El objetivo es promover la igualdad de géneros en todas las esferas de la vida, incluida la vida familiar y comunitaria, y animar y habilitar a los hombres a responsabilizarse de su comportamiento sexual y de reproducción y sus funciones sociales y familiares.
- Programa de Acción. Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre Población y Desarrollo.
Antes de la revolución sexual iniciada con la píldora, los hombres formaban una parte más integral de la planificación familiar y de otras cuestiones de salud de la reproducción que hoy día. Si una pareja deseaba usar la anticoncepción, sus opciones se limitaban principalmente a los métodos que requerían la participación del hombre: coito interrumpido, abstinencia periódica y condones.
Los métodos hormonales para las mujeres, comenzando con los primeros anticonceptivos orales en 1960, y la elaboración subsiguiente de dispositivos intrauterinos y la esterilización quirúrgica moderna, condujeron al desarrollo de una comunidad de servicios de planificación familiar centrada en la mujer, que a menudo excluye a los hombres. El desafío de hoy, como lo expresa la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD) celebrada en El Cairo en 1994, consiste en aumentar la responsabilidad de los hombres en cuanto a la planificación familiar mediante la ampliación de los servicios, de modo que se proteja la salud de la reproducción de los hombres y de las mujeres, y el fomento de una mayor sensibilidad en cuanto a las cuestiones de género.
Algunas personas temen que la adición de servicios para los hombres hará que disminuyan los recursos disponibles para las mujeres, que actualmente tienen la mayor responsabilidad en cuanto a la planificación familiar y otras cuestiones de salud de la reproducción. "La idea de atender a los hombres no es prestar menos servicios, sino más servicios", dice María Isabel Plata, directora de la Asociación Probienestar de la Familia Colombiana (PROFAMILIA) en Colombia, que ha sido pionera en los servicios para los hombres desde 1985, cuando abrió sus primeras clínicas para hombres. Actualmente, las clínicas de PROFAMILIA ofrecen una variedad de servicios de salud de la reproducción masculina, además de las opciones anticonceptivas masculinas como la vasectomía. "Nunca nos ha interesado prestar menos servicios; lo que necesitamos es ampliar nuestra labor. Lo hacemos analizando lo que tenemos, lo que podemos usar mejor, dónde hay vacíos y cómo usar lo que tenemos ahora de forma más eficaz desde el punto de vista de los costos y de manera más orientada hacia el cliente. Lo primero que hay que hacer es preguntar a los clientes qué desean", agrega la señora Plata.
PROFAMILIA y unos cuantos programas que han tenido éxito han encontrado la forma de promover la participación de los hombres pero "sigue existiendo una amplia brecha entre la retórica de promover la participación de los hombres y la realidad de los programas de salud de la reproducción orientados hacia la mujer", afirma Errol Alexis, del Centro Internacional Margaret Sanger, con sede en Nueva York, quien ha trabajado con hombres y jóvenes durante 20 años en el Caribe, África y los Estados Unidos.
Uno de los mayores obstáculos es la renuencia de los hombres a usar los servicios. Los hombres saben poco acerca de su propia sexualidad o de la sexualidad de las mujeres, hay poca comunicación respecto a sexualidad en sus relaciones y con frecuencia creen muchos mitos sexuales, dice Alexis. "Muchos hombres desconfían de los programas de planificación familiar porque los consideran como una conspiración para debilitar gradualmente su poder".
Los proveedores también deben superar las generalizaciones y suposiciones falsas acerca de los hombres. Es fácil decir que los hombres siempre quieren más hijos, que no están interesados en usar la anticoncepción, que no les importa propagar las enfermedades de transmisión sexual (ETS), que nunca comparten la responsabilidad de criar a los hijos y que perpetúan la violencia contra las mujeres. Algunos programas han sido diseñados basándose en estas suposiciones y, por lo tanto, excluyen habitualmente a los hombres, impidiéndoles obtener ayuda para que comprendan sus necesidades y cambien sus comportamientos perjudiciales. Sin embargo, las encuestas demuestran que los hombres se informan acerca de la anticoncepción, que quieren usarla y que, a medida que aumenta la presión cuando se tienen familias numerosas, desean tener menos hijos.1 En casi cualquier país o cultura, hay hombres que comparten las responsabilidades parentales y que se oponen a la violencia contra las mujeres.
En un contexto más amplio, se debe lograr la "igualdad de los géneros". Esta frase, según se usa en el Programa de Acción de la CIPD, se refiere a una igualdad en las funciones y responsabilidades que la sociedad asigna a los hombres y a las mujeres, funciones que influyen en todos los aspectos de la vida. Los proveedores y funcionarios de salud deben hacer hincapié en la interdependencia y los beneficios mutuos derivados de la prestación de servicios a ambos sexos, sin centrarse exclusivamente en un género en perjuicio ulterior de ambos.
