Visita fhi.org en: English | Français | Русский | عربي
 Búsqueda en fhi.org:
 
portada de la edición

Salud reproductiva

Investigaciones: Se debe proteger a participantes

Los estudios se deben diseñar y monitorear para proteger el bienestar físico y psicológico de los participantes.

Network en español: 2001, Vol. 21, No. 2

Envíe un correo electrónico a un(a) amigo(a)
Leer esta página en:
English  | Français

Qué hay de nuevo en fhi.org

Visite nuestra página en inglés para ver las publicaciones VIH/SIDA de FHI más recientes.

También:

Programas VIH/SIDA de FHI en todo el mundo.
Módulos de la Serie de tecnología anticonceptiva y salud reproductiva.
Educación sexual

Busque documentos relacionados a éste

El proveedor que ofrece anticonceptivos u otros productos a los clientes debe estar seguro de que se ha demostrado la seguridad y la eficacia de esos productos y servicios mediante ensayos que fueron fiables, exactos y cuyo objetivo primordial era el bienestar del usuario.

Esta relación estrecha entre investigación y práctica clínica produce mejores servicios y atención para los clientes, como también nuevas o mejores opciones de salud reproductiva: mejores anticonceptivos, por ejemplo, o nuevos tratamientos y estrategias preventivas para las infecciones de transmisión sexual (ITS).

Un elemento esencial de toda buena investigación es que debe basarse en principios éticos, con planificación y procedimientos cuidadosos para proteger a los participantes.

El doctor Roberto Rivera, director de la Oficina de Ética en Investigación Internacional de FHI, afirma: «Los principios básicos de una ética médica bien fundada han evolucionado con el tiempo para satisfacer la necesidad esencial de proteger a la gente. Estos principios protegen a las personas que voluntariamente participan en la investigación médica y del comportamiento – tanto los estudios cuantitativos como los cualitativos. Estos principios básicos configuran la protección ética de cada estudio, pero los protocolos específicos pertinentes deben surgir de la colaboración estrecha con varios grupos interesados, en especial los que mejor representan a los voluntarios y que forman parte de la comunidad donde se realiza la investigación».

El daño posible que puede ocurrir durante un ensayo médico suele ser obvio. Los voluntarios en una investigación relativa a anticonceptivos, dispositivos o medicamentos para prevenir o tratar las ITS pueden correr cierto riesgo de daño físico, especialmente con productos al principio del desarrollo. El daño posible a los participantes en estudios cualitativos puede ser menos obvio, pero sigue siendo real. Por ejemplo, si no se respeta la confidencialidad de una persona, en especial durante los estudios que examinan cuestiones delicadas como las ITS, (incluido el VIH/SIDA), la violencia doméstica, o el comportamiento y las preferencias sexuales. Tal divulgación podría exponer a las participantes al estigma social, la pérdida del empleo o incluso la violencia y la muerte.1

Las cuestiones planteadas en los estudios sociales y de comportamiento pueden ser controvertidas y suelen tener que ver con aspectos personales de la vida de un sujeto, dice la doctora Nancy Williamson, que encabezó el Proyecto de Estudios de la Mujer (WSP) de FHI. Durante los años 90, el WSP buscó un mejor entendimiento de los métodos de planificación familiar y del efecto de los servicios mediante entrevistas y grupos de debate con mujeres en 14 países.

fotografía -  Una empleada de FHI examina cuidadosamente los archivos pertinentes a una investigación

La doctora Williamson recuerda: «Años atrás, antes de que llegara a FHI, estaba trabajando en un estudio de comportamiento en las Filipinas. Cuando la información de los cuestionarios fue anotada en el banco de datos, y los nombres de las participantes fueron codificados, le dijimos al personal que destruyera los cuestionarios. Me imagino que no fuimos lo suficientemente claros. Probablemente debimos haber dicho 'quemen los cuestionarios'. Una semana después, estaba en el mercado local de mariscos y compré un pescado. ¡Quedé escandalizada cuando vi que el vendedor me envolvía cuidadosamente el pescado en una página del cuestionario ya lleno! El papel es tan valioso en esa cultura que alguien tiene que haber vendido los cuestionarios en vez de destruirlos. Un fallo como ese en los procedimientos del estudio pudo haber divulgado ampliamente información personal relativa a los participantes.

