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Salud reproductiva

La educación retrasa el inicio de la vida sexual

La buena educación sexual ayuda a los jóvenes a aclarar valores y evitar comportamientos de riesgo.

Network en español: Primavera 1997,
Vol. 17, No. 3

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Muchos jóvenes empiezan a tener relaciones sexuales sin haber recibido información exacta acerca de la salud de la reproducción. Esta falta de información puede hacerles correr el riesgo de embarazos no planificados y de enfermedades de transmisión sexual (ETS). La educación relativa a la salud sexual puede ser un medio para ayudar a los jóvenes a prevenir esos problemas y mejorar su futura salud de la reproducción.

Varios estudios han demostrado que la educación sexual puede ayudar a retrasar el primer acto sexual en los adolescentes que no están sexualmente activos. Para los adolescentes que ya tienen relaciones sexuales, incluidos los que están casados, la educación sexual puede fomentar el uso correcto y sistemático de la anticoncepción o la protección contra las ETS. Los estudios indican que los temores de que los programas de educación sexual fomentan o aumentan la actividad sexual parecen infundados.

Los programas de salud sexual más eficaces son los que incluyen información que no se limita a la salud de la reproducción. Esos programas también pueden ayudar a los jóvenes a mejorar sus técnicas de comunicación y negociación, aclarar sus valores y cambiar los comportamientos de riesgo.

"La información básica acerca de la salud de la reproducción es importante para los jóvenes; así como lo es la información básica relativa a otras cuestiones de salud", afirma la doctora Cynthia Waszak, investigadora de FHI especializada en salud de los adolescentes. "Los programas de educación sexual pueden ser la única oportunidad que tienen los jóvenes de recibir información exacta acerca de la salud de la reproducción. Los programas de educación sexual son quizás los únicos que ofrezcan un entorno donde los jóvenes puedan practicar las técnicas necesarias para mantener una buena salud de la reproducción."

Falta de conocimientos

La información errónea y los malentendidos acerca de la anticoncepción, la planificación familiar y las ETS abundan entre los adultos jóvenes. En Jamaica, un estudio dirigido por la Universidad de las Indias Occidentales y el Proyecto de Estudios de la Mujer, de FHI, observó que un grupo de adolescentes tenía poca información exacta en cuestiones de salud de la reproducción. El estudio encuestó a unos 500 estudiantes, de 11 a 14 años de edad, cuando empezaban un programa escolar de educación de vida familiar diseñado para retrasar el primer embarazo. Se consideraba que los estudiantes de este grupo corrían un elevado riesgo de tener relaciones sexuales tempranas.

Aunque el 52 por ciento de las jovencitas y el 77 por ciento de los muchachos sabían que los condones podían proteger contra las ETS, sólo el 4 por ciento de las jovencitas y el 10 por ciento de los muchachos sabían que la mayor probabilidad de embarazo ocurría a mediados del ciclo menstrual de la mujer. Sólo el 27 por ciento de las jovencitas y el 32 por ciento de los muchachos sabían que podía haber embarazo a consecuencia de la primera relación sexual, y aproximadamente el 15 por ciento de las jovencitas y de los muchachos pensaban que los anticonceptivos orales protegían contra las ETS. Se entrevistará a los estudiantes dos veces más, cuando termine el programa de educación de vida familiar y un año más tarde, para determinar cómo ha influido el programa en sus conocimientos, actitudes y comportamientos.1

Los estudios realizados con jóvenes de otras regiones han indicado una falta análoga de información exacta. En la India, de 100 jovencitas que acudieron a un hospital para recibir servicios de aborto, el 80 por ciento no sabía que las relaciones sexuales podían causar un embarazo o ETS, y el 90 por ciento desconocía la anticoncepción.2

Un estudio relativo a los conocimientos que tenían los jóvenes rusos acerca del SIDA indicó que, de 370 estudiantes de secundaria que fueron entrevistados, sólo el 25 por ciento de las jovencitas y el 35 por ciento de los muchachos sabían que los condones sólo debían usarse una vez. El 38 por ciento de los estudiantes creían erróneamente que los condones podían lavarse y usarse varias veces.3 En Chile, donde se encuestó a 948 estudiantes de escuelas públicas de las comunidades más pobres de Santiago, el 57 por ciento de los muchachos y el 59 por ciento de las jovencitas dijeron que los condones podían volverse a usar. El 67 por ciento no sabía cuáles eran los días fértiles o infértiles del ciclo menstrual de la mujer.4