Dirección de los programas
Para atender mejor a los hombres, los programas deben reconciliar opiniones y puntos de vista conflictivos acerca de los hombres y la salud de la reproducción. Como parte de esta labor, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) estableció recientemente un Grupo de Trabajo de Géneros, con la participación de sus organismos cooperadores y otros más que trabajan en el campo de la salud de la reproducción a nivel internacional. El grupo lo integran cuatro comités que examinan cuestiones relativas a género y salud de la reproducción. Uno de ellos es el Comité de Asuntos Relacionados con la Salud de la Reproducción y los Hombres, copresidido por los autores del presente artículo.
En las primeras reuniones de este comité, los representantes de más de 20 organismos examinaron enfoques globales que pueden atender a las necesidades de hombres y mujeres, y pueden contribuir a la igualdad de géneros. A continuación figuran seis objetivos generales, que surgieron de estas charlas informales y que se deben considerar cuando se diseñan programas para abordar la salud de la reproducción y la salud de los hombres, dentro del contexto de igualdad de géneros:
Animar a los hombres a que apoyen las opciones de anticoncepción de las mujeres. Una de las razones frecuentes que dan las mujeres para no iniciar o seguir usando la anticoncepción es la oposición de sus compañeros. Los hombres que tienen conocimientos de las cuestiones de salud de la reproducción tienden más a respaldar las decisiones de sus compañeras y a fomentar políticas públicas que permiten que las mujeres reciban la atención de salud de la reproducción que necesitan. Un proyecto realizado en una zona rural de Malí abordó este objetivo utilizando a los hombres para que promovieran la planificación familiar en las comunidades locales. Muchas mujeres notificaron que los trabajadores comunitarios masculinos habían logrado cambiar las actitudes que sus esposos tenían respecto a la planificación familiar y habían generado una comunicación más abierta entre los cónyuges respecto a la planificación familiar.2
Mayor comunicación entre los cónyuges. Cuando los dos cónyuges toman conjuntamente las decisiones en materia de salud de la reproducción, hay más probabilidades de que estas decisiones se lleven a la práctica. Los hombres se vuelven más comprensivos puesto que ayudan a sus compañeras a recibir los servicios de salud de la reproducción cuando se necesitan y proporcionan los recursos necesarios para obtener esos servicios. Una campaña de planificación familiar realizada en Bolivia en 1994 trató de mejorar la comunicación usando el lema "Hablemos juntos". Durante la promoción, el número de nuevos usuarios de anticonceptivos y el número de hombres que notificaron su intención de solicitar servicios de salud de la reproducción aumentaron considerablemente.3
Algunas mujeres quedan embarazadas simplemente porque creen que sus esposos quieren más hijos. Pero es posible que este no sea siempre el caso. Las encuestas en varios países en desarrollo indican que el número de hombres que quieren tener otro hijo es apenas un poco mayor que el de las mujeres. La mayor comunicación entre la pareja da lugar a un mejor entendimiento de las preferencias del hombre y de la mujer en materia de reproducción y hace disminuir algunas de las consecuencias de la comunicación deficiente, por ejemplo el embarazo no deseado y una familia numerosa.
Mayor uso de los métodos masculinos. El mayor uso de los métodos masculinos aliviará parte de la carga relativa a la anticoncepción que recae actualmente en las mujeres. Algunos programas están usando campañas de promoción creativas para la vasectomía, lo cual puede ampliar el uso de este método seguro y eficaz (véase el artículo en la página 32). "Los encargados de formular políticas y los proveedores de servicios han aligerado la responsabilidad que tienen los hombres de usar los métodos masculinos existentes, por ejemplo, al centrar la atención en la esterilización femenina, incluso en detrimento de los programas de vasectomía que han tenido éxito", explica la doctora Karin Ringheim, de USAID, en un análisis de las cuestiones de género que influyen en las opciones anticonceptivas.4 A medida que aumenta el uso de los condones en la era del SIDA, más proveedores de servicios de planificación familiar ofrecen condones como una opción anticonceptiva para aquellos que corren un riesgo elevado de contraer ETS. Desafortunadamente, en este momento hay pocos métodos disponibles para los hombres, y la investigación relativa a nuevos métodos masculinos sigue avanzando a un ritmo lento.
Mejor comportamiento de los hombres para la prevención de las ETS. El efecto del comportamiento y la actitud de los hombres con respecto a la salud de las mujeres es quizás más evidente en la prevención y el tratamiento de las ETS. Para que los programas de prevención sean eficaces, tienen que educar y tratar a ambos integrantes de la pareja. El mayor uso del condón y el cambio de comportamientos sexuales de alto riesgo son estrategias principales para la prevención de ETS. En los lugares donde las campañas de mercadeo social han promovido fuertemente los condones, el uso de éstos ha aumentado marcadamente. El mayor uso de condones es un paso hacia el cambio de comportamiento de los hombres en una forma que influye directamente en su propia salud, como también en la salud de sus esposas y de las otras personas con las que tienen relaciones sexuales. Pero las encuestas indican que el uso de condones es mucho más elevado fuera del matrimonio que con las esposas, y aquellas esposas que tienen poco poder para negociar el uso del condón pueden ser infectadas por sus esposos.
