favores) con hombres y mujeres de más edad.22

Los adolescentes de más edad y los hombres posiblemente también corran riesgo de relaciones sexuales no consensuales en su hogar, en la escuela, en el trabajo, en la calle, en el ejército, durante la guerra, en las prisiones y cuando están bajo custodia policial. Generalmente, los perpetradores son otros hombres. Pero a veces son mujeres. Aproximadamente un cuarto de unos 1.500 estudiantes universitarios u hombres de edad universitaria que participaron en estudios estadounidenses y alemanes han notificado incidentes de coacción sexual por parte de mujeres, incluidas relaciones sexuales. Los hombres no siempre notifican que estos actos forzados sean desagradables, pero los investigadores calculan que por lo menos uno de cinco hombres experimenta una fuerte reacción negativa.23 La mayoría de los estudios relativos al coito forzado por mujeres se han llevado a cabo con estudiantes universitarios de países desarrollados, pero en Sudáfrica se han informado casos de mujeres que, a punta de pistola, violan a los hombres para infectarlos deliberadamente con el VIH.24

Mujeres y adolescentes solteras de más edad

Como las adolescentes jóvenes en entornos escolares, es posible que las adolescentes de más edad empiecen a tener relaciones sexuales con hombres considerablemente mayores que ellas a cambio de regalos o dinero.25 De igual manera, los adolescentes de sexo masculino han notificado haber sido presionados por mujeres de más edad para tener ese tipo de relaciones sexuales de transacción.26 Es posible que algunos opten por esto libremente. Pero las relaciones sexuales de transacción a menudo están motivadas por una necesidad económica apremiante,27 y por lo tanto son esencialmente no consensuales.

Independientemente de su edad, las mujeres que tienen relaciones sexuales de transacción pueden correr más riesgo de contraer la infección por el VIH. En un estudio realizado en Soweto, Sudáfrica, con casi 4.000 mujeres embarazadas de 15 a 44 años de edad, las relaciones sexuales de transacción se asociaron con la seropositividad frente al VIH. Los investigadores señalaron que las mujeres que tienen relaciones sexuales de transacción posiblemente corran más riesgo de infectarse con el VIH porque tienen menos probabilidades de usar condones y sus compañeros tienen más probabilidades que otros hombres de estar infectados por el VIH, quizás porque suelen tener múltiples compañeras sexuales.28

Esposos o compañeros estables

Con frecuencia, las mujeres temen ser violadas por un desconocido. Pero muchas de ellas tienen más probabilidades de ser víctimas de coacción sexual por los hombres que más conocen: sus esposos y novios que tienen desde hace mucho tiempo. La agresión sexual por esposos se notifica entre dos y ocho veces más a menudo que la agresión por desconocidos.29 En diversos estudios realizados en todo el mundo, hasta un cuarto de las mujeres han informado haber sido forzadas por el esposo actual o el ex esposo, o por el compañero con quien cohabitan.30 En algunos entornos, es posible que las tasas sean mucho mayores (véase La violencia sexual matrimonial es una 'experiencia aterradora').

No todos los países reconocen la violación en el matrimonio como un delito ni la sancionan. En realidad, las normas de género en muchos entornos hacen que a menudo se considere que el matrimonio confiere a los hombres acceso a relaciones sexuales incondicionales con sus esposas. Además, la violación por un desconocido tiende a ser un suceso único pero es posible que la violación en el matrimonio ocurra repetidamente y por lo tanto plantea una amenaza continua para la salud reproductiva de la mujer.

