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Salud reproductiva

La distribución comunitaria sirve para atender las necesidades insatisfechas

Network en español: Primavera 1999,
Vol. 19, No. 3

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Al llegar hasta las comunidades rurales y los barrios aislados de las ciudades, los programas de distribución comunitaria pueden atender las necesidades insatisfechas en materia de anticoncepción. Cuando la prevalencia de uso de la anticoncepción es muy baja, los programas comunitarios también pueden generar una demanda de planificación familiar.1

Aunque existen muchas variedades, los programas de distribución comunitaria generalmente tratan de llevar los métodos anticonceptivos y la información relativa a la planificación familiar a las personas donde éstas viven, en lugar de hacer que las personas acudan a los consultorios o a otros lugares para recibir esos servicios. Con frecuencia, la estrategia implica la participación de miembros de la comunidad que han sido capacitados para desempeñar la labor de trabajadores de planificación familiar.2

En todo el mundo se ha observado que los servicios comunitarios pueden hacer aumentar el uso de anticonceptivos. El uso de anticonceptivos aumenta más cuando los trabajadores de distribución comunitaria pueden ofrecer a los clientes una amplia variedad de métodos, ya sea directamente o mediante remisiones.

En Turquía, los trabajadores de distribución comunitaria proporcionan anticonceptivos orales combinados (AO) y condones, y remiten a las clientas que desean usar dispositivos intrauterinos (DIU) o someterse a la esterilización voluntaria. En un centro de acción en Ankara de 110.000 personas de bajos ingresos, el porcentaje de mujeres que usan anticonceptivos modernos ha aumentado de 36% a 74% en cuatro años. En otras zonas atendidas por la Asociación de Planificación Familiar de Turquía se han observado aumentos similares: de 21% a 62% en Adana-Mersin, y de 32% a 50% en Estambul.3

En un programa de distribución comunitaria en Malí, el uso de anticonceptivos casi se triplicó en aldeas donde los AO se añadieron a los métodos de barrera, los cuales ya estaban disponibles. No existían centros de salud ni ventas comerciales de anticonceptivos en la zona atendida. Antes de la introducción de los AO, la prevalencia de uso de anticonceptivos era de aproximadamente 12% en 54 aldeas en las que se habían ofrecido condones y espermicidas. La prevalencia de uso de anticonceptivos aumentó a 31% en 18 aldeas seis meses después de haberse ofrecido también AO, mientras que la prevalencia aumentó menos (a 21%) en las otras 36 aldeas, donde no se ofrecieron AO. Antes del programa, que incluía actividades para motivar a posibles clientes, la prevalencia de uso era de sólo 1%.4

El doctor Seydou Doumbia, colaborador de programas del Population Council de Malí y que ayudó a analizar los resultados de este proyecto de distribución comunitaria en ese país, opina: «Después de la capacitación, los trabajadores de distribución comunitaria de Malí pudieron dar información exacta acerca del uso de AO a las clientas nuevas, determinar contraindicaciones para el uso de AO, recetar píldoras sin peligro y mantener en seguimiento a todas las clientas que tomaban píldoras».

La introducción de inyectables a la combinación de métodos de distribución comunitaria sigue siendo limitada. Pero, en México, el inyectable mensual combinado Cyclofem ha sido suministrado por trabajadores de distribución comunitaria. Se observaron tasas de continuidad de uso más elevadas entre unas 650 mujeres de las zonas rurales atendidas por trabajadores de distribución comunitaria que entre aproximadamente 2.800 mujeres de zonas urbanas y suburbanas que acudieron a centros de salud: 37% frente a 24% al cabo de un año, respectivamente.5 En Ghana, los trabajadores comunitarios ofrecieron el inyectable trimestral acetato de medroxiprogesterona de depósito (DMPA) a más de 1.000 mujeres en un estudio piloto realizado por el Centro de Salud Navrongo.6

