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Salud reproductiva

Resúmenes de investigación de FHI relativos al condón femenino -- No. 7:

Lecciones aprendidas de un ensayo de intervención comunitaria relativo al condón femenino en la zona rural de Kenia

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¿Qué efectos tendrá una distribución general del condón femenino en las tasas de infección de transmisión sexual (ITS) en una zona rural? Para abordar esta cuestión, FHI dirigió un ensayo de intervención comunitaria y una evaluación de prestación de servicios de seguimiento en la zona rural de Kenia, en colaboración con la Universidad de Nairobi, Departamento de Microbiología Médica, y la Asociación de Planificación Familiar de Kenia. Los investigadores concluyeron lo siguiente:

  • La disponibilidad del condón femenino no redujo las tasas de ITS, en relación con las disminuciones logradas con la distribución del condón masculino solo.
  • A las usuarias del condón femenino generalmente les gustó el dispositivo, reconocieron sus propiedades de protección doble y se dieron cuenta de sus ventajas comparado con el condón masculino.
  • Las ideas preconcebidas de los proveedores pueden limitar las oportunidades de las mujeres de usar el dispositivo.

El ensayo de intervención comunitaria se llevó a cabo en seis pares de plantaciones apareadas de té, café y flores, cada una de las cuales recibía servicios de por lo menos una clínica de atención primaria de salud. Cada par apareado consistía en una zona de intervención y una zona testigo. En las zonas de intervención, los proveedores y los trabajadores de extensión recibieron capacitación en suministro de condones masculinos y femeninos, reducción de riesgo y tratamiento de ITS, y recibieron condones masculinos y femeninos gratuitos. Las zonas testigo recibieron capacitación, suministros y capacitación sólo respecto al condón masculino. Una fuerte campaña educacional llegó hasta los residentes de todos los sitios con actividades en los sitios testigo relativas sólo al condón masculino.

El estudio hizo un seguimiento de aproximadamente 1.600 mujeres; se les hizo pruebas y se les dio tratamiento al inicio del estudio, a los seis meses y a los 12 meses respecto a tres infecciones: gonorrea, clamidiasis y tricomoniasis. En las plantaciones testigo y en las de intervención, aproximadamente 24 por ciento de las mujeres que fueron objeto de pruebas y que recibieron tratamiento tenían una o más de las tres ITS al principio del estudio. Al cabo de 12 meses, las tasas de ITS habían disminuido a aproximadamente 18 por ciento en el sitio de intervención y en el sitio testigo.1 Estos resultados indican que la adición del condón femenino al sistema de distribución del condón masculino no contribuyó a ninguna reducción adicional de la prevalencia de la enfermedad. Al mismo tiempo, la campaña de promoción intensiva en el sistema de distribución del condón masculino solamente tampoco fue suficiente para tener un efecto importante en las tasas de la enfermedad.

El uso notificado del condón femenino no fue lo suficientemente frecuente para influir considerablemente en el número total de actos sexuales protegidos en los sitios de intervención. Del mismo modo, el suministro de condones femeninos no hizo que se proporcionara un mayor número total de condones distribuidos en los sitios de intervención. Al final del estudio, 58 por ciento de las participantes de los sitios de intervención notificaron que no habían usado el condón femenino en absoluto en los 6 meses anteriores.2

Efecto de la prestación de servicios

Para determinar por qué tan pocas mujeres usaron el condón femenino, los investigadores visitaron 16 de los 23 sitios que participaron en el ensayo comunitario, y realizaron un balance de desempeño alto y bajo de los sitios de intervención y de los sitios testigo. En cada sitio, se llevaron a cabo encuestas con todos los trabajadores de extensión, clientes recientes de planificación familiar, informantes comunitarios clave y clínicos disponibles. Así mismo, los investigadores observaron todos los encuentros de prestación de servicios de planificación familiar ocurridos en la clínica el día de la visita.3

Existía una brecha entre las actividades de promoción del condón notificadas por los clínicos y su comportamiento observado. En 42 visitas de planificación familiar observadas, en todos los casos, la mujer eligió un método hormonal, pero sólo una vez el proveedor sugirió el uso del condón como método suplementario para protección contra las ITS. Además, 91 por ciento de los proveedores entrevistados dijeron que ejercían una fuerte influencia en si las clientas decidían usar condones o no. Muchos clínicos consideraban el condón femenino como un método factible sólo para las mujeres solteras y las trabajadoras del sexo, y no para las mujeres que tenían una relación de unión estable. Esta opinión de los proveedores acerca de las usuarias apropiadas del condón femenino puede haber contribuido al poco interés por parte de las clientas. Sólo una de las 10 clínicas de los sitios de intervención distribuyó condones femeninos en los 12 meses del ensayo establecidos por el protocolo.

A pesar de los comportamientos de los proveedores, los trabajadores de extensión notificaron que las clientas consideraban que el condón femenino era un método aceptable, que tenía ventajas por ser menos frío, más grande y más fuerte que el condón masculino. Algunas mujeres se sentían más seguras con el condón femenino porque consideraban que tenía menos probabilidades de romperse que el condón masculino. Además, a las mujeres les gustaba el hecho de que podían colocarse el condón femenino ellas mismas, con lo cual evitaban el riesgo de que el hombre manipulara indebidamente el dispositivo, como se sospechaba que lo hacían con el condón masculino.

Al mismo tiempo, las normas sociales y las preferencias personales parecían limitar la verdadera aceptabilidad del condón femenino e impedir su introducción en las relaciones sexuales. Los miembros de las comunidades expresaron preocupación en cuanto a que el condón femenino pudiera dar a las mujeres demasiada libertad, al permitirles "andar por ahí" a espaldas del esposo. Algunos temían que la distribución intensificada de condones pudiera conducir a un aumento de la prostitución.

Dados los conocimientos limitados de la anatomía femenina, algunas usuarias expresaron temor de que el condón pudiera "meterse en el estómago", o "perderse en la matriz" o "pegarse en la vagina". Otros hacían correr el rumor de que el condón estaba rociado con VIH o que el lubricante podía causar infertilidad o producir infecciones. A algunos hombres les preocupaba que la mujer podía llevar el semen atrapado en el condón femenino a un curandero y hacerle una brujería al compañero.

Cuando se considera la introducción del condón femenino en zonas rurales, los planificadores de programas deben tomar en consideración la cultura local y abordar la influencia negativa que pueden tener las funciones tradicionales de género en el uso de este tipo de condón.

Referencias

  1. Feldblum PJ, Kuyoh MA, Bwayo JJ, et al. Female condom introduction and sexually transmitted infection prevalence: results of a community intervention trial in Kenya. AIDS 2001;15(8):1037-44.
  2. Welsh MJ, Feldblum PJ, Kuyoh MA, et al. Condom use during a community intervention trial in Kenya. Int J AIDS STDs 2001 (in press).
  3. Toroitich-Ruto C. Assessment of the Intervention: Was it Implemented as Intended? Presented at Conference on Female Condom and STDs: A Community Intervention Trial, May 9, 2000, Nairobi, Kenya.

FHI elaboró estos resúmenes de investigación como parte de una labor de difusión de información apoyada por la Oficina para África / Oficina de Desarrollo Sostenible, Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

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