Abordar las propias necesidades de salud de la reproducción de los hombres. El acceso a los servicios de salud de la reproducción debería ser una cuestión de derechos humanos para los hombres y las mujeres. Los hombres tienen sus propios problemas de salud de la reproducción que van más allá de los servicios de planificación familiar y los relativos a las ETS, tales como infertilidad, disfunción sexual, cáncer de la próstata y cáncer testicular. La falta de servicios para abordar estas necesidades contribuye al estrés, la ansiedad y la pérdida de autoestima entre los hombres. "Los hombres, así como las mujeres, afrontan diferentes cuestiones en diferentes etapas de su ciclo vital", dice Jeffrey Spieler de USAID, especialista en salud de la reproducción masculina. "Un momento crucial ocurre durante los primeros años de la juventud, cuando los muchachos pasan por una marcada identificación de género y buscan a alguien que les sirva de modelo. El orientar mejor a los muchachos y jóvenes mediante programas de educación sexual apropiados podría ayudar a abordar muchas cuestiones que surgen después en la vida."
Animar a los hombres a ser más conscientes de cuestiones familiares afines. Los hombres deben participar más en la crianza de los hijos, en alentar la educación escolar para las niñas y los niños, en reducir la violencia contra las mujeres y los niños y en hacer disponibles los recursos para satisfacer las necesidades de la familia. Estas son cuestiones culturales complejas, profundamente arraigadas; y en muchos entornos, las inquietudes familiares están estrechamente vinculadas a la planificación familiar y la salud de la reproducción. Por ejemplo, en un programa realizado en la zona rural de Uganda, más clientes del sexo masculino acuden al consultorio de planificación familiar durante la temporada en que se deben pagar las matrículas escolares, dice una enfermera, porque es entonces que "los hombres finalmente comprenden lo que es la carga de tener muchos hijos, carga que las mujeres han comprendido desde antes de que nazca un hijo."5
Superación de los prejuicios
La estrategia de servicios complementarios para hombres y mujeres exige el éxito de muchos elementos, incluido el reconocimiento que hace el proveedor de sus propios valores personales relativos a la igualdad de géneros, y la forma en que estos valores podrían dar lugar a prejuicios contra hombres o mujeres.
Un ejercicio, elaborado por el Centro Internacional Margaret Sanger y la Federación Internacional de Planificación de la Familia, trata de ayudar a las personas a comprender sus valores personales ofreciéndoles varios planteamientos a los que cada persona responde. Los grupos pueden compartir estos comentarios para ayudar a aclarar los valores de género del grupo. Por ejemplo, uno de los planteamientos dice: "El hombre debería estar presente durante el nacimiento de su bebé". En algunas culturas, a los hombres se les prohibe estar presentes durante el nacimiento. En otros lugares, incluidos los Estados Unidos, se anima al hombre a estar presente para que los padres aprecien más este acontecimiento tan importante. En este ejercicio se plantean muchos conceptos provocadores: Tienen los hombres solteros derecho a tener relaciones sexuales con varias personas? Debe evaluarse cada programa de participación masculina teniendo en cuenta la forma en que puede mejorar la salud de las mujeres? Constituye un abuso de confianza el hecho de que la mujer use la anticoncepción sin el conocimiento de su esposo?
Las respuestas a estas preguntas serán reflejo de una amplia gama de valores personales, configurados por las experiencias culturales, educacionales y profesionales e, indudablemente, influidas por el género de cada persona. Los que trabajan en el campo de la salud de la reproducción tienen la obligación de evaluar cuidadosamente sus puntos de vista personales. Comprender las opiniones personales relativas a cuestiones de género es un paso fundamental hacia la prestación de mejores servicios. Con estas nuevas percepciones, estamos mejor preparados para tomar decisiones vitales que podrían tener profundas repercusiones en las vidas de muchos hombres, como también de muchas mujeres.
-- Dr. Isaiah Ndong y William R. Finger
El doctor Isaiah Ndong practicó la medicina general en su país natal de Camerún antes de incorporarse a AVSC International en calidad de asociado médico y miembro de la iniciativa "Los hombres como socios". El doctor Ndong y William R. Finger, redactor/editor principal de Network en temas científicos, comparten la presidencia del Comité sobre el Hombre y la Salud de la Reproducción, del Grupo de Trabajo de Género de la USAID.
Referencias
- Ezeh AC, Seroussi M, Raggers H. Men's Fertility, Contraceptive Use, and Reproductive Preferences - DHS, Comparative Studies No. 18. Calverton, MD: Macro International, Inc., 1996.
- Kak LP, Signer MB. The Introduction of Community-based Family Planning Services in Rural Mali: The Katibougou Family Health Project. CEDPA Working Paper No. 2. Washington: Centre for Development and Population Activities, 1993.
- Valente TW, Saba WP, Merritt AP, et al. Reproductive Health Is in Your Hands: Impact of the Bolivia National Reproductive Health Program Campaign. IEC Field Report No. 4. Baltimore: The Johns Hopkins Center for Communication Programs, 1996.
- Ringheim K. Whither methods for men? Emerging gender issues in contraception. Reprod Health Matters, 1996 No. 7:79-89.
- AVSC International, Busoga Diocese's Family Life Education Program. Reaching Men in Uganda: A Case Study of the Busoga Diocese's Family Life Education Program. (New York: AVSC International, 1997) 10.