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Salud reproductiva

Programas de salud de la reproducción para hombres

 

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Abandono de comportamientos contraproducentes

Puerto Príncipe, HAITÍ -- "Al principio, los hombres en nuestro programa tendían a pensar que aparte de ellos no había nadie más", dice Gessy Aubry, directora de GLAS (Grupo de Lucha Anti SIDA), programa para prevenir el VIH realizado en los lugares de trabajo de Puerto Príncipe que varían desde compañías de servicios públicos hasta plantas embotelladoras.

Agrega: "Los hombres tendían a preocuparse únicamente de su propio bienestar. Con frecuencia sus opiniones respecto a las mujeres eran dominantes. Luego, gradualmente, muy gradualmente, comenzaron a darse cuenta de que podían obtener algo para provecho propio al comportarse en ciertas formas que también beneficiaban a las mujeres. También aprendieron de las mujeres que eran sus colegas cómo pensaban las mujeres, y comenzaron a aceptarlas mejor".

A estos cambios en el corazón y la mente de muchos hombres se unieron cambios conductuales importantes que sirvieron para protegerlos mejor contra el SIDA. El programa, que finalizó en 1996, consistió en cuatro fases, pero la fase final fue la clave para producir un cambio conductual, dice Aubry. El programa contó con un instrumento educativo ampliamente utilizado para el cambio y el desarrollo personal, llamado análisis transaccional (AT).

Este enfoque psicológico se centra en enseñar a los adultos a abandonar estrategias que suelen ser dolorosas y contraproducentes, que generalmente se aprenden en la niñez, y cómo adoptar actitudes diferentes para abordar los problemas de la vida. También promueve una comunicación clara y directa.

Aubry opina: "Aunque el AT es bien conocido en el mundo desarrollado, muchos expertos no estaban seguros de si podría usarse con éxito en el mundo en desarrollo para enriquecer un programa de prevención del VIH. Pero después de que tradujimos la idea del AT al idioma nativo, teniendo en cuenta el marco de referencia de nuestros estudiantes, se convirtió en nuestro éxito más grande. Fue el objeto clave que faltaba".

Evolución gradual

En conjunto, GLAS proporcionó educación de prevención del VIH a casi 20.000 trabajadores, casi todos hombres y que principalmente tenían entre 15 y 49 años de edad.

El proyecto realizado en el lugar de trabajo evolucionó gradualmente. Al principio, GLAS ofreció únicamente una sola sesión de una hora que consistía en una introducción general a las enfermedades de transmisión sexual, en especial el VIH y su prevención, seguida de un período de preguntas y respuestas. Aubry declara: "Pero después de entrevistar a los trabajadores que habían recibido la instrucción, decidimos añadir otra sesión en el lugar de trabajo para que los trabajadores adquirieran experiencia práctica con los condones, usando un modelo de pene hecho de plástico. Después de la sesión, ya no oímos quejas de que era difícil usar condones".

fotografía - GLAS sesión de información para hombres en el lugar del trabajo

Las encuestas adicionales de trabajadores inspiraron una tercera fase del proyecto en el lugar de trabajo: una charla abierta de una hora en la que los trabajadores que habían participado en las dos sesiones anteriores podían hacer preguntas, analizar los rumores y creencias acerca del VIH/SIDA, y hablar de cuestiones personales. Aubry dice: "Esto era muy importante en un entorno como el de Haití, porque muchas de las personas con quienes trabajamos eran supersticiosas y creían que el SIDA era una enfermedad sobrenatural, una maldición que alguien le echaba a una persona con el deseo de hacerle daño. Eliminar esas creencias y reemplazarlas con el entendimiento de que los hombres se pueden proteger ellos mismos contra el SIDA al cambiar sus comportamientos sexuales constituyó un enorme progreso en la labor".

