por Susan Paulson, PhD
Las creencias y las prácticas relativas al género definen las funciones, oportunidades y limitaciones de los hombres y las mujeres, e influyen considerablemente en la vida en todas las sociedades. Entre los aspectos de la vida diaria que el género configura están los siguientes: uso del lenguaje y medios de expresión personal, prendas de vestir y aspecto físico, educación, oportunidades de trabajo, estructura y tamaño de la familia, y salud de cada persona.
La experiencia práctica con cuestiones de género en los servicios de salud reproductiva ha llevado a varias observaciones básicas, que permiten tener una percepción muy útil para comprender las formas en que se pueden mejorar los servicios y las políticas.
- Las mujeres y los hombres experimentan la sexualidad y la salud reproductiva de distinta forma, según el grupo étnico, cultural y social al que pertenecen, y según su identidad sexual. Los proveedores pueden mejorar la atención que prestan respondiendo a esas identidades y percepciones diferentes.
- Los servicios de salud reproductiva que amplían su alcance para que se incluya la salud reproductiva de los hombres, las relaciones de los hombres y las mujeres, y las relaciones de las mujeres con las demás personas, tienden a ser más provechosos que los que se centran exclusivamente en las mujeres.
- La religión, la educación, la política, las condiciones económicas y el medio ambiente influyen en la salud reproductiva de los hombres y las mujeres.
Una perspectiva que tenga en cuenta las diferencias de género permite a los proveedores ampliar su enfoque para no centrarse exclusivamente en las mujeres y para ver la salud reproductiva como salud familiar y como una cuestión social. Aborda la dinámica entre los proveedores y los clientes, y entre los líderes comunitarios o políticos y los ciudadanos en cuanto a conocimientos, poder y toma de decisiones en las relaciones de tipo sexual.
Las investigaciones realizadas en todo el mundo revelan que trabajar solamente con las mujeres para mejorar la salud reproductiva no da resultados satisfactorios. Con frecuencia, las relaciones de las mujeres con el esposo, la suegra, las autoridades religiosas u otras personas les impide obtener o aplicar conocimientos, u obtener métodos anticonceptivos que las protejan contra el embarazo y las enfermedades de transmisión sexual, incluida la infección por el VIH.
La perspectiva que tenga en cuenta las diferencias de género debe ir más allá de los servicios de salud para promover mejoras sostenibles en la salud reproductiva. Esta perspectiva puede utilizarse para analizar y promover cambios beneficiosos en una variedad de entornos sociales, políticos y educacionales, que conduzcan a prácticas más inclusivas y equitativas en las comunidades, organizaciones e instituciones.
Nota: La Dra. Paulson es antropóloga y ha impartido cursos relativos al género en el Centro de Estudios Superiores Universitarios en Cochabamba, Bolivia, y en el Colegio Andino en Cuzco, Perú.