Principios básicos

Actualmente se acepta de manera generalizada que todo tipo de estudio con seres humanos se debe diseñar y monitorear cuidadosamente para proteger el bienestar físico y psicológico de los participantes. Además de obtener el consentimiento informado de cada participante (véase el artículo La elección debe ser informada y voluntaria), los científicos deben monitorear de cerca a los participantes del estudio y seguir procedimientos estrictos para notificar todas las experiencias adversas. Asimismo, se necesita protección adicional para proteger a las poblaciones vulnerables, por ejemplo los hijos, los prisioneros y las personas con educación o capacidad mental limitadas.

Los códigos de conducta ética han evolucionado después de décadas de análisis, debate y asentimiento internacional de científicos investigadores, profesionales clínicos, encargados de formular políticas y académicos.

Tres principios éticos ampliamente aceptados deberían guiar los protocolos de todo estudio con seres humanos. Los participantes en la investigación deben esperar lo siguiente:

  • respeto
  • beneficencia
  • justicia

En los Estados Unidos, estos principios fueron expresados en 1976 por la Comisión Nacional para la Protección de Seres Humanos en las Investigaciones Biomédicas y de Comportamiento.2

La comisión declaró que el «respeto» por los participantes incorpora al menos dos convicciones éticas importantes. Primero, los que se prestan voluntariamente a una investigación deben ser tratados como agentes autónomos, como gente con libre determinación. Y segundo, las personas que no tienen dicha libre determinación, ya sea por edad, estado civil, incapacidad mental o física, falta de educación, encarcelamiento o inestabilidad financiera tienen derecho a precauciones adicionales.

También se debe proteger a los participantes de todo daño, haciendo todo lo posible en los procedimientos y los protocolos de estudio para asegurar su bienestar: el principio de «beneficencia». Este término suele describir actos de bondad o caridad, pero tiene un sentido más fuerte cuando se usa como principio rector en el diseño ético de la investigación. En el contexto de la investigación con seres humanos, «beneficencia» es una obligación estricta de maximizar los beneficios posibles y reducir a un mínimo el posible daño a los participantes.

Beneficencia impone la responsabilidad del bienestar del participante – física, mental y social – directamente en el investigador que realiza el estudio, y refuerza la máxima antigua de la ética médica: ante todo, no causar daño. La protección de los seres humanos en una investigación es más importante que la búsqueda de nuevos conocimientos. Tiene prioridad sobre el beneficio personal o profesional de los investigadores.

La «justicia» es el tercer principio y sopesa algunas cuestiones, entre ellas ¿quién se beneficiará de la investigación y quién llevará la carga? Los científicos tienen la responsabilidad de diseñar estudios que distribuyan equitativamente los riesgos y beneficios que generaría la participación en la investigación. La justicia exige que el reclutamiento y selección de los participantes de una investigación se hagan en forma equitativa, y que la investigación no sea con personas desfavorecidas o vulnerables con el fin de beneficiar a los privilegiados.

Las investigaciones realizadas principalmente entre los pobres para beneficiar a las personas acomodadas es un ejemplo de injusticia. Un caso que recibió mucha publicidad en los Estados Unidos tuvo que ver con la investigación de la sífilis realizada entre 1932 y 1972 con hombres afroestadounidenses desfavorecidos. A los agricultores de Alabama sólo se les dijo que eran objeto de un estudio de «mala sangre». Los investigadores permitieron que algunos participantes pasaran años sin recibir tratamiento contra la sífilis, después de que ya existía un tratamiento eficaz, para estudiar los efectos de la enfermedad a largo plazo.3 En 1997, el Presidente Clinton, en nombre del Gobierno de los Estados Unidos, pidió disculpas a los participantes que habían sobrevivido y a sus familiares.