La falta de información puede ser una razón para que el uso de los métodos de planificación familiar sea generalmente bajo entre los adolescentes. Por ejemplo, en Sudamérica, sólo el 43 por ciento de las jóvenes casadas, de 15 a 19 años de edad, usan la anticoncepción, según datos recopilados por la Population Reference Bureau (PRB - Oficina de Referencias Demográficas). Entre las solteras activas sexualmente, el 29 por ciento usan la anticoncepción. En África occidental, el 5 por ciento de los adolescentes casados usan un método de planificación familiar, comparado con el 34 por ciento de los adolescentes solteros activos sexualmente. En el sudeste de Asia, el 36 por ciento de los jóvenes casados usan la anticoncepción, comparado con el 28 por ciento de los adolescentes solteros.5

Evaluación de la educación sexual

La evaluación de los efectos de los programas de educación sexual en los conocimientos y el comportamiento de los adolescentes ha sido difícil. El contenido de los programas varía, lo cual dificulta las comparaciones. Además, la índole personal de las preguntas puede hacer que los jóvenes no estén muy dispuestos a responder sinceramente, y a los investigadores les parece difícil separar los efectos de los programas de educación sexual de los de otras fuentes de información, como los medios de información y los padres.

Sin embargo, las evaluaciones que se han efectuado entre adultos jóvenes en los países en desarrollo y en los industrializados indican que los programas de educación sexual estructurados pueden aportar más conocimientos acerca de la salud de la reproducción y mejorar el uso de métodos para protegerse contra el embarazo y las ETS.

Un estudio realizado en Banjul, Gambia, reveló que los conocimientos acerca de la anticoncepción eran más amplios entre los adolescentes que habían asistido a programas de educación de vida familiar que los que no lo habían hecho. Además, el uso de anticonceptivos en la primera relación sexual fue superior entre las mujeres que habían asistido a dichos programas.6

En Tanzanía, un programa escolar para jóvenes de 13 a 15 años de edad aportó más conocimientos acerca del SIDA y produjo una disminución del número de estudiantes que pensaban tener relaciones sexuales en un futuro cercano.7

Un estudio retrospectivo de 8.450 mujeres de los Estados Unidos, de 15 a 44 años de edad, examinó la relación entre la educación sexual y el uso de la anticoncepción en la primera relación sexual. Las mujeres que habían recibido instrucción estructurada acerca del uso de anticonceptivos antes de su primera relación sexual tenían más probabilidades de usar un método. Las mujeres que habían recibido información acerca de la anticoncepción el mismo año en que habían comenzado a tener relaciones sexuales tenían menos probabilidades de usar un método.8 Una encuesta realizada entre 1.800 varones de 15 a 19 años de edad en los Estados Unidos, observó que entre los que habían recibido educación estructurada relativa al SIDA y la planificación familiar había disminuido el número de compañeros sexuales y había aumentado el uso sistemático de condones.9

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó recientemente una revisión de 1.050 artículos científicos acerca de programas de educación sexual. Los investigadores no encontraron "apoyo en cuanto al argumento de que la educación sexual fomenta la experimentación o una mayor actividad sexuales. Cuando se observa un efecto, casi sin excepción, éste consiste en la tendencia a posponer el inicio de las relaciones sexuales o a usar eficazmente la anticoncepción". Si no se proporciona información apropiada y oportuna se "pierde la oportunidad de reducir los resultados indeseables de un embarazo involuntario y de la transmisión de ETS y, por lo tanto, se perjudica a los jóvenes", dice el informe.10

El informe de la OMS dice que los jóvenes necesitan dos tipos de mensajes en los programas de educación sexual: mensajes para los que no han empezado a tener relaciones sexuales y mensajes para los que ya tienen relaciones sexuales. Así mismo, dado que algunos jóvenes empiezan a tener relaciones sexuales desde los 12 años de edad, el informe recomendó que los programas estructurados de educación sexual comenzaran mucho antes de esta edad. Aunque la meta de muchos programas de educación sexual es reducir la incidencia de embarazos no planificados, la OMS recomienda que los programas también consideren formas de reducir la incidencia de relaciones sexuales sin protección, ya que los adolescentes que tienen coitos sin protección son vulnerables a las ETS y a los embarazos no planificados.