En un estudio relativo al coito forzado en unas 750 mujeres que tenían acceso a los servicios de un dispensario de salud de la mujer en una zona rural pobre de Haití, las mujeres cuyo embarazo no había sido planificado tenían 1,7 más probabilidades de haber sido víctimas de coito forzado que las otras mujeres del estudio. Cabe señalar que el coito forzado (notificado por más de la mitad de las mujeres) era más común en las relaciones de más de cuatro años. Los investigadores señalaron que la dependencia económica de algunas mujeres en las relaciones más largas puede hacer aumentar su riesgo de ser víctimas de coito forzado.32

La doctora Joia Mukherjee, directora médica de Partners in Health, con sede en EE.UU., quien presentó resultados del estudio en la XV Conferencia Internacional del SIDA celebrada en Bangkok, opina: "La mayoría de las mujeres de esta zona rural de Haití viven en una pobreza extrema, ganan entre US$10 y US$30 mensuales y 80 por ciento de ellas notifican que gastan la mitad de sus ingresos en alimentos. Si no se mitiga la pobreza, hacer hincapié en la prevención del embarazo no intencional y las ITS y la infección por el VIH mediante la abstinencia, la fidelidad a los compañeros o el uso de condones tendrá una utilidad muy limitada porque muchas de estas mujeres no tienen poder para protegerse. Muchas de ellas son fieles pero, debido a su dependencia económica, no tienen ningún poder respecto a cuándo y en qué circunstancias tienen relaciones sexuales".

Las relaciones sexuales extramatrimoniales de los hombres, combinadas con el coito matrimonial forzado, no sólo pone a las esposas en riesgo de contraer ITS y la infección por el VIH sino que también puede poner en peligro a un niño que todavía no ha nacido. Si un hombre infectado por el VIH obliga a su esposa embarazada a tener relaciones sexuales con él y ella contrae la infección, el virus puede transmitirse al feto. Por lo tanto, los recién nacidos se tornan en el último eslabón de la larga cadena de las víctimas de las relaciones sexuales no consensuales.