Dos estudios efectuados en las zonas rurales de Bangladesh entre 1975 y 1981 concluyeron que un programa de distribución comunitaria que ofrecía una amplia variedad de métodos, asesoramiento especializado, seguimiento estricto, asistencia para efectos secundarios y buenos sistemas de remisión era más eficaz que uno basado en uno o dos métodos distribuidos por trabajadores no calificados. Además, se mantuvieron tasas más elevadas de aceptación y de continuidad de uso.7

Cuando principalmente mujeres analfabetas, de edad avanzada y viudas distribuyeron AO y condones a hombres y mujeres en 150 aldeas, sólo 17% de las clientas notificaron estar usando las píldoras tres meses después de la distribución. Al cabo de 18 meses, la prevalencia de uso de las píldoras había bajado a 9%. Los conocimientos relativos a los condones aumentaron con el tiempo, pero el método nunca tuvo mucha acogida. En el segundo estudio, realizado en 70 aldeas, se agregaron inyectables a la combinación de métodos, y mujeres casadas de las aldeas que sabían leer distribuyeron los anticonceptivos. También se estableció un sistema de remisión para ayudar a las clientas que sufrían efectos secundarios, puesto que los efectos secundarios de las píldoras ocurrían con frecuencia y desanimaban a algunas usuarias. Al cabo de un año, la prevalencia de uso de anticonceptivos había aumentado de 10% a 32%. La tasa de continuidad de un año de uso del DMPA fue de 69%. (Un proyecto que trató de obtener los mismos resultados iniciales con el DMPA fue menos alentador, pues su tasa de continuidad de un año de uso del inyectable fue de 30%. Esta disminución se atribuyó a escasez de personal, contacto imprevisible entre la clienta y el proveedor, falta de capacitación y apoyo médicos, y falta de respaldo técnico.)8

-- Kim Best

Referencias

  1. 1. Phillips JF, Greene WL, Jackson EF. Lessons from community-based distribution of family planning in Africa. Presentation at the IUSSP Seminar on Reproductive Change in Sub-Saharan Africa, Nairobi, Kenya, November 2-4, 1998; Simmons R, Baqee L, Koenig MA, et al. Beyond supply: the importance of female family planning workers in rural Bangladesh. Stud Fam Plann 1988;19(1):29-38.
  2. 2. Bertrand J. Recent lessons from operations research on service delivery mechanisms. In Seidman M, Horn M, eds. Operations Research: Helping Family Planning Programs Work Better. New York: Wiley-Liss, Inc., 1991.
  3. 3. Gürses D. Community-based distribution projects in Turkey. Progress in Reproductive Health Practice. Entre Nous 1997;36-37:17-18.
  4. 4. Doucouré A, Djeneba D, Touré F, et al. The effect of a family planning CBD project in Mali. In Foreit J, Frejka T, eds. Family Planning Operations Research: A Book of Readings. (New York: Population Council, 1998)113-18.
  5. 5. Garza-Flores J, del Olmo AM, Fuziwara JL, et al. Introduction of Cyclofem once-a-month injectable contraceptive in Mexico. Contraception 1998;58(1):7-12.
  6. 6. Overcoming cultural constraints to family planning and reproductive health in Ghana. Alternatives 1996;5:11.
  7. 7. Phillips JF, Stinson W, Bhatia S. The Demographic Impact of Two Contraceptive Service Projects in Matlab Thana of Bangladesh: A Compendium of Findings for the 1975-1980 Period. Dhaka, Bangladesh: International Centre for Diarrhoeal Disease Research, Bangladesh, 1981.
  8. 8. Phillips JF, Hossain MB, Huque AA, et al. A case study of contraceptive introduction: domiciliary depot-medroxy progesterone acetate services in rural Bangladesh. In Segal S, Tsui A, Rogers S, eds. Demographic and Programmatic Consequences of Contraceptive Innovations. (New York: Plenum Press, 1989)227-48.