Aun así, después de que las tres sesiones habían dado a los participantes los conocimientos necesarios para que acabaran con los comportamientos sexuales arriesgados, una encuesta demostró que algunos hombres y mujeres seguían arriesgándose a contraer la infección por el VIH. Desconcertada por este comportamiento, Aubry decidió que ello tenía que deberse a una falta de autoestima y a aptitudes deficientes de comunicación, y decidió que los grupos de apoyo psicológico intensivo, mediante el análisis transaccional (AT), podían llegar al fondo de la cuestión.

Las intervenciones intensivas como ésta son raras, si es que existen, en los países en desarrollo. Aubry declara: "Pero decidí ensayar el AT con la prevención de enfermedades en Haití porque sabía, después de haberlo utilizado en cursos de comunicación para profesionales, que era una forma maravillosa de ayudar a las personas a encontrar equilibrio en sus vidas. A diferencia de algunos enfoques psicológicos, el AT no consiste en conceptos difíciles; en realidad, desmitifica la psicología. Simplemente enseña a una persona cómo aprovechar los puntos fuertes y débiles de su carácter psicológico personal para cambiar el comportamiento y tomar mejores decisiones".

Aubry, con financiamiento del Proyecto de Control y Prevención contra la Infección por el VIH/SIDA (AIDSCAP), de FHI, estableció 20 grupos de apoyo (dos en cada 10 lugares de trabajo diferentes) que se reunían mensualmente durante ocho meses y donde los participantes aprendieron el AT. En cada grupo había hombres y mujeres.

Aubry declara: "Trabajar con hombres y mujeres fue muy útil para señalar las diferencias de género. Los hombres necesitaban ayuda para que dejaran de lado las actitudes dominantes, pero el AT les ayudó a pensar --quizás por primera vez en sus vidas-- en las razones de sus actitudes y acciones y a analizar sus comportamientos desde el origen. También los ayudó con frecuencia a responsabilizarse de sus acciones, a sentir un profundo respeto hacia la compañera con quien compartían su vida y a apreciar la importancia de los deberes de padres.

"Las mujeres adquirieron más confianza en sí mismas gracias al programa. Les permitió reforzar su sentido de madres y aplicarlo de una forma más positiva en su vida cotidiana. También aprendieron a negociar mejor muchas cuestiones de su vida cotidiana con el compañero, incluidas las cuestiones sexuales".

El seguimiento de los participantes ha sido únicamente en forma casual desde que el proyecto concluyó en 1996. Pero, dice Aubry, "la mayoría de las personas con quienes trabajamos mantuvieron un cambio en sus vidas, y se protegieron contra el VIH. Aunque se ha considerado que el AT es algo que sólo se debería ofrecer a quienes saben leer y escribir, mi experiencia me ha demostrado que el concepto del AT lo puede entender cualquier persona. Además, una vez que se pone en práctica, el cambio en la vida de las personas tiende a ser permanente, lo cual hace de estos individuos mejores padres, mejores trabajadores y mejores ciudadanos".

 

Una clínica para ella y una para él

Santa Fe de Bogotá, COLOMBIA -- En cierta época, el hombre que buscaba servicios de salud de la reproducción en la Clínica Piloto de la Asociación Probienestar de la Familia Colombiana (PROFAMILIA) se enfrentaba a un desafío. Tenía que compartir la entrada a la clínica con las mujeres y entrar en una sala de espera llena de mujeres; la mayoría de ellas lo miraban y muchas de ellas lo observaban fijamente. Naturalmente, muchos hombres se sentía intimidados.

Hoy día, sin embargo, la Clínica Piloto de Santa Fe de Bogotá ofrece a los hombres una clínica sólo para hombres, y se dedica específicamente a sus necesidades. Desde 1994, la clínica para hombres se ha ubicado incluso en un edificio diferente, frente a la clínica principal de planificación familiar.