Kim Best

Referencias

  1. Pettifor AE, Measham DM, Rees HV, et al. Sexual power and HIV risk, South Africa. Emerg Infect Dis 2004;10(11) [Serie en la Web]; Wyatt GE, Myers HF, Williams JK, et al. Does a history of trauma contribute to HIV risk for women of color? Implications for prevention and policy. Am J Public Health 2002; 92(4):660-65; Jenny C, Hooton TM, Bowers A, et al. Sexually transmitted diseases in victims of rape. N Engl J Med 1990;322(11): 713-16; Johnson PJ, Hellerstedt WL. Current or past physical or sexual abuse as a risk marker for sexually transmitted disease in pregnant women. Perspect Sex Reprod Health 2002;34(2):62-67.
  2. Krug EG, Dahlberg LL, Mercy JA, et al., eds. World Report on Violence and Health. Geneva, Switzerland: World Health Organization, 2002; Heise L, Moore K, Toubia N. Sexual Coercion and Women's Reproductive Health: A Focus on Research. New York, NY: Population Council, 1995; Jejeebhoy S, Bott S. Non-consensual Sexual Experiences of Young People: A Review of Evidence from Developing Countries. New Delhi, India: Population Council, 2003; Watts C, Zimmerman C. Violence against women: global scope and magnitude. Lancet 2002;359(9313):1232-37.
  3. García-Moreno C. Relationship violence experiences of young people: an overview and some findings from the WHO VAW Study. Non-consensual Sexual Experiences of Young People in Developing Countries: A Consultative Meeting, New Delhi, India, September 22-25, 2003.
  4. Finkelhor D. Current information on the scope and nature of child sexual abuse. Future Child 1994; 4(2):31-53.
  5. Saewyc E, Magee L, Pettingell S. Teenage pregnancy and associated risk behaviors among sexually abused adolescents. Perspect Sex Reprod Health 2004:36(3):98-105; Anda RF, Chapman DP, Felitti VJ, et al. Adverse childhood experiences and risk of paternity in teen pregnancy. Obstet Gynecol 2002; 100(1):37-45.
  6. Brady S, Gallagher D, Berger J, et al. Physical and sexual abuse in the lives of HIV-positive women enrolled in a primary medicine health maintenance organization. AIDS Patient Care STDs 2002; 16(3):121-25; Lindegren ML, Hanson IC, Hammett TA, et al. Sexual abuse of children: intersection with the HIV epidemic. Pediatrics 1998;102(4):E46.
  7. Andersson N, Ho-Foster A, Matthis J, et al. National cross sectional study of views on sexual violence and risk of HIV infection and AIDS among South African school pupils. BMJ 2004;329(7472):952.
  8. Johnson CF. Child sexual abuse. Lancet 2004;364(9432):462-70.
  9. Fergusson DM, Horwood LJ, Lynskey MT. Childhood sexual abuse, adolescent sexual behaviors and sexual revictimization. Child Abuse Negl 1997;21(8):789-803; Roosa M, Tein J-Y, Reinholtz C, et al. The relationship of childhood sexual abuse to teenage pregnancy. J Marriage Fam 1997;59:119-30; Beitchman JH, Zucker KJ, Hood JE, et al. A review of the short-term effects of child sexual abuse. Child Abuse Negl 1991;15(4):537-56.
  10. Dong M, Anda RF, Dube SR, et al. The relationship of exposure to childhood sexual abuse to other forms of abuse, neglect, and household dysfunction during childhood. Child Abuse Negl 2003;27(6):625-39.
  11. Messman-Moore TL, Long PJ. The role of childhood sexual abuse sequelae in the sexual revictimization of women: an empirical review and theoretical reformulation. Clin Psychol Rev 2003;23(4):537-71; Stewart L, Sebastiani A, Delgado G, et al. Consequences of sexual abuse of adolescents. Reprod Health Matters 1996;7:129-34; Coid J, Petruckevitch A, Feder G, et al. Relation between childhood sexual and physical abuse and revictimisation in women: a cross-sectional survey. Lancet 2001;358(9280):450-54; Urquiza AJ, Goodlin-Jones BL. Child sexual abuse and adult revictimization with women of color. Violence Vict 1994;9(3):223-32; Desai S, Arias I, Thompson MP, et al. Childhood victimization and subsequent adult revictimization assessed in a nationally representative sample of women and men. Violence Vict 2002;17(6):639-53.
  12. Stewart; Johnson CF.
  13. Somse P, Chapko MK, Hawkins RV. Multiple sexual partners: results of a national HIV/AIDS survey in the Central African Republic. AIDS 1993;7(4):579-83; Boyer D, Fine D. Sexual abuse as a factor in adolescent pregnancy. Fam Plann Perspect 1992;24(1): 4-11,19; From Non-consensual Sexual Experiences of Young People in Developing Countries: A Consultative Meeting, New Delhi, India, September 22-25, 2003: Ellsberg M. Coerced sex among adolescents in Latin America and the Caribbean; Gupta A. Incest in Indian families: learnings from a support center for adult women survivors; and Koenig M, Lutalo T, Zablotska I, et al. The sequelae of adolescent coercive sex: evidence from Rakai, Uganda.
  14. Krug; Mirsky J. Beyond Victims and Villains: Addressing Sexual Violence in the Education Sector. London, UK: The Panos Institute, 2003.
  15. Omaar R, de Waal A. Crimes Without Punishment: Sexual Harassment and Violence Against Female Students in Schools and Universities in Africa. London, UK: African Rights, 1994.
  16. Leach F, Machakanja P, Mandoga J. Preliminary Investigation of the Abuse of Girls in Zimbabwean Junior Secondary Schools. Education Research Paper No. 39. London, UK: Department for International Development, 2000; Mirsky.
  17. Leach P, Fiscian V, Kadzamira E, et al. An Investigative Study of the Abuse of Girls in African Schools. Educational Paper No. 54. London, UK: Department for International Development, 2003.
  18. Mirsky.
  19. Krug.
  20. Saewyc.
  21. Raj A, Silverman JG, Amaro H. The relationship between sexual abuse and sexual risk among high school students: findings from the 1997 Massachusetts Youth Risk Behavior Survey. Matern Child Health J 2000;4(2):125-34.
  22. Sodhi G, Verma M. Sexual coercion amongst unmarried adolescents of an urban slum in India. In Bott S, Jejeebhoy S, Shah I, et al., eds. Towards Adulthood: Exploring the Sexual and Reproductive Health of Adolescents in South Asia. Geneva, Switzerland: World Health Organization, 2003; Barker G. Research on AIDS: knowledge, attitudes and practice among street youth. Child Worldwide 1993;20(2-3):41-42; Raffaelli M, Campos R, Merritt AP, et al. Sexual practices and attitudes of street youth in Belo Horizonte, Brazil. Soc Sci Med 1993; 37(5):661-70.
  23. Struckman-Johnson C, Struckman-Johnson D. Men's reactions to female sexual coercion. Psychiatr Times 2001;17(3); Struckman-Johnson C, Struckman-Johnson D. Men pressured and forced into sexual experience. Arch Sex Behav 1994;23(1):93-114; Waldner-Haugrud LK, Magruder B. Male and female sexual victimization in dating relationships: gender differences in coercion techniques and outcomes. Violence Vict 1995;10(3):203-15; Krahe B, Scheinberger-Olwig R, Bieneck S. Men's reports of nonconsensual sexual interactions with women: prevalence and incidence. Arch Sex Behav 2003;32(2):165-75.
  24. Women rape men in AIDS fury. The Daily Telegraph (New South Wales, Australia). May 18, 2004. 
  25. Luke N. Age and economic asymmetries in the sexual relationships of adolescent girls in sub-Saharan Africa. Stud Fam Plann 2003;34(2):67-86.
  26. Ajuwon A. Research in sexual coercion among young persons: the experiences and lessons learned from Ibadan, Nigeria. Non-consensual Sexual Experiences of Young People in Developing Countries: A Consultative Meeting, New Delhi, India, September 22-25, 2003.
  27. Hunter M. The materiality of everyday sex: thinking beyond 'prostitution.' Afr Studies 2002;61(1):99-120; Luke N. Confronting the myth of "sugar daddies": linking age and economic asymmetries and risky sexual behavior in urban Kenya. Annual meeting of the Population Association of America, Atlanta, GA, May 9-11, 2002.
  28. Dunkle KL, Jewkes RK, Brown HC, et al. Transactional sex among women in Soweto, South Africa: prevalence, risk factors and association with HIV infection. Soc Sci Med 2004;59(2004):1581-92.
  29. Eby KK, Campbell JC, Sullivan CM, et al. Health effects of experiences of sexual violence for women with abusive partners. Health Care Women Int 1995;16(6):563-76.
  30. Krug.
  31. Martin SL, Kilgallen B, Tsui AO, et al. Sexual behavior and reproductive health outcomes: associations with wife abuse in India. JAMA 1999; 282(20):1967-72.
  32. Fawzi MC, Lambert W, Singler JM, et al. Factors associated with forced sex among women accessing health services in rural Haiti: implications for the prevention of HIV infection and other sexually transmitted diseases. Soc Sci Med 2005;60(4):679-89.