Aunque algunos estudios han revelado beneficios de los programas de educación sexual, otros han dado resultados insignificantes. Un estudio llevado a cabo en Saint Kitts y Nevis, en el Caribe oriental, comparó a los estudiantes que habían recibido cursos de educación sexual con los que no los habían recibido. El curso, que se impartió dos veces por semana durante 26 semanas, incluía información acerca de la reproducción y anticoncepción, desarrollo emocional y sexualidad. Los estudiantes llenaron un cuestionario relativo a la actividad sexual y al uso de anticonceptivos antes de tomar el curso y luego al final del mismo. Aproximadamente la tercera parte de los estudiantes sexualmente activos dijeron que usaban anticonceptivos antes de empezar el curso de educación sexual, y el porcentaje cambió muy poco después.11

Al parecer, los programas que hacen hincapié en la abstinencia sexual como el único medio de prevenir las ETS y el embarazo no planificado no dan muchos resultados. Un estudio observó a 320 estudiantes que habían participado en un programa que recomendaba la abstinencia como la única opción para los jóvenes solteros. Los investigadores observaron un aumento de la actividad sexual entre los jóvenes que habían participado en el programa. No se observó un aumento de la actividad sexual en un grupo de jóvenes que no habían participado en el programa de abstinencia.12

Cambio de comportamiento

Aunque los programas de educación sexual pueden aumentar los conocimientos acerca de la salud de la reproducción, los conocimientos no siempre se traducen en acción.

Por ejemplo, un estudio realizado en Uganda con 4.510 jóvenes de 15 a 24 años reveló que los conocimientos acerca de condones era elevado, y que los hombres y las mujeres tenían una actitud positiva en cuanto a los condones. Sin embargo, a pesar de que más de las tres cuartas partes de los hombres y las mujeres sabían que los condones prevenían las ETS, menos del 13 por ciento de los varones y casi ninguna mujer (menos de un 1 por ciento) dijeron que usaban condones.13 Un programa realizado en las Filipinas, diseñado para informar acerca de la prevención del SIDA a más de 800 adolescentes, sí hizo aumentar los conocimientos relativos a esta enfermedad. Sin embargo, el programa no hizo que cambiara el uso de condones ni se registró un aumento en el número de estudiantes que estuvieran de acuerdo en que los jóvenes debían posponer las relaciones sexuales hasta la edad adulta o el matrimonio.14

Al examinar la forma de mejorar la salud de la reproducción de los adolescentes, los expertos afirman que los programas de educación sexual que tienen éxito comparten algunas características. Estos programas se centran en el cambio de los comportamientos de riesgo; refuerzan el mensaje de que las relaciones sexuales sin protección no son aconsejables y explican las formas en que los jóvenes pueden protegerse; hacen participar activamente a los estudiantes en el aprendizaje, por ejemplo mediante actividades que les permiten colocar un condón en un modelo o comprar un condón; ayudan a los estudiantes a practicar sus aptitudes de comunicación y negociación; examinan presiones socio-culturales que se ejercen sobre los adolescentes para que tengan relaciones sexuales; y proporcionan capacitación a las personas que van a impartir educación sexual.15

Cambiar el comportamiento de riesgo requiere más que educación; requiere el compromiso de la persona, dice Donna Flanagan, del proyecto de Control y Prevención del SIDA (AIDSCAP) de FHI. Entonces, un adulto joven debe adquirir las aptitudes necesarias para operar el cambio, como la aptitud de negociar el uso del condón. "Gran parte de lo que necesitan los jóvenes es adquirir experiencia y práctica para tomar decisiones y sentirse responsables de sus propios actos", dice Flanagan, de la unidad de comunicaciones de cambio de comportamiento de AIDSCAP.

"Nosotros los adultos no les damos la oportunidad de responsabilizarse de muchas cosas", dice. "Los jóvenes no deciden si van a la escuela o no; nosotros les decimos que tienen que ir. Los jóvenes ni siquiera deciden cuándo deben acostarse o levantarse. De repente se encuentran ante la necesidad de decidir acerca de cuestiones sexuales, y no tienen las aptitudes necesarias para hacerlo."