El concepto de justicia también se aplica a la publicación de los resultados del estudio. Desde el punto de vista ético, los investigadores están obligados a presentar sus hallazgos en forma completa y exacta – incluidos los resultados que sirvan de argumento en contra de la hipótesis del estudio – para proteger a los participantes del estudio, a las personas que se ofrezcan voluntariamente a participar en investigaciones futuras relativas al mismo tema y también al público en general cuyo acceso a los productos o servicios pueda verse afectado por los resultados de la investigación.4

Desde Hipócrates

Se ha documentado que la primera aplicación de las normas éticas a la práctica de la medicina la hizo Hipócrates, quien practicó y enseñó medicina en la antigua Grecia. El juramento hipocrático, que hasta la fecha recitan la mayoría de los estudiantes de medicina, estipula que los médicos deben 'ante todo no causar daño', respetar la confidencialidad de los pacientes, no realizar procedimientos para los cuales no están calificados y vivir vidas ejemplares.

A medida que la medicina se hizo más avanzada, los médicos y científicos afrontaron situaciones que ya no se podían abordar claramente con el juramento. A fin de elaborar tratamientos y procedimientos médicos seguros y eficaces para combatir enfermedades, se tuvieron que realizar estudios científicos relativos a medicamentos, dispositivos y procedimientos. En los últimos años, ello ha requerido que las investigaciones se realicen primero en el laboratorio, luego con animales, y por último con seres humanos si los estudios de laboratorio y con animales relativos a cuestiones de seguridad son prometedores.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los médicos alemanes obligaron a los reos y a los prisioneros de guerra a participar en una serie de experimentos perjudiciales, que en su mayoría fueron inservibles desde el punto de vista médico. Muchos prisioneros no sobrevivieron los experimentos o quedaron lesionados permanentemente a causa de ellos.

Los criminales de guerra nazis, incluidos algunos de los médicos que realizaron esos experimentos, fueron juzgados ante un tribunal de crímenes de guerra en Nuremberg, Alemania. Como resultado de esos enjuiciamientos se elaboró el Código de Nuremberg, que estableció 10 normas de conducta ética para los estudios con seres humanos.

Desde la redacción del Código de Nuremberg, otros documentos y declaraciones han enmendado esos principios para incluir contingencias que no pudieron prever los redactores en Nuremberg. El Código de Nuremberg y otros acuerdos posteriores han establecido normas internacionales para ayudar a los investigadores a proteger la seguridad de sus participantes.

En 1964, la Asamblea Médica Mundial (que ahora se conoce como la Asociación Médica Mundial) redactó la Declaración de Helsinki, que amplió los puntos básicos del Código de Nuremberg para incluir algunos conceptos como la distinción entre investigación clínica combinada con la atención profesional, y la investigación clínica no terapéutica. Asimismo, la declaración afirmó que el consentimiento informado se debe obtener por escrito, y que un guardián legal puede dar el consentimiento por escrito cuando el participante es incompetente desde el punto de vista legal.5

La Declaración de Helsinki ha tenido varias revisiones desde 1964. Por ejemplo, una de ellas respalda el derecho del investigador a usar nuevas medidas terapéuticas para salvar la vida. Otra enmienda ordena el establecimiento de un comité, conocido como Comité de Ética, para supervisar los estudios con seres humanos (véase el artículo Los Comités de Ética ayudan a garantizar la seguridad). Esos comités deben ser independientes de la institución que realiza la investigación.6

Algunas de las enmiendas de la Declaración de Helsinki han sido controvertidas. Una revisión que fue agregada en el año 2000 estipula que los «beneficios, riesgos, cargas y eficacia de un nuevo método se deben poner a prueba frente a los de los mejores métodos profilácticos, de diagnóstico y terapéuticos actuales. Ello no excluye que se use placebo, o no se dé tratamiento, en los estudios donde no existe ningún método profiláctico, de diagnóstico o terapéutico demostrado». En otra sección se agrega que «Al concluir el estudio, a todos los pacientes que han participado en él se les debe garantizar el acceso a los mejores métodos profilácticos, de diagnóstico y terapéuticos demostrados, que sean identificados por el estudio.»7

La estipulación relativa al uso de un grupo con placebo* cuando en efecto puede existir un tratamiento conocido ha producido un debate ético, especialmente en los países donde la epidemia del VIH/SIDA ha producido un número asombroso de muertes.8 Por ejemplo, algunos medicamentos antivirales, como la zidovudina, reducen la transmisión del VIH de una madre infectada a su recién nacido. Sin embargo, en algunos estudios que trataban de determinar la eficacia de dosis reducidas del medicamento, había un grupo con placebo que impidió todo el tratamiento. Los críticos argumentan que no debió haber ningún grupo con placebo, y que las personas que participan en esos ensayos deben recibir el más alto nivel de tratamiento o atención aceptado, incluso cuando ese nivel de atención no esté disponible fácilmente en el país donde se realiza el estudio.9

No obstante, un grupo con placebo es la única forma de saber si el tratamiento es eficaz o no. Por consiguiente, la prohibición de un grupo con placebo podría impedir la elaboración de un tratamiento más eficaz y menos costoso puesto que la investigación concluyente y necesaria para obtener la aprobación regulatoria no podría ser posible de otra forma.