 

Se necesita más investigación, pero ¿qué tipo?

Se necesita más investigación para elaborar políticas basadas en pruebas, programas y prácticas que emplean los proveedores para prevenir y abordar este problema generalizado de las relaciones sexuales no consensuales. Los temas que requieren atención incluyen:

  • Las brechas en la investigación.
    Los entornos geográficos limitados. La investigación programática y los estudios de las intervenciones del mundo desarrollado tienden a haberse realizado en los Estados Unidos, mientras que la investigación más extensa del mundo en desarrollo viene de África e India. Los resultados de estos lugares tal vez no se apliquen a otros países o entornos culturales.1

    La subnotificación. Es probable que las relaciones sexuales no consensuales — en particular el abuso sexual de menores y la violación masculina — no se notifiquen completamente.2

    La atención limitada a ciertos grupos. Las experiencias de las relaciones sexuales no consensuales se han estudiado más en las jovencitas que en los muchachos, y más en las mujeres solteras que en las casadas.

    La comprensión limitada del contexto. La secuencia característica de los sucesos que conducen a las relaciones sexuales no consensuales, las normas culturales que influyen en ellas, los motivos para que ocurran y la manera como éstas se perciben y se justifican requieren más estudio.3
Recurso en la Web

La Iniciativa de Investigación en Violencia Sexual, apoyada por el Foro Mundial para la Investigación en Salud (GFHR) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), procura promover y difundir la investigación y fomentar la capacidad de investigación para reducir y combatir la violencia sexual en los países en desarrollo.