Efraín Patiño, uno de los consejeros de la clínica para hombres desde que ésta abrió sus puertas en 1985, dice que los primeros hombres que llegaron a la clínica, inicialmente con el apoyo de AVSC International con sede en Nueva York, solicitaron vasectomías. Pero ahora, en un día común y corriente, Patiño atiende por lo menos a 40 hombres cuyas visitas representan toda una serie de inquietudes de salud de la reproducción.

Patiño dice: "Trabajo con hombres de todas las edades, desde adolescentes hasta hombres que han cumplido los 80 años, y con hombres con todos los tipos de personalidad, educación e ingresos. A pesar de sus diferencias, los hombres saben que cuando llegan aquí recibirán atención integral y de buena calidad, y cuando reciben esa clase de atención suelen estar muy agradecidos".

Entre los servicios que se ofrecen en la clínica están los procedimientos urológicos (incluida la cirugía hospitalaria), medicina general, planificación familiar (incluida la vasectomía y los condones), exámenes y tratamiento de infertilidad, diagnóstico y tratamiento de ETS (incluidas las pruebas de detección del VIH), terapia sexual, servicios de laboratorio para el recuento de espermatozoides, y exámenes de hormonas, orina y sangre.

Hay una doble razón para proporcionar esta serie de servicios. En primer lugar, los proveedores tratan de integrar los servicios de salud para los hombres. En segundo lugar, los hombres que llegan a las clínicas para recibir cualquiera de sus numerosos servicios de salud pueden recibir también orientación relativa a cuestiones de salud de la reproducción y planificación familiar. Una muestra que indica el éxito de los programas dirigidos a los hombres con mensajes de anticoncepción es que el número de vasectomías realizadas en las clínicas de PROFAMILIA ha aumentado constantemente, pasando de 1.241 en 1985 a 6.825 en 1995.

Uno de los servicios que más se prestan en la clínica para hombres de Santa Fe de Bogotá es la consulta relativa a disfunción sexual. El doctor Juan Carlos Vargas, ex director de la clínica, afirma: "Nuestro personal cuenta con terapeutas sexuales que son considerados como los mejores expertos del país en disfunción sexual. La demanda de dichas consultas hace que muchos hombres lleguen a la clínica, que es cuando podemos abordar la atención de salud de la reproducción en general".

Algunos hombres que tienen problemas urológicos o sexuales considerables son atraídos por la labor de extensión. El personal de PROFAMILIA visita los sitios que frecuentan los hombres, en particular los lugares de trabajo, para hablar de cuestiones de salud de la reproducción y a veces para realizar exámenes. "Tenemos mucho éxito al hacer que los hombres que necesitan más atención o consultas adicionales visiten nuestras clínicas", dice el doctor Vargas.

Necesidades especiales de los hombres

Los servicios o establecimientos separados no son la única forma de llegar a los hombres. PROFAMILIA ofrece clínicas sólo para hombres en dos ciudades importantes, pero se ha dado cuenta de que el número de clientes masculinos ha aumentado en sus clínicas de las ciudades más pequeñas, donde los establecimientos separados no son prácticos. Gran parte del mérito se debe al personal que es sensible a las necesidades complejas de los hombres. En la clínica para hombres de Santa Fe de Bogotá, el consejero Patiño dedica aproximadamente 15 minutos a cada cliente, hablando de inquietudes antes y después de dirigir al cliente donde un proveedor apropiado.

Las ideas tradicionales relativas a las funciones y responsabilidades de los hombres suelen ser barreras para ayudarles a obtener los mejores servicios de salud de la reproducción. Patiño opina: "Los hombres tienden a no admitir que no saben nada acerca de cuestiones relacionadas con el sexo o la salud de la reproducción, aunque a menudo es obvio durante las sesiones de orientación que están aprendiendo algo completamente nuevo".