Para animar a los jóvenes en la República Dominicana a desarrollar sus aptitudes para tomar decisiones, AIDSCAP ha diseñado mensajes para ser transmitidos por la radio y la televisión con miras a que los jóvenes pospongan la primera relación sexual y usen condones cuando comiencen a tener una vida sexual activa. Después de dar información acerca del SIDA o de las ETS, los mensajes terminan diciendo: "Ve a hablar con tu padre acerca del SIDA" o "Ve a hablar con tu madre acerca de las ETS".

El programa FOCUS on Young Adults (Los Adultos Jóvenes como Centro de Atención) analizó recientemente los programas de salud de la reproducción en países en desarrollo y observó que había pocos estudios que demostraban efectos de la educación sexual en los cambios de comportamiento. Los expertos afirman que se requieren más investigaciones y que se deben refinar las medidas de evaluación. Sin embargo, el proyecto FOCUS dice que los programas de educación sexual que incluyen actividades para ayudar a los jóvenes a desarrollar aptitudes en comunicación y negociación, tienen más probabilidades de dar buenos resultados que los programas que dan información acerca de la salud de la reproducción solamente.

Varios programas de planificación familiar han incorporado elementos de cambio de comportamiento a los programas de educación sexual para los jóvenes. Un ejemplo de ello es el programa Planeando tu Vida, en México. El programa da a los jóvenes información acerca del embarazo, la prevención de enfermedades y ETS, e información acerca de las relaciones, toma de decisiones, comunicaciones y seguridad en sí mismos.

El programa, iniciado por el Instituto Mexicano de Investigación de Familia y Población (IMIFAP), en colaboración con el gobierno mexicano, se elaboró basándose en investigaciones realizadas con jóvenes. Se entrevistó a más de 865 jovencitas adolescentes, de 12 a 19 años de edad, y a 355 adolescentes que habían tenido un embarazo no planificado. Las respuestas de los jóvenes constituyeron los cimientos de Planeando tu Vida, que se introdujo como programa piloto en las escuelas de la Ciudad de México en 1988-89, y que luego fue ampliado.

Un estudio acerca de los efectos del programa comparó a tres grupos de estudiantes: los adolescentes que no habían recibido educación sexual; los que habían participado en un programa de educación sexual que incluía información acerca de la menstruación, anatomía, fisiología, anticoncepción y las ETS; y los adolescentes que participaban en el programa Planeando tu Vida. Cuando se realizaron entrevistas con los participantes en el estudio, cuatro y ocho meses más tarde, no se observó ningún cambio en el inicio de la actividad sexual entre los grupos. Se observó que entre los estudiantes que no eran sexualmente activos cuando comenzó el curso de Planeando tu Vida, el nivel de uso de anticonceptivos fue más elevado cuando comenzaron a tener relaciones sexuales. Otro estudio comparó a más de 900 estudiantes que tomaron el curso Planeando tu Vida con estudiantes que no lo habían tomado. El programa no tuvo efectos en la actividad sexual de los participantes en el programa ni en el uso de anticonceptivos de los que ya eran sexualmente activos. Sin embargo, entre los varones que no eran sexualmente activos cuando comenzó el curso, el uso de anticonceptivos aumentó cuando empezaron a tener relaciones sexuales.16

Otro ejemplo de un programa de educación sexual que fomenta el cambio de comportamiento es el del Centro para Jóvenes, en Colombia. Establecido en 1990 por PROFAMILIA, el centro ofrece información y educación a los adolescentes, educación a los padres y los maestros, y servicios de salud de la reproducción.

Durante el primer año del centro, el personal observó que un alto porcentaje de estudiantes había recibido alguna información acerca de la reproducción, pero la información no impidió que los jóvenes tuvieran relaciones sexuales. Muchas de las jovencitas que acudieron al centro lo hicieron porque temían estar embarazadas. Las que quedaron embarazadas involuntariamente compartían ciertas características: poca autoestima, poco conocimiento o ninguno acerca de la anticoncepción y comunicación deficiente con los familiares.17

El personal de PROFAMILIA decidió ampliar el contenido de sus programas de educación sexual, que tradicionalmente habían girado en torno a los aspectos biológicos de la reproducción, para incluir información acerca del embarazo y la prevención de las ETS, y actividades diseñadas para promover la autoestima, la comunicación y la toma de decisiones.