  • Las metodologías de estudio imperfectas o conflictivas que dificultan las comparaciones. Las definiciones, las herramientas de evaluación, los diseños de los estudios y las poblaciones de los estudios varían mucho.4 Además, los estudios tienden a concentrarse en las personas que obtienen acceso a los servicios de salud o que de otro modo son fáciles de reclutar, por ejemplo los estudiantes universitarios; por lo tanto, los resultados quizá no se puedan generalizar.5

  • La falta de claridad acerca de la relación entre las relaciones sexuales no consensuales y las consecuencias adversas para la salud. Los estudios relativos a esta cuestión son de carácter observativo y por lo tanto se limitan a establecer asociaciones entre la coacción sexual y los resultados adversos para la salud. No pueden determinar las relaciones entre causa y efecto.

  • Las pocas evaluaciones de las intervenciones y su eficacia. Los datos disponibles y el dictamen pericial indican que las intervenciones prometedoras comparten varias características clave, pero son pocas las actividades dirigidas a prevenir las relaciones sexuales no consensuales que se han evaluado rigurosamente.

Kim Best

Referencias

  1. Bennett LR, Manderson L, Astbury J. Mapping a Global Pandemic: Review of Current Literature on Rape, Sexual Assault and Sexual Harrassment of Women Consultation on Sexual Violence Against Women. Geneva, Switzerland: Global Forum for Health Research, 2000.
  2. Krug EG, Dahlberg LL, Mercy JA, et al., eds. World Report on Violence and Health. Geneva, Switzerland: World Health Organization, 2002.
  3. Jejeebhoy S, Bott S. Non-consensual Sexual Experiences of Young People: A Review of Evidence from Developing Countries. New Delhi, India: Population Council, 2003.
  4. Population Council. The Adverse Health and Social Outcomes of Sexual Coercion: Experiences of Young Women in Developing Countries [artículo no publicado]. New Delhi, India: Population Council, 2004.
  5. Bennett.


Violación por desconocidos: Castigo, humillación y terror

La violación por parte de desconocidos, aunque es menos común y menos probable de repetirse que el coito forzado por parte de perpetradores conocidos, a menudo sigue siendo causa de embarazo no intencional e infecciones de transmisión sexual, incluida la infección por el VIH. El coito forzado y violento a menudo produce abrasiones y heridas que, junto con la ausencia de uso de condones, ponen a la mujer en riesgo particularmente alto de contraer el VIH si el violador está infectado. Las tasas de embarazo relacionadas con violación varían de un entorno a otro, según algunos factores como la prevalencia de uso de anticonceptivos. La tasa de embarazo en los Estados Unidos relacionada con violación es de 5 por ciento por violación en las víctimas de 12 a 45 años de edad,1 pero las tasas de embarazo posviolación notificado en los entornos del mundo en desarrollo como Etiopía y México varían del 15 al 17 por ciento.2

Estos riesgos de embarazo e infección se multiplican cuando la violación ha sido por varios hombres. La violación en pandilla integrada por hombres jóvenes se ha notificado en entornos tan diversos como Camboya, Perú y Sudáfrica. Los perpetradores dicen que, además de crear un fuerte vínculo entre ellos durante el proceso, la violación en pandilla les permite castigar a las enamoradas por supuesta infidelidad. Otras que suelen ser víctimas son las jovencitas que están bajo el efecto del alcohol o las drogas o que se cree que están dispuestas a tener relaciones sexuales, las trabajadoras del sexo, las jovencitas que se cree que son vírgenes y las mujeres que supuestamente desafían el predominio de los hombres y, por lo tanto, desafían las normas de género.3

Las mujeres son a menudo víctimas de la violencia doméstica y sexual después de un desastre natural. Por ejemplo, la violación y el acoso sexual se notificaron en Sri Lanka después del tsunami ocurrido en diciembre de 2004.4 Castigo, humillación y aterrorizamiento de las mujeres por medio de la violación también han sido desde hace largo tiempo armas de guerra. La violencia sexual extensa contra la mujer se ha notificado en muchas situaciones de conflicto. Las refugiadas que huyen de conflictos también corren riesgo de violación en sus nuevos entornos.5