"Así mismo, los hombres no están acostumbrados a solicitar servicios genito-urinarios. Si tienen un problema de salud, lo primero que hacen es ir a la farmacia para obtener medicamentos que pueden o no dar buenos resultados. Además, los hombres no son tan directos como las mujeres y tienden a minimizar los problemas. No es inusual que un hombre me diga que tiene un poco de secreción y que no le preocupa en absoluto; pero el médico que lo examina se asombra al ver que el problema está tan avanzado."

"Naturalmente, todos los hombres son diferentes. Se debe respetar la individualidad de cada cliente. Con los hombres que son más reservados, puedo dedicar un poco más de tiempo a las preguntas y las explicaciones. La clave está en ganarse la confianza. Trato de mantener regularmente el contacto con los clientes, en particular con los que están teniendo problemas. Una de mis mayores satisfacciones es encontrar después a mis antiguos pacientes y que se acuerden de mí. Así es como sé que he influido en sus vidas."

Nota: Si desea más información acerca de este tema, consulte: Profamilia's Clinics for Men: A Case Study. Men as Partners in Reproductive Health. Nueva York: AVSC International. 1997.

 

Juegos de riesgos para hombres que corren riesgos

Gettysburg, Pensilvania, EE.UU. -- En una zona al aire libre conocida como "el campo de minas", una extraña variedad de objetos se han colocado al azar, desde animales de peluche hasta trampas para ratones. Algunos tienen rótulos que dicen que son inofensivos, pero otros tienen etiquetas que dicen que presentan riesgos de enfermedades de transmisión sexual (ETS).

Un grupo de hombres jóvenes forman parejas, luego uno de cada pareja guía verbalmente a su compañero, que tiene los ojos vendados, alrededor de los objetos de riesgo. En este juego, se obtienen puntos cada vez que el joven vendado toca un objeto "de riesgo", y la acumulación de cierto número de puntos da lugar a una "infección". En general, alrededor del 20 por ciento de los adolescentes "contrae" una ETS al final del juego.

Este ejercicio es sólo una de las diversas actividades que se realizan en el Adolescent Male Involvement Program (AMIP -- Programa de Participación de Hombres Adolescentes) en Gettysburg, pequeña ciudad cerca de Washington que es más conocida para los estadounidenses por una batalla que se llevó a cabo allí durante la Guerra Civil estadounidense. Los juegos ayudan a los jóvenes a comprender los riesgos que corre la salud de la reproducción, dice Marianne Crouthamel, coordinadora del programa.

La esencia del pequeño programa es la idea de que los jóvenes, que tienden a tener comportamientos impulsivos y de riesgo, pueden aprender a respetar los riesgos y prepararse para hacerles frente mediante actividades físicas interesantes y con la ayuda de tutores cuyas profesiones son peligrosas por naturaleza.

El AMIP se reúne cada semana durante siete sesiones en las que participan hasta 12 hombres jóvenes que asisten a otras clases educacionales para adolescentes cuyo comportamiento ha hecho que los excluyan de las escuelas tradicionales. Crouthamel dice: "Estos son jóvenes, en su mayoría entre 16 y 18 años de edad, que no trabajan bien en un entorno escolar tradicional, que tal vez estén en libertad condicional, que posiblemente hayan tenido problemas de drogas o alcohol o que quizás hayan sufrido problemas familiares como negligencia, abuso o violencia. Muchos de ellos han respondido de una forma muy positiva y creo que un grupo de jóvenes que formen parte de la corriente principal reaccionaría todavía con mayor entusiasmo".

El AMIP comenzó con una modesta donación del Departamento de Salud de Pensilvania y de la Junta de Salud Familiar de Pensilvania Central. El Centro de Salud y Planificación Familiar de Gettysburg dirige el programa. "Hemos puesto en práctica el programa cuatro veces desde que comenzó en 1995, se han atendido a aproximadamente 48 jóvenes y sigue evolucionando", dice Crouthamel.

"Algo que notamos rápidamente es que a los hombres adolescentes, a diferencia de las mujeres adolescentes, les cuesta establecer contacto entre ellos y charlar informalmente y de temas personales. Los muchachos responden a situaciones orientadas a la acción", agrega.

