Por Matthew Tiedemann, MA
Director principal de programas de FHI
Tiedemann dirige la Iniciativa de Investigación a la Práctica de FHI.
La investigación en salud pública no es un fin en sí misma; más bien, su propósito es generar conocimientos que puedan usarse para mejorar la prestación, las políticas y las prácticas de los servicios. Muchos hallazgos de investigación están disponibles para la información en el campo de los servicios de salud, pero existe una brecha entre los hallazgos de las investigaciones y los resultados que se desean obtener al poner dichos hallazgos en práctica.1 Esto reviste importancia especial en el mundo en desarrollo, donde los retos de prestar servicios de salud de calidad a una población cada vez mayor son enormes.
Sin embargo, cerrar la brecha que existe entre la investigación y la práctica rara vez es algo sencillo. La labor para promover el uso de hallazgos de la investigación debe abordar las complejidades de los procesos de investigación y de elaboración de políticas, y también las dificultades de realizar cambios de organización y de comportamiento.
Recientemente, la comunidad internacional de la salud ha empezado a prestar más atención a la utilización de la investigación. La Organización Mundial de la Salud (OMS), que por mucho tiempo ha considerado esta cuestión como una prioridad, convocó una consulta técnica relativa a la utilización a principios de este año. Puede obtenerse un informe de la reunión que describe estudios de casos de utilización, algunos de los cuales se presentan en este número de Network en español (puede ponerse en contacto con el doctor Michael Mbizvo). La OMS, junto con FHI, el Programa Fronteras de Salud Reproductiva del Population Council, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FNUAP), la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y otros socios también están elaborando un "estuche de instrumentos" que incluye algunos de esos estudios de casos, define niveles de utilización y explica vías de utilización de la investigación.
El aumento del interés internacional en este tema también se demuestra con el hecho de que las organizaciones donantes están centrando más atención en el impacto que tienen sus inversiones en la investigación.2 Se espera cada vez más que las organizaciones de prestación de servicios demuestren que sus intervenciones y servicios son eficientes y surten efecto, y que se basan en las mejores pruebas disponibles. Además, la ética de la investigación exige que los participantes y sus comunidades se beneficien de la investigación de una manera más directa de lo que ha sido por lo general en el pasado.3
Las personas que procuran aumentar la utilización de la investigación a menudo hablan de condiciones que pueden facilitar u obstaculizar la utilización. En realidad, se necesitan unas cuantas condiciones para que ocurra el uso. Por ejemplo, los usuarios potenciales de resultados de investigaciones deben apreciar la importancia de resultados particulares y comprometerse a usarlos. Tal compromiso puede fomentarse al hacer participar a usuarios potenciales en el proceso de investigación; por ejemplo, pueden ayudar a determinar preguntas e interpretar hallazgos.
Aunque ninguna serie de condiciones es suficiente para lograr que se usen los resultados, comprender cuáles condiciones tendrán probabilidades de influir en su uso, y cuáles condiciones pueden cambiar, es esencial para la labor de utilización. Determinar lo que puede hacerse para establecer dichas condiciones en un entorno dado constituye el reto principal que afrontan los que promueven la utilización de la investigación. Algunas pruebas y cierta lógica indican que los esfuerzos integrales que abordan múltiples factores tienen más probabilidades de lograr la meta de uso sostenido de los hallazgos.4 Sin embargo, dichas estrategias integrales requieren tiempo, esfuerzo y recursos financieros considerables.
Una tarea especialmente desafiante es la de presentar hallazgos provenientes de investigaciones a nivel global — es decir, investigaciones para abordar cuestiones que son pertinentes en una variedad de entornos. (Por ejemplo, el vínculo que se sospechaba que existía entre la vasectomía y el cáncer prostático. Un estudio reciente efectuado en cinco países no encontró pruebas para apoyar la existencia de dicho vínculo.5) La forma más eficaz de responder este tipo de preguntas es mediante ensayos multicéntricos que satisfagan requisitos del tamaño de la muestra y de infraestructura, y que puedan producir conocimientos susceptibles de generalizarse. El objetivo de estas investigaciones es proporcionar información globalmente útil para las políticas y las prácticas; no obstante, la índole del diseño de los estudios limita la participación de los interesados directos locales (que están fuera de los lugares de los estudios), y es posible que los hallazgos de las investigaciones no aborden directamente cuestiones de "prestación de servicios en otros entornos. Como resultado de ello, es posible que no existan ciertas condiciones necesarias y favorecedoras para la utilización de la investigación y que éstas deban establecerse para que se utilicen los hallazgos globales. Eso quiere decir que la participación activa de los que conocen y comprenden el entorno local es esencial para aplicar esos resultados a la práctica.6
Reconociendo la miríada de retos que plantea llevar la investigación a la práctica y procurando maximizar el uso de los hallazgos de sus propias investigaciones, FHI lanzó una Iniciativa "de la Investigación a la Práctica" en 2001. Esta iniciativa adopta un enfoque estratégico para crear condiciones que influyan en la utilización de la investigación y para mejorar los canales que van de la investigación a la práctica y de la práctica a la investigación. Invitamos a los lectores a informarse más acerca de esta iniciativa visitando nuestra página. También animamos a los lectores a que nos escriban para que compartan con nosotros la forma en que están llevando la investigación a la práctica.
Referencias
- Rosenberg R. Translating biomedical research to the bedside: a national crisis and a call to action. JAMA 2003;289(10):1305-6.
- Askew I, Matthews Z, Partridge R. Going Beyond Research. New York, NY: Population Council, n.d.; Buxton M, Hanney S. How can payback from health services research be assessed? J Health Serv Res Policy 1996;1(1):35-43.
- Council for International Organizations of Medical Sciences (CIOMS). International Ethical Guidelines for Biomedical Research Involving Human Subjects. Geneva, Switzerland: CIOMS, 2002.
- Grimshaw J, Shirran L, Thomas R, et al. Changing provider behavior: an overview of systematic reviews of interventions to promote implementation of research findings by healthcare professionals. In Haines A, Donald A, eds. Getting Research Findings into Practice, Second Edition. (London, UK: BMJ Books, 2001)29-67; Haines A, Donald A. Making better use of research findings. BMJ 1998;317(7150):72-75.
- Cox B, Sneyd MJ, Paul C, et al. Vasectomy and risk of prostate cancer. JAMA 2002;287(23):3110-15.
- Ellerman D. Knowledge-based development assistance. Knowledge Technol Policy 2000;12(4):17-43.