Los códigos internacionales de conducta ética en la investigación han evolucionado en un ambiente de cambio mundial de las actitudes relativas a las poblaciones vulnerables. Los derechos de los niños, los ancianos, los pueblos indígenas y las personas discapacitadas han recibido una aceptación más amplia y este reconocimiento público de sus derechos fundamentales ha dado lugar a una mejor planificación familiar y atención de salud reproductiva, y protección adicional para la investigación en materia de salud reproductiva.

Un ejemplo de esta actitud mundial cambiante se puede ver en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de las Naciones Unidas, celebrada en El Cairo en 1994. Los representantes de 179 países adoptaron varias declaraciones que buscaban la protección de las mujeres y otros grupos vulnerables, además de mejorar sus oportunidades de trato equitativo y mejor educación. Muchos de los conceptos han sido adoptados por las organizaciones no gubernamentales y otros grupos que prestan servicios de planificación familiar o realizan investigaciones en salud reproductiva.10

– Ellen Devlin

* En las investigaciones que usan un grupo de placebo, sólo parte de los participantes reciben el medicamento o tratamiento objeto del estudio. Otros participantes reciben un «placebo», que es un compuesto o tratamiento inerte cuyo aspecto es idéntico al medicamento o tratamiento experimental. El propósito es analizar la estrategia experimental con mayor exactitud, puesto que la idea de recibir un medicamento o tratamiento podría tener un efecto. Al comparar el tratamiento experimental con el grupo de placebo ayuda a eliminar dicho efecto.

Referencias

  1. Guenter D, Esparza J, Macklin R. Ethical considerations in international HIV vaccine trials: summary of a consultative process conducted by the Joint United Nations Programme on HIV/AIDS (UNAIDS). J Med Ethics 2000;26(1):38.
  2. National Commission for the Protection of Human Subjects of Research. Belmont Report: Ethical Principles and Guidelines for the Protection of Human Subjects of Research. U.S. Department of Health, Education, and Welfare, Office of the Secretary, 1978.
  3. National Commission for the Protection of Human Subjects of Research, 6.
  4. Kommission für Forschungs Partnerschaften mit Entwicklungslandern. Guidelines for research in partnership with developing countries. Unpublished report. Kommission für Forschungs Partnerschaften mit Entwicklungslandern, nd.
  5. Declaration of Helsinki. Ethical Principles for Medical Research Involving Human Subjects. Adopted by the 18th World Medical Association General Assembly, Helsinki, Finland, 1964 and as amended by the 52nd World Medical Association General Assembly, Edinburgh, Scotland, 2000. Disponible: http://www.wma.net/e/policy/b3.htm.
  6. Declaration of Helsinki.
  7. Declaration of Helsinki.
  8. Angell M. The ethics of clinical research in the Third World. N Engl J Med 1997;337(12):847-49.
  9. Benatar SR, Singer PA. A new look at international research ethics. BMJ 2000;321(7264):824-26.
  10. Report of the International Conference on Population and Development: Cairo, 5-13 September, 1994. New York: United Nations, 1995.

Los Comités de Ética ayudan a garantizar la seguridad

Un Comité de Ética ayuda a garantizar que las personas que participan en un estudio están protegidas en la mayor medida posible contra cualquier daño que resulte del estudio. Los Comités de Ética están formados por miembros que no realizan la investigación en sí, y deben estar integradas por personas que representan a la comunidad en la que el estudio se está llevando a cabo.

La responsabilidad principal del Comité es examinar los protocolos de estudio antes de que comience la investigación para hacer recomendaciones acerca de la seguridad y los riesgos que pueden correr los participantes humanos. También examina los incidentes ocurridos durante el estudio que podrían afectar o que afectan a la seguridad, y recomienda cómo resolverlos.