En situaciones de conflicto, las mujeres violadas a menudo sufren trauma y son objeto de estigma: en muchas culturas, las mujeres pueden ser víctimas de abandono y divorcio, y pueden ser declaradas no aptas para el matrimonio si han sido violadas. Además, muchas mujeres violadas quedan embarazadas, contraen infecciones de transmisión sexual y padecen lesiones ginecológicas que requieren cirugía reconstructiva (véase 'Estaba viva pero sin vida . . .'). El traumatismo en el momento de la violación puede ser mayor y el parto relacionado con el embarazo por violación puede ser más difícil si las mujeres han sido circuncidadas de la manera más extrema, como es el caso del 90 por ciento de las mujeres de la zona de conflicto de Darfur, Sudán.6 Lamentablemente, la labor de FHI para enseñar a los proveedores de servicios de salud en Kosovo a abordar la violencia sexual y doméstica ha demostrado que los proveedores a menudo no saben cómo tratar el tema de la violación con sus clientes. Esto puede conducir a más angustia y vergüenza, señala Jane Schueller, asesora técnica principal de FHI que ha sido coautora de un programa de capacitación de FHI relativo a la prevención de la violencia sexual y doméstica y ha facilitado la capacitación en Kosovo.

La crueldad de algunos ataques, como los notificados por Médicos sin Fronteras/Médecins Sans Frontières7 — que ha estado trabajando desde 1992 en la parte oriental de la República Democrática del Congo — subraya las consecuencias lamentables de esta forma más extrema de relaciones sexuales no consensuales. Un gran aumento de la tasa de infección por el VIH se ha relacionado con la violación de más de 40.000 mujeres y niñas en ese lugar.8 (De igual manera, se calcula que de las mujeres violadas durante el genocidio de 1994 en Rwanda los dos tercios de ellas se infectaron con el VIH.9)

Aun cuando las víctimas se libran de la infección por el VIH, el daño suele ser, en gran parte, irreparable. "Fue una semana después de que había dado a luz a mi primer bebé, en julio de 2000", recuerda una joven congolesa. "Fui a presentar el bebé a mis familiares y realicé con ellos los rituales tradicionales de purificación". Cuando iba de camino, se encontró con los Mai Mai (militantes congoleses) quienes "me ataron y seis de ellos me violaron. Las heridas de la maternidad no se me habían sanado todavía; la violación me produjo un desgarre de lado a lado, incluso ahora no puedo controlar la micción ni la defecación y las dos han estado saliendo por el frente".

Posteriormente, murió el bebé de esta mujer. Según sus palabras: "Ya no tengo ningún entusiasmo ni autoestima porque no puedo controlar mis excrementos. Ni siquiera sé dónde está mi esposo. No lo he vuelto a ver desde que me ocurrió eso, pero aunque lo viese nuevamente, ¿para qué? Ya ni siquiera podré volver a tener relaciones sexuales".10