PROFAMILIA dirige centros de salud para adolescentes, que ofrecen educación, información y servicios, en 20 ciudades en Colombia. Entre los programas de información y educación que ofrece figuran ferias de salud anuales para adolescentes, que coinciden con las vacaciones escolares. El año pasado, la feria de salud se celebró en 15 ciudades y atrajo a más de 10.000 jóvenes. Además, PROFAMILIA celebra sesiones educacionales para los padres y maestros, y talleres que imparten 120 horas de capacitación a quienes desean ser educadores en los programas de salud de la reproducción. Los programas se habían estado ofreciendo a jóvenes de 16 a 19 años, pero ahora PROFAMILIA ofrece educación y servicios a adolescentes de menor edad, de 13 a 15 años.

Qué, quién y dónde

Al establecer un programa de educación sexual, los proveedores y los encargados de formular políticas deben considerar varias cuestiones. Qué se debe incluir en el programa de estudios? Quién debe participar en la planificación y puesta en práctica de los programas? Y dónde deben ofrecerse los programas?

El Sexuality Information and Education Council (SIECUS - Consejo de Información y Educación en materia de Sexualidad), con sede en los EE.UU., actualizó recientemente su guía para los programas de educación sexual. Publicada originalmente en 1991, la guía se diseñó para ayudar a las comunidades locales a elaborar sus propios programas de estudios o para evaluar los programas existentes. La nueva guía incluye información acerca de opciones anticonceptivas que no existían cuando se publicó el primer informe (por ejemplo, el condón femenino).

Según la guía del SIECUS, la educación sexual debe comenzar en los primeros años de la escuela primaria, cuando los niños tienen entre cinco y ocho años de edad, y debe continuar hasta la adolescencia, cuando tienen entre 15 y 18 años de edad. Los cursos deben ser dictados sólo por maestros capacitados, y la participación de la comunidad es esencial en la elaboración y puesta en práctica de los programas. "Los padres y otros familiares importantes, maestros, administradores, líderes comunitarios y religiosos y estudiantes, todos deben participar", dice el informe del SIECUS.18

La participación de los jóvenes en el diseño y la puesta en práctica de los programas de educación sexual, incluida la planificación del contenido del programa de estudios, es un elemento importante para cerciorarse de que el programa aborda las necesidades de los adolescentes. La Fundación Youth for Youth (Jóvenes para Jóvenes), en Rumania, apoyada por el Centre for Development and Population Activities (CEDPA - Centro para Actividades en materia de Desarrollo y Población), comenzó con una encuesta de estudiantes de 17 escuelas de educación secundaria en Bucarest, para saber qué conocimientos tenían los jóvenes en cuestiones de salud de la reproducción y cuáles eran sus necesidades en materia de salud. La falta de conocimientos básicos acerca de la salud de la reproducción fue una de las causas principales de los embarazos no planificados y los abortos entre los jóvenes rumanos. Los investigadores observaron que más de uno de cada cinco jóvenes eran sexualmente activos antes del matrimonio.

Los resultados de la encuesta sirvieron de base para elaborar un manual didáctico, diseñado para uso de los instructores del programa de educación sexual de la Youth for Youth. El programa de estudios incluye información acerca de los aspectos biológicos de la reproducción, ETS, embarazo y anticoncepción, y actividades diseñadas para ayudar a los jóvenes a mejorar sus aptitudes de comunicación y toma de decisiones y a aclarar sus valores personales. Las clases de educación sexual son impartidas por tutores compañeros de escuela a los estudiantes de 15 a 16 años de edad. El programa de estudios se revisa y se actualiza continuamente para que refleje las inquietudes de los estudiantes y las evaluaciones de sus conocimientos, actitudes y comportamientos.

Como fue el caso en Rumania, la participación de los miembros de la comunidad, especialmente de los padres y los maestros, es esencial para la puesta en práctica de un programa de educación sexual. La aceptación o rechazo de los programas por parte de los padres puede determinar la participación de los hijos.

"Hacer participar a los padres y a los líderes de la comunidad y pedirles que aporten ideas al programa de estudios relativas a normas y necesidades comunitarias puede contrarrestar la oposición a los programas de educación sexual, calmar los temores irracionales de los padres e incluso hacer que los adultos participen en la educación de sus hijos", dice la doctora Waszak.

-- Barbara Barnett

Referencias

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  18. SIECUS National Guidelines Task Force. Guidelines for Comprehensive Sexuality Education. 2nd Edition. New York: SIECUS, 1996.