En Estados Unidos, toda investigación realizada con fondos federales debe ser analizada por un Comité de Ética independiente para cerciorarse de que la investigación en la que participan seres humanos se justifica claramente, se realiza en condiciones de seguridad y se adhiere a los códigos nacionales e internacionales de ética de la investigación, como el Código de Reglamentos Federales de Estados Unidos.1

En 2001, una comisión del Gobierno de los Estados Unidos formuló una serie de recomendaciones para proteger a los participantes de toda investigación, independientemente de si se usan fondos federales o no. Por ejemplo, recomendó que los formularios de consentimiento informado explicaran los beneficios que podrían recibir los participantes al término del estudio, y que los participantes recibieran una explicación de la forma en que toda intervención nueva y eficaz se pondría a la disposición del público. Respecto a las investigaciones patrocinadas por el Gobierno de los Estados Unidos en un país en desarrollo, las recomendaciones proponían la aprobación por parte de Comités de Ética tanto en el país anfitrión como en los Estados Unidos. Se necesitarían nuevas leyes para que las recomendaciones se apliquen.2

¿Quién desempeña la función?

gráfico - Normas para elegir a los miembros del Comité de Ética

En general, la selección de los miembros del Comité Ético debe satisfacer ciertos criterios. Cada criterio ayuda a que dichos miembros vengan de una variedad de profesiones y grupos étnicos que representan a los hombres y a las mujeres. En Estados Unidos se requiere que, en las investigaciones financiadas con fondos federales, por lo menos un miembro venga de una profesión no científica, y que por lo menos un miembro no esté afiliado con el organismo que realiza la investigación.3

Cada grupo de expertos de investigaciones financiadas con fondos de Estados Unidos debe tener por lo menos cinco miembros que vengan de diversas profesiones. Esta diversidad ayuda a garantizar que varios campos de especialización tienen el mismo peso en cualquier decisión que tome el Comité. Si en el estudio participan personas que son particularmente vulnerables, como niños, prisioneros o discapacitados físicos o mentales, se recomienda encarecidamente que por lo menos un miembro tenga conocimientos relativos a dicho grupo particular.

FHI tiene un grupo de expertos que se encarga de aplicar protección y diseños éticos buenos en todas sus investigaciones en las que participan seres humanos. Este grupo de expertos, conocido como el Comité para la Protección de Sujetos Humanos (PHSC), está presente además de cualquier otro Comité de Ética en los lugares donde se llevan a cabo investigaciones. Por ejemplo, un estudio de FHI en un centro médico estadounidense requeriría supervisión por parte del PHSC de FHI y del Comité de Ética del centro médico.

«Nuestro PHSC está integrado por ocho miembros y se reúne por lo menos cuatro veces al año», declara David Borasky, representante institucional ante el PHSC en FHI. Ningún miembro del personal de FHI puede dar su voto en las deliberaciones independientes del PHSC. Borasky dice: «Soy miembro de nuestro PHSC, pero no soy miembro votante. Básicamente, el PHSC examina los estudios propuestos y vota para aprobar, desaprobar o diferir un proyecto particular. También examina estudios en curso para cerciorarse de que se están cumpliendo las normas que gobiernan la protección de los participantes humanos durante la realización del estudio».

Los miembros del PHSC pertenecen a profesiones o grupos sociales diversos para que haya una variedad apropiada de puntos de vista. Por ejemplo, el presidente actual del PHSC es teólogo, fue director de una escuela privada y antes fue decano de la Escuela de la Divinidad de la Universidad Duke en Estados Unidos. Otros miembros pertenecen a varias profesiones que no están relacionadas con la labor de FHI, aparte del hecho de que son miembros del PHSC – un epidemiólogo, un obstetra/ginecólogo, un pediatra, dos sociólogos, un especialista en medicina interna y bioética, y un abogado que se especializa en derecho de la salud. Los miembros representan a diferentes grupos étnicos y la mitad son mujeres.

fotografía -  Los representantes de los Comités de Ética, como estos en Blantyre, Malawi, evalúan el impacto de los estudios en las comunidades locales.