Kim Best

Referencias

  1. Holmes MM, Resnick HS, Kilpatrick DG, et al. Rape-related pregnancy: estimates and descriptive characteristics from a national sample of women. Am J Obstet Gynecol 1996;175(2):320-25.
  2. Mulugeta E, Kassaye M, Berhane Y. Prevalence and outcomes of sexual violence among high school students. Ethiop Med J 1998;36(3):167-74; An Evaluation of a Project to Provide Education, Training and Care for Women and Minors Affected by Sexual Violence, January-December 1990. Mexico City, Mexico: Asociación Mexicana contra la Violencia a las Mujeres, 1990.
  3. From Non-consensual Sexual Experiences of Young People in Developing Countries: A Consultative Meeting, New Delhi, India, September 22-25, 2003: Jewkes R. Non-consensual sex among South African youth: prevalence of coerced sex and discourses of control and desire; Cáceres C. The complexity of young people's experiences of sexual coercion: lessons learned from studies in Peru; and Wilkinson JW, Bearup LS, Soprach T. Youth gang-rape in Phnom Penh.
  4. Jones R. Gender and natural disasters: why we should be focusing on a gender perspective of the tsunami disaster. Interagency Gender Working Group, January 7, 2005. Accesible solamente por medio de la lista de difusión; Activists warn of tsunami survivor rapes. Iafrica.com (Cape Town, South Africa). January 4, 2005.
  5. Krug EG, Dahlberg LL, Mercy JA, et al., eds. World Report on Violence and Health. Geneva, Switzerland: World Health Organization, 2002.
  6. Martin S, Mutchler M. Sudan: For Raped Women in Darfur, Access to Reproductive Health Services Limited. Washington, DC: Refugees International, 2004.
  7. Doctors Without Borders/Médecins Sans Frontières. Ten Years of Conflict, Violence and Human Suffering (PDF, 3 MB), DRC Special Report, December 20, 2002.
  8. Rape victims 'dying' in DR Congo. BBC News. October 26, 2004.
  9. Lederer E. Security council told that sexual violence against women is taking place 'on a massive scale' during and after conflicts. Associated Press. October 28, 2004.
  10. Doctors Without Borders.

Las tradiciones pueden ser una cárcel para las mujeres

Las costumbres culturales y las normas de género pueden atrapar a las adolescentes y a las mujeres en relaciones donde las relaciones sexuales no consensuales son ineludibles. El matrimonio de menores, por ejemplo, es una costumbre que a menudo da lugar a que la primera relación sexual que las adolescentes tienen con sus esposos sea forzada y traumática, además de relaciones sexuales forzadas subsiguientes en su matrimonio.1 Muchos gobiernos y varios convenios internacionales han considerado que los 18 años es la edad legal mínima para el matrimonio. Pero, se prevé que durante el próximo decenio más de 100 millones de adolescentes de los países en desarrollo (salvo China) se habrán casado antes de haber cumplido 18 años de edad.2

En muchas partes del mundo, las normas de género sociales apoyan la noción de que el matrimonio da a los hombres el derecho a tener relaciones sexuales con sus esposas. Incluso las mujeres casadas adultas pueden ser incapaces de escapar del coito forzado en el matrimonio. Esta brecha de género-poder se ensancha cuando se trata del matrimonio de menores, ya que las esposas tienden a ser mucho más jóvenes que sus esposos. Según las investigaciones realizadas en 16 países africanos al sur del Sahara, las esposas de 15 a 19 años de edad tenían, en promedio, por lo menos 10 años menos que sus esposos.3

La impotencia relativa de las jovencitas y adolescentes para negociar los asuntos sexuales y resistir la coacción sexual en sus matrimonios hace aumentar el riesgo de infección por el VIH. El coito forzado con esposos mayores, infectados por el VIH, puede explicar en parte por qué, de todos los grupos, el de las adolescentes casadas es el que registra algunas de las tasas más altas de VIH.4 Los datos de Kenia y Zambia, por ejemplo, indican que las jovencitas casadas tienen mayor probabilidad de ser VIH positivas que sus compañeras solteras porque tienen relaciones sexuales más a menudo, usan condones con menos frecuencia, son incapaces de negarse a tener relaciones sexuales y tienen compañeros que tienen más probabilidades de ser VIH positivos.5

La relación sexual matrimonial por coacción, unida a la ingenuidad de las adolescentes respecto a los asuntos sexuales y la falta de familiaridad con la anticoncepción, también puede dar lugar al embarazo no intencional.6 Las jovencitas casadas que quedan embarazadas pueden sentir que están satisfaciendo las expectativas culturales y familiares al demostrar su fertilidad. Pero una jovencita cuya pelvis no se ha desarrollado plenamente puede sufrir de un parto prolongado u obstruido que puede causar la muerte o lesionar gravemente tanto al bebé como a la madre.7

La costumbre antigua y generalizada del matrimonio de menores tiene raíces históricas profundas. Se ha considerado una manera de maximizar la fertilidad, asegurar las alianzas familiares o el linaje y proteger a las adolescentes del embarazo fuera del matrimonio. Y las dotes — el dinero, los bienes o la hacienda que una mujer aporta al matrimonio — a menudo son menos costosas cuando las novias son jóvenes.