Con ese propósito, las sesiones iniciales tuvieron lugar en una serie de obstáculos al aire libre en el Colegio de Gettysburg, llamada Carrera de Desafíos. El colegio ayuda a organizar actividades concebidas para desarrollar aptitudes de formación de equipos, resistencia a la presión de compañeros y aceptación de la responsabilidad personal. Las aptitudes de formación de equipos, por ejemplo, se desarrollan en el ejercicio del campo de minas. Más adelante, los jóvenes trabajan en plataformas y estructuras para trepar, lo cual intensifica el sentido de riesgo. Si siguen progresando en equipo, finalmente tienen la oportunidad de trepar una torre de 40 pies de altura.

Durante esas sesiones iniciales de técnicas de práctica para no hacerse daño, dos paramédicos titulados también enseñan a los jóvenes cómo reducir el riesgo sexual. "Puesto que estamos tratando con jóvenes dispuestos a tomar riesgos, teníamos muchos deseos de hacer participar como tutores a hombres cuyas ocupaciones tuvieran que ver con correr riesgos, pero en un sentido positivo", afirma Crouthamel.

Al principio, el programa sólo consistía en clases que daban los paramédicos en un aula, dice Crouthamel, "y el resultado fue que los muchachos no manifestaban ningún interés y los paramédicos se desanimaron". Pero al incluir la instrucción impartida por paramédicos como parte de las actividades de la carrera de obstáculos se obtuvo una combinación fructuosa.

Scott Anderson, paramédico que trabaja con el programa opina: "Me di cuenta de que estaba tratando de presentar información relativa a temas que a los muchachos no les parecían reales. No podían entender por qué la reducción de riesgos podía ser algo importante para ellos desde el punto de vista personal. La información no es suficiente si las personas no pueden imaginar un futuro que para ellas valga la pena proteger. No se pudo lograr un verdadero entendimiento sin haber abordado primero el concepto esencial de la autoestima, en la carrera de obstáculos".

Visitas a los consultorios

Los jóvenes reciben información relativa a anticoncepción, prevención de ETS y aptitudes sociales para ayudarles a negociar y mantener relaciones saludables. Las sesiones finales incluyen visitas a un consultorio de planificación familiar y a un consultorio de salud. Las visitas, coordinadas por un médico, incluyen la oportunidad de hacerles una prueba de ETS. Al doctor Kenneth Stephan, que es el médico, lo conocen los jóvenes porque de vez en cuando participa en las primeras sesiones del AMIP.

El doctor Stephan opina: "Al principio, los jóvenes parecían estar nerviosos con mi presencia, pero luego se sintieron cómodos. Considero que con la participación de un médico se planta la semilla para que los jóvenes se sientan cómodos con los médicos o en los consultorios. Luego, estarán dispuestos a acudir a nosotros sin miedo".

Crouthamel afirma que el programa ha adoptado un enfoque informal en cuanto a las pruebas de ETS y agrega: "Hasta la última vez que pusimos en práctica el programa, ninguno de los jóvenes pidieron que se les hicieran pruebas y nunca los presionamos para que lo hicieran. Simplemente les mostramos el consultorio y los invitamos a visitarlo. Pero, en la última sesión, siete de los 10 jóvenes pidieron que se les hicieran pruebas de ETS y unos cuantos pidieron pruebas para el VIH."

"Nos sorprendió mucho y nos sentimos muy complacidos al ver que esos muchachos ahora evaluaban sus propios riesgos y actuaban de forma responsable ante sus evaluaciones. Además, los jóvenes que pidieron que se les hicieran pruebas de ETS deseaban recibir los resultados en grupo, no solos. Obviamente, sentían que podían recibir fortaleza del grupo, que habían trabajado arduamente juntos y que podían compartir los resultados, ya fuesen positivos o negativos."

-- Kim Best