Además del PHSC, a veces se establecen otros grupos de expertos para asesorar a los científicos de FHI, como juntas asesoras comunitarias. Por ejemplo, en el Proyecto de Estudios de la Mujer de FHI llevado a cabo en los años 90 en 14 países, se establecieron grupos asesores integrados por científicos, promotores de la causa de la mujer y elaboradores de políticas. Parte de la investigación se centró en temas delicados, como la violencia doméstica en Bolivia y las Filipinas; el uso oculto de anticonceptivos por parte de las mujeres en Malí; los adolescentes que piden servicios de aborto en el Brasil y las actitudes de los adolescentes relativas a la sexualidad en Jamaica. Por consiguiente, FHI y los investigadores locales trabajaron en estrecha colaboración con los grupos asesores locales a fin de hacer todo lo posible para proteger la privacidad de los participantes. Y en la Universidad de Iloilo en Filipinas, un Comité de Ética establecido como parte del Proyecto de Estudios de la Mujer sigue en funcionamiento hoy día, mucho después de haber terminado el proyecto de FHI.

Protecciones éticas en todo el mundo

El PHSC de FHI aplica los reglamentos estadounidenses estrictamente, incluso cuando realiza investigaciones en otros países, e incluso cuando no se usan fondos del Gobierno de los Estados Unidos. La coordinación de las actividades del PHSC con los Comités de Ética en otros países o en otras instituciones forma parte del proceso de protección a los participantes. «Generalmente, es el investigador local del estudio quien tiene más contacto con los grupos de expertos», opina Borasky.

Realizar investigaciones en otros países puede ser un reto. Las diferencias de idioma, incluidos dialectos locales, niveles de alfabetización y una variedad de principios locales y sistemas culturales deben tenerse en cuenta en la manera en que se informa a los posibles participantes acerca de la investigación y sus riesgos, y en la configuración de otros aspectos éticos de un estudio. Es posible que ciertas culturas prohiban que las mujeres participen en un Comité de Ética local, lo cual va en contra de la norma estadounidense que exige que haya diversidad de género. En la mayoría de los países con recursos escasos, los conocimientos especializados de administración, los establecimientos con buena dotación de personal y el acceso a la información son limitados, lo cual dificulta el desempeño eficaz de los grupos de expertos locales.

«En los últimos años, se ha reconocido cada vez más la necesidad de fortalecer la capacidad de los países en desarrollo de realizar el examen ético de proyectos», opina el doctor Roberto Rivera, director de la Oficina de Ética de la Investigación Internacional de FHI.

El doctor Rivera agrega: «Actualmente, FHI está llevando a cabo una labor fuerte y bien organizada para proporcionar capacitación y currículos que ayudarán al personal de organizaciones de investigación de los países en desarrollo a establecer Comités de Ética. Creo que FHI es una de las primeras organizaciones internacionales que hacen esto». Por ejemplo, FHI ha preparado un currículo de capacitación para científicos de países en desarrollo y elaboradores de políticas. La dedicación del presente número de Network en español a este tema constituye otro esfuerzo para fomentar la supervisión ética bien diseñada en la investigación con seres humanos.

«Un Comité de Ética competente no puede establecerse de la noche a la mañana. Se debe prestar mucha atención para seleccionar cuidadosamente a los miembros de modo que representen a la población local del lugar donde se está llevando a cabo la investigación. A veces, entre los miembros hay una representación excesiva de la profesión médica. Alertar a las personas del lugar acerca de la importancia que tiene la diversidad de los miembros es la clave para lograr que se dé el mismo peso al mayor número posible de puntos de vista para el beneficio de los participantes humanos», opina el doctor Rivera.

– Ellen Devlin

Referencias

  1. International Ethical Guidelines for Biomedical Research Involving Human Subjects. Geneva: Council for International Organizations of Medical Sciences and World Health Organization, 1993.
  2. Ethical and policy issues in research involving human participants, May 18, 2001. National Bioethics Advisory Commission, 2001. Disponible: http://bioethics.georgetown.edu/nbac/human/overvol1.pdf.
  3. Protection of Human Subjects. Code of Federal Regulations 40CFR26.107, revised July 1, 2001.
  4. MacPherson CC. Research ethics committees: a regional approach. Theo Med Bioethics 1999;20(2):161-62.