El matrimonio de menores también se ha facilitado por la tradición de la lobola. También llamada la riqueza de la novia, esta costumbre es opuesta a la dote: la familia del hombre es la que ofrece bienes o propiedad a la familia de su futura esposa para compensar por su obligación de procrear y por la pérdida de su trabajo. El alto potencial productivo y reproductivo de una joven la hace especialmente valiosa en tales arreglos matrimoniales. No obstante, una vez que se casa, una mujer joven puede tener poco control de los asuntos sexuales. Tres cuartas partes de unas 1.000 mujeres que respondieron a una encuesta sudafricana dijeron que el criterio predominante en su cultura era que el hombre que había pagado lobola era dueño de su esposa y podía tener relaciones sexuales con ella cuando quisiera.8

Entre las otras tradiciones culturales que apoyan las relaciones sexuales por coacción están:

  • Esposas entregadas como herencia. Esta práctica puede adoptar diferentes formas. Sin embargo, lo común es que un hombre reciba como herencia a la viuda de su hermano. En Zimbabwe, la viuda pasa al hermano de su esposo difunto en una práctica tradicional llamada "kugara nhaka", que podría desencadenar la transmisión del VIH si el esposo difunto de la mujer hubiese estado infectado por el VIH, si ella hubiese sido infectada por el VIH y si transmite el virus al hermano de su esposo.9 En Kenia, esta costumbre persiste entre los Luo, aunque se ha informado que las viudas se resisten a que las entreguen como herencia y pueden tratar de proteger su salud sexual al insistir que sus compañeros usen condones o se abstengan permanentemente de tener relaciones sexuales.10

  • Examen de la virginidad. Esta práctica, que consiste en que la madre de la jovencita, una tía de ésta, una vecina, o incluso el futuro esposo, inserta un dedo en la vagina de la adolescente para comprobar su virginidad, puede tener lugar en ceremonias autorizadas por los jefes rurales, así como en iglesias y en el hogar. (Véase Examen de la virginidad plantea muchos interrogantes).

— Kim Best

Referencias

  1. Sharma V, Sujay R, Sharma A. Can married women say no to sex? Repercussions of the denial of the sexual act. J Fam Welfare 1998;44(1):1-8.
  2. Bruce J, Clark S. The implications of early marriage for HIV/AIDS policy. Brief based on background paper prepared for the WHO/UNFPA/Population Council Technical Consultation on Married Adolescents. New York, NY: Population Council, 2004.
  3. United Nations Children's Fund (UNICEF). Early Marriage: Child Spouses. Florence, Italy: UNICEF, 2001.
  4. Bruce.
  5. Clark S. Early marriage and HIV risks in sub-Saharan Africa. Stud Fam Plann 2004;35(3):149-60; Luke N, Kurz K. Cross-generational and transactional sexual relations in sub-Saharan Africa: prevalence of behavior and implications for negotiating safer sexual practices. Washington, DC: International Center for Research on Women and AIDSMARK, 2002.
  6. Mathur S, Greene M, Malhotra A. Too Young to Wed: The Lives, Rights, and Health of Young Married Girls. Washington, DC: International Center for Research on Women, 2003.
  7. Henrion R. Female genital mutilations, forced marriages, and early pregnancies. Bull Acad Natl Med 2003;187(6):1051-66.
  8. Jewkes R, Penn-Kekana L, Levin J, et al. He Must Give Me Money He Mustn't Beat Me. Violence against Women in Three South African Provinces, Technical Report. Pretoria, South Africa: Medical Research Council, 1999.
  9. United Nations Office for the Coordination of Humanitarian Affairs. Zimbabwe: tackling the impact of customs on AIDS. Integrated Regional Information Networks (IRIN), August 17, 2004.
  10. Luginaah I, Elkins D, Maticka-Tyndale E, et al. Challenges of a pandemic: HIV/AIDS-related problems affecting Kenyan widows. Soc Sci Med 2005;60(6):1219-28.